Una química que no se compra entre “Dos hombres y un destino”
La historia del cine es muy larga, más de 130 años ya. A lo largo de ellos, se han visto muchísimas parejas masculinas icónicas que, gracias a su química, conexión y presencia, nos han maravillado. Son los perfectos representantes de las Buddy movies: roban el plano, te hacen reír, con ellos vas a cualquier parte, por peligroso que sea el camino.
Pero si ha habido una pareja que hizo de esa relación fraternal una marca registrada atemporal, esa fue la formada por Paul Newman y Robert Redford, a los que ver juntos en pantalla es casi un insulto para el resto de los mortales… bueno, no nos queremos pasar, pero a ver quién lo discute.

No era solo que fueran guapos (que lo eran, hasta decir basta), era esa chispa eléctrica que saltaba entre el azul de los ojos de Paul y la melena rubia de Bob. Sus nombres, cuando suenan, se espera oírlos juntos, como una pareja de baile que forman Fred Astaire y Ginger Rogers, o como la sal y la pimienta. Uno es la bombilla y el otro el interruptor; juntos, encienden la magia.
Su unión no multiplicaba la testosterona, olía a «perfume cool«. Y esa alquimia que tenían, la vamos a contar en forma de viaje, pasando por la amistad que les unió, las películas que hicieron, y algunas parejas que han intentado llegar a su estatus. Veremos si alguna lo ha conseguido.
El flechazo: Cómo nació su amistad

Su primer encuentro tuvo lugar en 1968, en Nueva York, cuando Paul Newman y George Roy Hill, estaban buscando un compañero para la película que iban a rodar, Dos hombres y un destino (Butch Cassidy, 1969), de la que hemos hecho un extenso análisis y en la que contamos los bailes de casting que hubo con Steve McQueen, el nombre inicial para ser Sundance.
Durante el rodaje, a pesar de los once años de diferencia, los dos conectaron al instante: tenían la misma sensibilidad social y rebeldía política, odiaban su estatus de sex symbol y enseguida estaban tomando cerveza y yendo junto de un lado a otro riéndose de las ocurrencias de uno y otro en el set. Katharine Ross, co-protagonista con los dos de la película, recuerda en entrevistas cómo los dos se pasaron el rodaje gastándose bromas mutuamente.
La película tuvo una acogida mixta en la crítica, y ha sido el paso del tiempo lo que la ha puesto en un estatus superior por la participación de ambos y su innegable ruptura en el género western mezclando a héroes con el humor, la música pop y el fin de una era de forajidos. Pero entre el público triunfó al instante, que supo disfrutar de cómo la pareja compartía esa relación de mentor arriesgado y pistolero testarudo.
Dos hombres y un destino recaudó más de 100 millones de dólares, pero sobre todo ganó para el cine una dupla impagable, y una amistad que ya duró hasta el fallecimiento de Newman en 2008.
El binomio de oro: Películas que rodaron y pudieron rodar

Prácticamente a estas alturas todo el mundo sabe que las dos películas en las que coincidieron fueron:
- Dos hombres y un destino (1969): El nacimiento de la pareja.
- El golpe (1973): Una obra maestra del género de timadores. Ambientada en la Gran Depresión, cuenta la historia de dos embaucadores que se unen para dar un golpe a un gánster de Chicago, Doyle Lonnegan, interpretado por Robert Shaw.


El golpe no solo ganó 7 Oscars incluyendo mejor película y una nominación para Robert Redford, sino que fue otro masivo éxito de taquilla que recaudó más de 150 millones de dólares.
Aquella magia entre los dos, bueno, y en la sombra con el director George Roy Hill con el que hicieron ambas, fue una fórmula que durante años estuvieron pensando en estirarla, pero a pesar de que leyeron innumerables guiones ninguno conseguía pasar la criba de calidad que buscaban. Así que desistieron.
Lo más cerca que estuvieron de volver a juntarse por tercera vez fue con Un paseo por el bosque (A Walk in the Woods, 2015), un proyecto para el que Robert Redford compró los derechos en 1998 específicamente para protagonizarla con su amigo.
Redford estuvo esperando para hacerla juntos, pero la salud de Paul empeoraba y ya no tenía las mismas fuerzas para meterse en un set, y tras su fallecimiento, guardó el proyecto en un cajón. Finalmente, años más tarde, decidió hacer la película con Nick Nolte.
Aunque Redford admitió que perder a Paul significó «perder la película que debimos haber hecho juntos», y valoró el trabajo de Nick Nolte, sintió que la verdadera «despedida cinematográfica» de su sociedad se había esfumado con la muerte de Newman.
Anécdotas entre los dos y respeto
Paul Newman y Robert Redford tenían una relación abierta, marcada por un sentido del humor que no siempre era maduro. Tienen muchas anécdotas divertidas, como la vez en la que Redford intentaba alquilar un apartamento en un exclusivo edificio de Nueva York. Se enfrentó a una junta de propietarios muy estricta y pidió a sus amigos que escribieran cartas de recomendación. Esto es lo que ponía la carta de Paul Newman:
“A quien corresponda: El señor Robert Redford me debe 120 dólares desde hace más de tres años. No asume su obligación ni bajo amenaza de perder la amistad, el honor o la lealtad. No puedo, en buena conciencia, recomendarlo para nada.”
Pero sin duda la más famosa es la del Porche, y sus sucesivas idas y venidas. Todo comenzó cuando Redford llevó a Newman a dar un paseo en un raro Porsche 904. A raíz de esto, Newman se inscribió en una escuela de conducción y se convirtió en un piloto de carreras experto y obsesionado como todo el mundo sabe. Pero Redford ya no soportaba últimamente solo hablara única y exclusivamente de carreras, así que decidió jugarle una broma pesada para su cumpleaños número 50.
Le regaló un Porsche de 1964 completamente destrozado y lo dejó en la puerta trasera de la casa de Newman en Connecticut. Cuentan que cuando lo recibió no podía parar de reírse. Pero la venganza la sirvió fría, semanas después, Redford encontró en el vestíbulo de su propia casa una caja gigantesca y pesada. Al abrirla descubrió un bloque gigante de metal cuadrado: era el Porche compactado y fundido de vuelta de nuevo. Lejos de rendirse, Redford contrató a un escultor para convertir ese bloque de chatarra en una espantosa «escultura de jardín» y ordenó que la dejaran furtivamente en el patio de Newman.
Artísticamente los dos se respetaban, y mucho. Redford sabe que le debía mucho a la insistencia de de Newman para conseguir el papel de Sundance, aunque al principio iban a tener los roles cambiados, pero el director y él vieron que él como veterano tenía más carisma y energía para interpretar al líder de la banda, Butch Cassidy. Paul insistió mucho en que quería a Robert a su lado, un actor comprometido como él.
La prensa a sus pies: Un imán para los titulares


Desde que se pusieron el sombrero de cowboy y luego la gorra de estilo «Newsboy» la prensa se quedó rendida a sus pies. Artículos como el de The Guardian han bautizado su relación como un “bromance” perfecto, mezcla de ese anglicismo que se ha vuelto tan común entre adolescentes “bro” y “romance” por su gran entendimiento a pesar de ser teóricamente galanes que deberían rivalizar en la pantalla.
En una reseña original de la época que Variety tiene publicada sobre El golpe, ya destacaba que formaban un gran equipo, pero a lo largo de los años su amistad ha sido objetivo de los focos incluso décadas después de su última película juntos. En 1986 el fotógrafo Alan Berliner les inmortalizó en una cena por ejemplo, cuya fotografía recorrió el planeta.
Cuando Newman falleció el 26 de septiembre de 2008, Redford emitió un comunicado público corto, sencillo pero que reflejaba perfectamente su dolor por la pérdida:
Hay un punto en el que los sentimientos van más allá de las palabras. He perdido a un amigo de verdad. Mi vida y este país son mejores porque él estuvo aquí
Otras parejas icónicas masculinas del cine
Por supuesto, ha habido a lo largo de los años otras parejas masculinas icónicas en el cine, si echamos mucho la mirada atrás es imposible no acordarse de Laurel y Hardy, el Gordo y Flaco, pero más en el terreno de la comedia, como otros contemporáneos de nuestros protagonistas.
- Walther Matthau y Jack Lemmon: Se juntaron por primera vez En bandeja de plata (Por dinero, casi todo, 1966), pero su amistad y colaboración llegó hasta 8 películas juntos, seguramente una de las relaciones más longevas en la pantalla.
Y si avanzamos en el tiempo, también encontramos otras simbiosis icónicas que han marcado épocas.

- Al Pacino y Robert De Niro: Frente a la enigmática luz de Newman/Redford, quizá son los que mejor representan el reverso tenebroso. Monstruos de la interpretación y de personajes más oscuros y maltratados. Ambos se iniciaron aunque sin compartir plano en El padrino II (1974), pero después tuvieron un reencuentro muy esperado en Heat (1995) de Michael Mann para rematar con El Irlandés (2019), el epílogo de gángsters de Martin Scorsese para Netflix.
- Brad Pitt y George Clooney: No podemos olvidarnos de la saga que movieron estos dos guaperas cool más en el estilo de nuestra dupla, Ocean ‘s Eleven, de la que se hicieron tres partes en 2001, 2004 y 2007.
- Matt Damon y Ben Affleck: O la amistad que ha unido a los más jóvenes de todos, ya no tan jóvenes, pero de gran talento para escribir y ponerse frente a las cámaras. Desde El indomable Will Hunting (1997), la surrealista pero muy divertida Dogma (1999) o la más reciente y una de nuestras favoritas El último duelo (2021).
- Mel Gibson y Danny Glover: Y unos herederos de Butch y Sundance pero más radicales, que durante los años 80 fueron la pareja más exitosa mil veces copiada.
Pero vamos ponernos pedantes, y aquí se nota el por qué hemos hecho este artículo, por muy grandes, ingeniosas, excitantes y creativas que sean todas estas fusiones de talentos, para nosotros, ninguna llegará a ese estatus que ha llegado tener oír juntos los nombres de Paul Newman y Robert Redford.
La mirada Filmnookset ¿Por qué pensamos que siguen ganando por goleada?

No solo era que su relación era claramente genuina, sino también dónde, cómo y de quiénes nació. De su mimética juntos salió una de las mejores películas de la década, bañada en oro de estatuillas. Ambos coincidieron en el apogeo de su carrera, siendo dos de las estrellas más grandes de Hollywood cuando hicieron El golpe en el 73.
Su aura recuerda a la época dorada, a cine del grande y clásico con carisma auténtico. Y a los nostálgicos que a veces pecamos de mirar atrás, nos recuerda que hoy todo parece lucir menos con una pantalla verde detrás.
Pero el mejor legado que dejan ambos es el contrario a la nostalgia: el cine es un arte de riesgo, en el que hay que buscar y desescombrar para encontrar buenas historias que contar y dejar para el futuro. Historias que quizá algún día, ¿por qué no?, junten a una pareja aún más legendaria, si es que eso es posible. ¿Tú qué piensas?


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