Malas calles (Calles peligrosas) es el génesis del universo criminal que a lo largo de los años iba a perfeccionar Martin Scorsese, su primera película personalísima para la que ya contó con dos actores fetiche posteriores, Harvey Keitel y Robert De Niro.
Su estreno se dio en pleno auge del Nuevo Hollywood con unos códigos morales renovados, y un año después de que su amigo Coppola sorprendiera con la gran película sobre la monarquía de la mafia, El Padrino.
Pero Scorsese quería jugar en otra liga, la de los parias de la calle, los subordinados que obedecen, y ese es el enjambre de personajes en el que nos metemos aquí. Clubs y locales de segunda clase, peones que tratan de trepar y delincuentes juveniles que no saben medir con quién se enfrentan.
Para muchos un clásico intocable por su valor como génesis de un mundo fascinante, para otros una demostración de puesta en escena sin medios, para nosotros, lo que realmente creemos que fue, un buen banco de pruebas para un director novel que demuestra nervio pero todavía imperfecto. ¿Quieres saber por qué? Vayamos a Little Italy en Manhattan, pero ojo a quién nos juntamos…allí nadie es de fiar.
Ficha técnica de Malas calles

| Datos | Información |
|---|---|
| Título en Español | Malas calles / Calles peligrosas |
| Título original | Mean Streets |
| Género | Drama / Crimen |
| Director | Martin Scorsese |
| Actores principales | Harvey Keitel, Robert De Niro, David Proval, Amy Robinson, Richard Romanus, Cesare Danova, George Memmoli, David Carradine, Robert Carradine |
| Guion | Martin Scorsese y Mardik Martin |
| Año de estreno | 1973 |
| Estudios/Productora | Warner Bros. (Distribución) / Taplin-Perry-Scorsese Productions |
| Duración | 110 minutos |
| Presupuesto | 500.000 dólares (aprox.) |
| Recaudación | 3.000.000 dólares (aprox.) |
Sinopsis sin spoilers
En las calles de Little Italy en Nueva York, Charlie (Harvey Keitel) es un joven italoamericano de clase trabajadora que intenta ascender en las filas de la mafia local con la ayuda de su tío, el capo del barrio. Sin embargo, su ambición criminal choca constantemente con su profunda culpa católica y su miedo a no obtener el perdón.

Pero su plan de ascenso y su reputación chocan con dos de sus debilidades: mantener una relación en secreto con Teresa, una joven repudiada por ser epiléptica, y, sobre todo, proteger obstinadamente a un amigo del barrio, Johnny Boy (Robert De Niro). Primo de Teresa y un bala perdida, un kamikaze anárquico e impredecible que debe dinero a varios prestamistas peligrosos y que se niega a mostrar el más mínimo respeto por las jerarquías.
Su amistad puede ser la salvación espiritual de Charlie o su perdición en la calle.
Crítica de Malas Calles (Calles peligrosas)
En 1973 descubrir esta primera obra autoral de Scorsese, no era su debut como director pero sí su ópera prima autoral, fue un soplo de aire fresco y una apuesta vanguardista que gustó mucho entre la crítica que aplaudía la libertad y el riesgo del nuevo cine que se hacía en los setenta.
El director hizo un trabajo casi autobiográfico del mundo que él conoció en su infancia y su juventud, puesto que creció precisamente en Little Italy, aunque su conexión con los personajes está más ligado a su ferviente fe católica, como la de Charlie, que a sus contactos con las mafias del barrio.
Sin embargo, hacer un ejercicio de arqueología para adentrarte en Malas Calles conociendo el cine posterior del director, puede hacerte caer en un misticismo por el germen de un universo, que por otro lado nadie ha interpretado tan bien como él mismo en Uno de los nuestros (Buenos muchachos, 1990) o Casino (1995).
Tratando de despojarnos de todo ello, Malas calles funciona como un ejercicio arriesgado que nos cuenta un submundo criminal con una gran realismo, al que suman unas interpretaciones realmente convincentes pero en cuyos personajes quizá haya algo de exceso.
El retrato de Little Italy destaca por esa misma autenticidad. Más allá de los clubs clandestinos, las esquinas oscuras y los restaurantes de confianza, Scorsese plasma la raíz popular italiana integrando sus fiestas patronales y una banda sonora festiva teñida de fervor católico. Esa inmersión cultural nos ayuda a entender los lazos que rodean a los protagonistas y nos invita a empatizar con ellos, evocando al mismo recurso que ya usó Coppola en “la boda de Connie” de El padrino.
Pero la acción más importante se concentra en el club nocturno de Tony que, bañado perpetuamente en una densa y opresiva luz roja, funciona como el infierno y purgatorio del personaje de Keitel. Destaca cómo entra en él por primera vez: como si fuera el rey del lugar, bailando frente a la cámara en un travelling que años más tarde su director emularía en la célebre entrada al club Copacabana de Uno de los nuestros (Goodfellas), siguiendo a Henry Hill (Ray Liotta) y Karen (Lorraine Bracco), y que Paul Thomas Anderson homenajearía a su vez en Boogie Nights (1997)

Allí, despacha con sus amigos, se reúne, bebe y trata de calmar las aguas ante el conflicto desatado por de su amigo Johnny Boy, quien vive acosado por varios prestamistas del barrio y, muy especialmente, por el peligroso Michael, con quien arrastra una deuda de tres mil dólares.
Scorsese, que quería demostrar todas sus buenas ideas y conocimientos adquiridos en la escuela de cine de Nueva York además de incorporar todo su background cinéfilo, se deja llevar por un alarde formal en la puesta en escena y el uso de la cámara. Quizá por eso siempre estamos en constante movimiento, travellings frontales mezclados con movimientos verticales, cámara en mano, barrido horizontal…
Sin dudar de que todos estos recursos tienen una intención narrativa, el intercalado continuo de expresiones del plano genera ruido en la trama, y al menos en nuestra opinión, es algo que denota cierta ansiedad por vaciar su cargador visual en cada escena. Tan solo un año después, un director clásico como Billy Wilder volvió a demostrar que a veces menos es más con una magistral Primera Plana (1974), en la que su cámara invisible, precisión y ritmo de diálogo bastan para hacer una película redonda.
Algo que sin duda tres años después consiguió equilibrar Martin Scorsese en una obra mucho más madura e irreprochable como es Taxi Driver (1976), o en la perfección formal que demostró en Toro Salvaje (1980).
Los aciertos de Malas Calles están en una historia sincera en la que destacan su ambientación, la intención y frescura de los diálogos y cómo se relacionan estos gángsters de tercera, y en las interpretaciones: aunque Johnny Boy está dibujado como un descabezado temperamental, no podemos negar la audacia con la que le da vida un desconocido Robert De Niro.

Si hay más faltas, quizá las vemos en un casting de secundarios que denota la falta de presupuesto de la película:
- Un dueño de billar (interpretado por George Memmoli) que parece Jonah Hill en Supersalidos (2007), es decir, más un adolescente que un matón.
- Una acción en la propia escena de la sala de billar que vibra pero su ejecución se acerca a un cortometraje con pocos recursos.
(SPOILERS)
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Y un fatalismo que anticipa el final de la película desde casi el principio. No hay perdón en la calle, ni para los conocidos ni para los amigos. Aunque en muchas películas de la época eran una tónica habitual los finales amargos, en «Malas Calles» sabes que esta amistad entre Charlie y Johnny Boy no va a acabar bien casi desde el principio.
En resumen, Malas Calles es una película que funciona por sí sola como un retrato realista y palpitante de la Nueva York de principios de los setenta además de introducirnos en el ecosistema italiano de la ciudad, y lo hace además como germen de un Universo rico que después Scorsese elevará a Obra Maestra. Pero no por ello cuando la vemos, debemos esconder que en su totalidad tiene algo de imperfección. Y eso no es malo.
Opinión de la crítica de la época y su revisionismo actual
Resulta curioso analizar cómo fue recibida «Malas calles» en el momento de su estreno. Podría pensarse que la crudeza de algunas imágenes y también la rudeza narrativa de Scorsese provocó el rechazo de los críticos conservadores, pero ocurrió exactamente lo contrario.
En el contexto del Nuevo Hollywood de los años 70, aplaudir esta rebeldía urbana era la postura de prestigio. Los críticos estadounidenses más relevantes se rindieron ante ella: figuras como Pauline Kael en The New Yorker, Roger Ebert, o Vincent Canby en The New York Times (quien afirmó que la película tenía un «efecto tónico» hermosamente realizado) la abrazaron de inmediato.
Fue el público general y más conservador quien le dio la espalda en taquilla, mientras que la crítica la enarboló como el nuevo estandarte del cine de autor.

Pero donde sí ha habido un efecto bola de nieve es en el revisionismo moderno. Con el paso de las décadas, la crítica actual ha elevado la película a la categoría de clásico intocable. Reseñas modernas tienden a evaluar el mito del director en lugar de la cinta aislada.
Al mirarla a través del prisma de las obras maestras que Scorsese dirigiría después —como Toro salvaje, Uno de los nuestros o El lobo de Wall Street—, la crítica moderna suele perdonarle todos sus excesos de juventud, sus dudas narrativas y su falta de control. Y quizá es juzgada como la Piedra Rosetta sagrada del cine de mafiosos, ignorando que, si la separamos de la leyenda, es en realidad un ensayo imperfecto y descompensado que aún estaba lejos de alcanzar la robustez de sus cintas posteriores.
Datos de producción
Génesis del proyecto

El origen de Malas calles surge de una crisis creativa y un valioso consejo. Tras haber dirigido la película de serie B El tren de Bertha (1972) bajo el amparo del productor Roger Corman, Scorsese recibió una dura reprimenda de su mentor, el cineasta independiente John Cassavetes. Este le animó a dejar de perder el tiempo con encargos de explotación y a rodar algo que de verdad significara algo para él.
Siguiendo este consejo, recurrió a sus propias vivencias. Junto a su amigo Mardik Martin, escribió el guion basándose en las personas que había conocido creciendo en Little Italy. El proyecto se convirtió en un ejercicio autobiográfico donde el director volcó sus propios conflictos de juventud: su tentación de entrar al sacerdocio, su fascinación por los gánsteres del barrio y la culpa religiosa.
Financieramente, fue un desafío extremo; la película se levantó de forma independiente con un presupuesto minúsculo que rondaba los 500.000 dólares.
Cómo se eligió el reparto
El proceso de casting fue clave para forjar una de las alianzas más importantes de la historia del cine, aunque las piezas casi encajan de otra manera. Originalmente, para asegurar financiación, se le ofreció el papel protagonista de Charlie a Jon Voight, pero el actor lo acabó rechazando.

Por otro lado, Robert De Niro —que acababa de conocer a Scorsese a través de Brian De Palma— quedó fascinado con el guion y pidió interpretar a Charlie. Pero el director se negó porque había escrito ese personaje pensando específicamente en Harvey Keitel, con quien ya había trabajado en su debut ¿Quién llama a mi puerta? (1967).
Finalmente Keitel se quedó como el protagonista y De Niro asumió el rol del caótico Johnny Boy. Esta decisión permitió finalmente al actor desplegar una energía anárquica que llamó la atención de Francis Ford Coppola para la secuela de El Padrino. Esta química que encontró con Scorsese supuso una alianza de por vida entre los dos.
El bajo presupuesto impidió trasladar el rodaje al barrio de Little Italy, y el equipo solo dispuso de unos seis días de rodaje reales en las calles de Nueva York. Esos escasos días en la costa este se aprovecharon al máximo de forma casi guerrillera para capturar exteriores auténticos, planos robados y el ambiente genuino de la fiesta de San Genaro, que le da a la cinta una de sus texturas más realistas.
Por qué la recordamos
Malas calles no es quizá una obra redonda y sí un explosivo laboratorio de pruebas donde nació el cine de Martin Scorsese. Es su cinta fundacional, el primer peldaño en el que ensayó su estilo narrativo y su propia visión del cine.
Integró los éxitos pop y rock de The Ronettes o The Rolling Stones, usándolos como banda sonora psicológica algo que después ha sido un sello y comenzó su desmitificación del crimen organizado.
Amantes como somos del director, no podíamos no mirar a su origen para entender el germen de su estilo. Una cinta que sus fans deberían conocer, y a la que hoy no se mira tan a menudo y que a pesar de sus debes merece visitarse.
Sus antihéroes, aunque nos producen rechazo, son tremendamente atrayentes, y despertar esa admiración solo se consigue si alguien puede dar promesas de gran entretenimiento.
Premios y nominaciones
| Organización y año | Categoría | Resultado |
|---|---|---|
| National Society of Film Critics Awards – (1973) | Mejor película | Segundo lugar |
| National Society of Film Critics Awards – (1973) | Mejor Actor de Reparto (Robert De Niro) | Ganador |
| New York Film Critics Circle Awards (1973) | Mejor Actor de Reparto (Robert De Niro) | Ganador |
| Sindicato de Guionistas (WGA) – (1973) | Mejor Guion Original de Drama (Martin Scorsese, Mardik Martin) | Nominado |
| Sant Jordi (1978) | Mejor interpretación extranjera (Robert De Niro) | Ganador |





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