El director Bob Fosse ya había debutado en el cine con el singular musical, Noches en la ciudad (Dulce caridad, 1969), demostrando que su estilo distaba mucho del estándar clásico que había tenido el género hasta entonces.
Por eso Cabaret se veía reflejada en sus coreografías y estética del burlesque, pero adentrándose además en un discurso comprometido que encajó como un guante el año de su estreno. Fosse criticaba a la burguesía alemana a la que representaba mirando hacia otro lado mientras el nazismo se propagaba como un virus por el país, y no contento con ello, mostró la libertad sexual de sus personajes en una Berlín decadente presa del libertinaje.
Dentro de ese panóptico que había construido, brillaba con luz propia una Liza Minnelli que era todo naturalidad y expresividad, ganadora de uno de los ocho Oscars que se llevó la película. Entra con nosotros al Kit Kat Klub, vamos a comprobar si seguimos ciegos cantando que la vida es un cabaret, nos pondremos atrás para verlo todo.
Ficha técnica de Cabaret

| Datos | Información |
|---|---|
| Título original | Cabaret |
| Título en España | Cabaret |
| Director | Bob Fosse |
| Guion | Jay Presson Allen |
| Actores principales | Liza Minnelli, Michael York, Joel Grey, Helmut Griem, Marisa Berenson, Fritz Wepper |
| Música | John Kander (música) y Fred Ebb (letras) |
| Fotografía | Geoffrey Unsworth |
| Montaje | David Bretherton |
| Estudio / Distribuidora | ABC Pictures / Allied Artists |
| Año de estreno | 1972 |
| Duración | 124 minutos |
| Presupuesto | 2,2 millones USD |
| Recaudación mundial | +42 millones USD |
Sinopsis sin spoilers
El Kit Kat Klub es un refugio donde parte de la sociedad acomodada se divierte en el Berlín de 1931. Una de las estrellas es Sally Bowles, una cabaretera estadounidense de carácter indomable que se deja llevar por la cosmopolita vida de la ciudad.
Su mundo cambia cuando se muda a su edificio Brian Roberts, un británico timorato que viene a estudiar y pagar su estancia dando clases de inglés. Ambos inician una peculiar relación en la que se entremezclan sus amistades, el reloj biológico y el cambio político que vive un país donde el nazismo va calando su discurso.
Crítica y análisis de Cabaret

Hay muchos aciertos que convierten a Cabaret en una gran película y en un fenómeno en su estreno. No solo devolvió el éxito comercial al género musical, sino que lo elevó a categoría de prestigio crítico y trasladó de forma magistral el espíritu social y político de la Alemania de entreguerras.
Bob Fosse abordó ese retrato de época con una pericia inusual para alguien que dirigía su segunda película, quizá porque la trama y el contexto eran el terreno idóneo para él, un hombre forjado en los escenarios del vodevil. Y es que su esfuerzo por explorar la escena y las bambalinas no terminó en el Kit Kat Klub, sino que continuó en cintas como Lenny (1974) y All That Jazz (Empieza el espectáculo, 1979).
Pero volvamos a Berlín y entremos a dividir el análisis en cuatro frentes que son el corazón de la película y sus cuatro cavidades a la vez:
El club y el musical
El Kit Kat Klub es el lugar donde se reúne la burguesía alemana; en él se evaden del mundo y, desde arriba, todos los miembros de la compañía de variedades les divierten mientras satirizan sus costumbres y estilo de vida.
Tal y como vemos en los espejos nada más empezar la película, Fosse usa el cabaret para distorsionar a la sociedad y mostrarla como un populacho aleccionado. Mientras, Joel Grey, el director del espectáculo, nos da la bienvenida al lugar:
¡Deja tus problemas afuera! ¡Aquí no tenemos problemas! Aquí la vida es hermosa.

Todo lo que convierte a Cabaret en un musical se centra en el Kit Kat Klub: los números, bailes y canciones se encierran dentro de su escenario. Pero no funcionan como piezas separadas de la historia, sino que se fusionan con la narrativa de lo que ocurre dentro y fuera del local.
El inicial Willkommen sirve también de bienvenida a Berlín para el personaje de Brian al aparecer en la estación. Lo mismo ocurre con el baile tirolés (Schuhplattler), en el que Joel Grey y el resto de bailarines se golpean los muslos y se abofetean al ritmo de la música, mientras afuera los nazis le propinan una paliza al portero del cabaret al compás de esos mismos golpes.
Money, Money, uno de los temas más famosos por ser de los más rítmicos y melódicos, tiene también gran importancia en la crítica: espeta cómo en una época de precariedad económica cualquiera tiene un precio, incluso Sally y Brian, que se dejan seducir por el aristócrata Maximilian.
Las relaciones abiertas y los personajes
La película es mucho más evidente que la obra de Broadway anterior con el triángulo entre estos personajes. Primero, Sally se ve atraída por el dinero y el mundo del aristócrata mientras Brian (Michael York) recela, pero Maximilian (Helmut Griem) consigue embaucar a los dos. Insinuar una relación bisexual en el cine comercial de forma abierta y sin juzgarla fue toda una revolución en 1972.




La naturalidad con la que lo vive la propia Sally es, de hecho, el reflejo de su personalidad: espontánea, alocada y toda una diva del escenario, aunque por dentro carga con sus propios conflictos con su padre y con la vida que quiere elegir.
Nos detenemos un momento en Liza Minnelli. La cantante da vida a Sally bajo los focos y lejos de ellos con un realismo y una vivacidad enigmáticos. Su poderosa voz y desparpajo, unidos a su dramatismo, le valieron aquí su único y merecido Óscar a Mejor Actriz.
Fuera de este trío, la otra relación relevante es la obsesión de Fritz Wendel, amigo de los protagonistas, por la hija de unos ricos judíos, Natalia Landauer. Entre los dos representan el terror ante la persecución antisemita que iniciaron los nazis: él esconde su origen, temeroso del momento, pero acaba aceptando lo que es para poder casarse con la mujer de la que se ha enamorado.
La crítica social e histórica sobre el partido nazi
Mientras asistimos a los divertidos, coloridos y a veces descompasados números del cabaret, fuera de él observamos cómo el nazismo va surgiendo y calando en la sociedad. A pesar de su conducta violenta y sus peligrosas ideas, las clases altas y la policía miran a otro lado.
Piensan que son una turba pasajera que ahora les viene bien para luchar contra los comunistas, pero subestiman su poder embaucador y permiten que su mensaje ultrapatriótico se propague. En la escena de la canción Tomorrow Belongs to Me, donde un joven militante empieza a cantar solo y acaba acompañado por casi todos los presentes, el propio Brian le dice a Maximilian: «¿Y quién dices que les parará?».


Sabe que no es un movimiento minoritario y que llenan las calles de propaganda, muertes y control.
Por eso el Kit Kat Klub retrata a todos sus visitantes como conformistas adormecidos en el entretenimiento mientras afuera el mundo se va a desmoronar. Bob Fosse muestra al público riendo, retorcido y caricaturizado; de ahí que comience la película con ese plano del espejo deformante en el escenario y la cierre exactamente de la misma manera.
La dirección de Bob Fosse
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Algunas de las decisiones más interesantes del director ya las hemos contado: la narración paralela a través de las canciones, los planos subjetivos del público y la función dramática del propio cabaret, todo ello envuelto en la atmósfera densa, dorada y cargada de humo de la fotografía de Geoffrey Unsworth.
Pero es que, además, le imprimió a todo un ritmo endiablado, con cortes de montaje rápidos en escenas como la del linchamiento del portero y en las distintas coreografías musicales.
Se atrevió incluso a dejar «huevos de Pascua» como el plano que imita el óleo de Otto Dix, Retrato de la periodista Sylvia von Harden, quien vivió en Berlín durante la época de la República de Weimar que refleja la película. Otto Dix fue un pintor clave de la Nueva Objetividad, un movimiento alemán de principios del siglo XX que tenía esa misma mirada cínica sobre la sociedad.


Cabaret, guste o no su estilo, tuvo grandes aciertos formales, y a los académicos les encantó que se recuperara un género como el musical; por eso estuvo nominada a diez premios Óscar, uno de ellos con estatuilla finalmente para Fosse. Con ese galardón firmó un hito irrepetible en 1973, convirtiéndose en el único creador de la historia en ganar el Óscar, el Tony (por Pippin) y el Emmy (por Liza with a Z) en un mismo año.
Para entender la excelencia de Cabaret en su año hay un dato curioso: de esas diez candidaturas, solo dos premios se le escaparon, el de Mejor Película y el de Mejor Guion Adaptado, ambos ganados por la obra maestra de Francis Ford Coppola, El Padrino. Un reparto de premios que le dejó a Cabaret un récord aún imbatido: sigue siendo la película con más premios Óscar de la historia (ocho) sin haberse llevado el de Mejor Película.
La mirada de Filmnookset
Si trasladamos a nuestros días la denuncia que hacía la película sobre la inmovilidad social ante un problema como el nazismo, descubriremos que los paralelismos son innegables, aunque el escenario haya cambiado.

El nuevo Kit Kat Klub es digital y consumista. En la película, el Maestro de Ceremonias (Joel Grey) invita al público a dejar sus problemas en la puerta porque «aquí la vida es hermosa». Hoy en día, nuestro cabaret está en la pantalla y en el ansia de consumir, socializar y disfrutar.
La rueda del capitalismo gira tan rápido —producir, dormir, producir— que los pocos espacios de tiempo libre que tenemos los dedicamos a olvidar la fatiga dejándonos llevar por la propuesta algorítmica del scroll infinito. Ignoramos los problemas saturándolos de distracciones: exactamente la misma evasión que criticaba Bob Fosse.
Mientras tanto, se van colando discursos peligrosos de odio que polarizan y buscan enemigos internos. Las calles empiezan a llenarse de violencia, con quedadas de adolescentes para hacer vandalismo organizado en grandes ciudades.
A la vez, vemos empresas que congelan sueldos, aplican ERE o despiden gente para exigir después a una sola persona el trabajo de tres. Grandes corporaciones que no están dirigidas por personas, sino por balances financieros que tienen que incrementar ingresos a toda costa, exprimiendo sobre todo a los empleados mientras parecen tararear la canción Money, Money.
Cuidado, porque, igual que ocurría con Maximilian en Cabaret, caer hoy en esa complacencia puede ser otra forma de ceguera.
El cine como expresión artística, además de ser un espectáculo, ha servido siempre como altavoz sociopolítico y, en este caso, más de cincuenta años después, resulta más actual de lo que parece.
Datos de producción
Antes de llegar a manos de Bob Fosse, la historia recorrió una larga cadena de adaptaciones. Su semilla está en las vivencias reales del escritor Christopher Isherwood en el Berlín de 1931, recogidas en la novela corta Sally Bowles (1937) y en el libro de relatos Adiós a Berlín (Goodbye to Berlin, 1939).
Aquellas crónicas inspiraron la obra teatral I Am a Camera (1951) —bautizada así por una frase del libro: «Soy una cámara con el obturador abierto, bastante pasiva, registrando, no pensando»—, que tuvo una olvidada adaptación homónima en el cine británico en 1955, antes de dar el salto al exitoso musical de Broadway de 1966, con canciones de John Kander y Fred Ebb.
Para la película de 1972, la guionista Jay Presson Allen planteó, sin embargo, una adaptación libre en su estructura, pero más fiel al espíritu del autor original que el teatro. Mientras allí se había heterosexualizado al protagonista por los tabúes de la época, el filme recuperó sin tapujos la raíz autobiográfica en el personaje de Brian Roberts (Michael York), además de incorporar temas nuevos compuestos expresamente para el cine como Mein Herr y Money, Money.
Reparto de Cabaret
La incorporación de Liza Minnelli también transformó a Sally Bowles. En el libro y en la obra de Broadway era una joven inglesa de diecinueve años y una cantante mediocre que malvivía en tugurios berlineses; para encajar con la actriz, la película la convirtió en estadounidense y, gracias a su estupenda voz y personalidad, pasó a ser la estrella del escenario.

El personaje del Maestro de Ceremonias ya lo había interpretado Joel Grey en Broadway; de hecho, no existía en las novelas: fue una creación expresa para el teatro, y la idea había funcionado tan bien que se mantuvo para la película.
Su trabajo en las tablas había gustado tanto que el actor estaba vinculado al proyecto antes incluso que el propio Bob Fosse. Sin embargo, cuando el cineasta aterrizó en la producción no lo quería; su idea era desmarcarse lo máximo posible de la versión teatral para evitar cualquier similitud —incluso barajó interpretar alguna intervención él mismo—, pero los productores le obligaron a mantener a Grey bajo amenaza de perder su puesto como director. A la postre, el actor no defraudó.

Adaptó perfectamente su interpretación al espíritu siniestro, andrógino, lascivo y fantasmal que exigía el filme. Muchos opinan que el Óscar que se le negó a Al Pacino por El Padrino fue un atraco de la Academia, seguramente porque no han medido contra quién lo perdió.
Partiendo de la base de que Pacino debería haber competido en la categoría de Actor Principal, lo cierto es que, si uno ve la interpretación de Joel Grey en Cabaret, solo cabe reconocer la maestría con la que dio vida a su personaje. Y aun siendo fan de aquel Michael Corleone, para mi es totalmente justo el premio que se llevó el padre de Jennifer Grey, protagonista de Dirty Dancing.
Por qué la recordamos
Porque precisamente es una de las películas más olvidadas de su época cuando se echa la mirada al cine de los años setenta. Ninguno de sus actores volvió a conseguir una cima artística similar en el cine, ni la bizarra La fuga de Logan (Fuga en el siglo 23) de Michael York, y el brillo de su director se apagó con su fallecimiento en un lejano 1987.
Para las nuevas generaciones apenas quedan referentes directos y su influencia ha quedado algo enterrada, aunque su mensaje y advertencia merecen recuperarse hoy más que nunca.
Cabaret es una propuesta en la que puede costar entrar a día de hoy, pero sigue siendo sin lugar a dudas una de las grandes obras maestras del siglo pasado: por su riesgo, temática, mensaje y uso del lenguaje cinematográfico, arropada por unas canciones que cuanto más las escuchas, más se adhieren a ti.
Y recuerda: aunque te digan que «la vida es un cabaret» y te inviten a olvidar los problemas, nunca hay que dejar de mirar de frente a la realidad para afrontarlos.
Banda sonora de Cabaret
Premios y nominaciones
Oscars 1973
| Categoría | Resultado |
|---|---|
| Mejor Director (Bob Fosse) | Ganador |
| Mejor Actriz (Liza Minnelli) | Ganador |
| Mejor Actor de Reparto (Joel Grey) | Ganador |
| Mejor Fotografía (Geoffrey Unsworth) | Ganador |
| Mejor Montaje (David Bretherton ) | Ganador |
| Mejor Sonido (Robert Knudson y David Hildyard) | Ganador |
| Mejor Dirección Artística (Rolf Zehetbauer, Hans Jürgen Kiebach y Herbert Strabel ) | Ganador |
| Mejor Banda Sonora (Ralph Burns) | Ganador |
| Mejor Película | Nominación |
| Mejor Guion Adaptado (Jay Presson Allen) | Nominación |



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