El Exorcista fue mucho más que una película de terror; fue un hito cultural y uno de los grandes tótems del cine de los años setenta. Dirigida por William Friedkin, cuando se estrenó en salas en diciembre de 1973 provocó un nivel histórico de histeria, desmayos y revuelo mediático que nunca se había visto —ni se ha vuelto a ver— en el cine de masas.
Este es el nivel de misticismo de una película que representa el punto más álgido al que ha conseguido llegar el género, aterrorizando de verdad a los que la veían y a los que han huido de ella toda una vida por no atreverse a entrar en esa habitación de Regan.
Lo que sorprende es que Friedkin y el escritor y guionista William Peter Blatty no quisieron explotar al monstruo, sino que decidieron dedicar media película para adentrarnos en un drama realista y absolutamente costumbrista de una madre (espectacular Ellen Burstyn) que lucha contra una enfermedad de una hija (una Linda Blair que nunca volvería a ser anónima). El contrapunto es la crisis de fe del padre Karras, cuanto más oscura cae la noche sobre su alma, más tenebrosa se vuelve esa casa burguesa de Georgetown .
Quizá ya no sea la película más aterradora, han pasado más de 50 años de su estreno, pero sigue siendo la película de terror más profundamente abrumadora. Vamos a adentrarnos hoy en ella, la niebla está a nuestro alrededor y suena Tubular Bells de Mike Oldfield, agarra el crucifijo, lo vamos a necesitar.
Ficha técnica de El Exorcista

| Datos | Información |
|---|---|
| Título en español | El Exorcista |
| Título original | The Exorcist |
| Género | Terror / Drama sobrenatural |
| Director | William Friedkin |
| Actores principales | Ellen Burstyn, Max von Sydow, Jason Miller, Linda Blair, Lee J. Cobb, Kitty Winn, Jack MacGowran |
| Guion | William Peter Blatty (basado en su propia novela) |
| Año de estreno | 1973 |
| Estudios/Productora | Warner Bros. / Hoya Productions |
| Duración | 122 minutos (Montaje original) / 132 minutos (Montaje del director, 2000) |
| Presupuesto | 12.000.000 dólares (aprox.) |
| Recaudación | 441.000.000 dólares (aprox. global sumando reestrenos) |
Sinopsis sin spoilers
La actriz Chris MacNeil (Ellen Burstyn) se ha mudado con su hija de 12 años, Regan (Linda Blair) para rodar una película en Georgetown, Washington D.C. Pronto comienza a notar cambios en el comportamiento de Regan que la hacen sospechar de algún tipo de trastorno. Mientras todas las pruebas médicas descartan cualquier explicación científica, una desesperada Chris acaba recurriendo a la Iglesia.
Allí cruzará su camino con el padre Damien Karras (Jason Miller), un jesuita y psiquiatra que atraviesa una profunda crisis de fe y un veterano padre Lankester Merrin (Max von Sydow).
Crítica de El Exorcista
El cine de terror fue siempre considerado en Hollywood como un género de segunda o tercera categoría, ninguna película parecía capaz de tratar de forma seria y realista algo que tiene un origen fantástico. Si bien cinco años antes Roman Polanski demostró que el terror psicológico podía convertirse en una obra mayor con La semilla del diablo (El bebé de Rosemary), el salto ahora iba a ser triple mortal.
William Friedkin fue elegido por el novelista William Peter Blatty porque había visto The French Connection (1971). Quería ese realismo sucio de las calles para su historia y su intuición no falló, porque precisamente el realizador de Chicago dedica 45 minutos a construir un drama doméstico naturalista, bañado en una luz cálida y otoñal que subraya que todo lo que está ocurriendo no tiene nada de sobrenatural.

Pero lo que construye a partir de ahí no tiene nada que ver con la cinta de Polanski, el horror se hace patente: entra por los cambios de humor de Regan y acaba manifestándose en blasfemias y una transformación física que en una sala comercial nadie había visto antes.
No me extraña que Warner Bros. no confiara nada en su película y decidiera estrenarla solo en unas pocas salas, porque el éxito posterior de El exorcista era algo que nadie se esperaba, quizá porque nadie había mostrado al mundo algo así. Lo prohibido y transgresor siempre ha sido algo que ha despertado el interés del público y hacerle preguntarse…¿puede ser esto real?.
Al comienzo de la película la calidez de la casa alquilada, se opone al mundo de opresión, tonos fríos y sombras duras en el que se mueve el atormentado Padre Karras, un hombre sumido por la culpa de haber dejado morir a su madre que nos anticipa el choque entre la fe y el abismo. La historia de terror la está viviendo él.




Cuando el diablo irrumpe, las defensas del espectador están bajas. Hemos asistido a un cambio en Regan que empieza a ser devastador, comienza orinándose en una alfombra durante una fiesta y continua convulsionando a la vez que una cama que parece tener vida propia. Su madre agota todas las vías de la ciencia, la psiquiatría, la neurología, sufre con su hija todas las pruebas médicas a las que la someten.
Ver a una niña de 12 años pasar por esa Resonancia Magnética, y sobre todo la Arteriografía que le realizan inyectándole un contraste en el cuello, son momentos de un realismo médico documental que no hacen sino elevar la credibilidad de la historia.

El punto de cambio de la película llega en la escena donde una mujer, poderosa, culta, en un estrato social de la clase alta (es importante para la historia que Chris sea una mujer pudiente), está rodeada de médicos que no logran encontrar explicación dentro del conocimiento racional para lo que pasa. Ella, una Ellen Burstyn que está descomunal en toda la cinta, necesita encontrar una posible solución, y la ciencia solo sabe remitirla a la fe, a practicar un exorcismo del que además se limpian las manos sobre su efectividad.
A partir de ahí cambia el tono, entramos en el terror sobrenatural. Entra aquí todo el trabajo de efectos visuales y sonoros del film para construirlo.
Hoy las prótesis de látex del maquillaje de Dick Smith no son tan realistas como en 1973, cuando el mal se hace ya patente en Regan, su rostro y voz cambian y sus secreciones de todo tipo también. Pero el choque que supuso ver algo así en su estreno causó verdaderos colapsos de histeria en el público, algo que con todo el realismo del cine de terror contemporáneo es imposible siquiera imaginar un impacto similar.

Lo que todavía sigue siendo tremendamente efectista son las levitaciones y trucos del mobiliario que se mueve solo, así como la ambientación lúgubre y fría de la maldita habitación de la casa. Aquí es donde todavía El exorcista juega a ser real, leí que Friedkin montó ese habitáculo en una gran nevera en la que los actores se congelaban de verdad, por eso ese vaho que sale de su boca no tiene ningún artificio.
Por último, destacan el cuidado del sonido y el trabajo por convertir esa puerta al final de la escalera en la entrada al infierno, donde Gonzalo Gavira mezcló ruidos de la estructura de la casa con chillidos de cerdos y mugidos de ganado, y además retorció carteras de cuero para emular huesos crujiendo mientras la cabeza de Regan giraba 360 grados.
Explicación del clímax final

El exorcismo de la escena final que da nombre a la película, en realidad ocurre en los últimos quince minutos de la cinta, pero para entonces ya está asimilada toda la desolación de los protagonistas y público en confiar que solo un acto divino puede sacarnos de esta pesadilla, y por eso está construida como tal. Como una casa rodeada de niebla en el más solitario de los cementerios, y una figura que mira desde abajo la grandeza del reto al que se enfrenta.
En trailers posteriores, esa imagen de Max von Sydow junto a la música de Tubular Bells se mezclaron como una simbiosis después de haberse convertido en mito, pero Friedkin no las mezcló así en el montaje real de la película, donde el sonido es mucho menos evocador y más austero, son algunas notas del compositor Krzysztof Penderecki y el ruido del taxi marchándose lo que oímos.
(SPOILERS)
El exorcismo dentro de la habitación tiene dos puntos de vista diferentes, allí están los padres Merrin y Karras, uno para el cuál este proceso es un trámite,l y otro que lo vive como una expiación personal. El diablo en el cuerpo de esa niña lleva a los dos hasta el límite de la extenuación, y la bestia es más fuerte que todos sus intentos por expulsarla del cuerpo.
De hecho ha sido capaz de soltarse y acabar con Merrin, pero su intrínseco odio y soberbia le acaban llevando a abandonar su residencia en la niña para intentar sodomizar a un miembro de la iglesia, pero ese sacrificio de su cuerpo, es el paso que da el personaje del Padre Karras para redimirse y confirmsar su fe, arrojándose por la ventana y precipitándose por las escaleras para llevarse con él al demonio Pazuzu, el mismo al que se enfrenta sobre una roca el personaje de Max Von Sydow al comienzo de la película.
Esas escaleras, son las mismas que mira el teniente Kinderman desde abajo y que llevan a los pies de la ventana de Regan, son el camino entre el abismo del mal y el mundo terrenal. El lugar de donde ha salido la bestia y a donde la regresa el padre Karras con su salto de fe, enviándola de nuevo al infierno del que ha salido.
Antes del cierre, en la última escena, vemos al amigo del mártir a la mañana siguiente. El padre Dyer (interpretado, por cierto, por un sacerdote en la vida real, el reverendo William O’Malley) está asomándose al precipicio de esas escaleras desde una vista trasera con la ciudad al fondo. Allí arriba se da cuenta de que el sacrificio de su amigo ha sido útil y necesario, una victoria que ha dejado a ese demonio enterrado en las profundidades, y al mundo que está arriba a salvo.
Si te gusta The Film Nook Set, ahora puedes encontrar más fácil nuestros análisis cuando hagas búsquedas.

La mirada de Filmnookset
La trascendencia del estreno de El exorcista fue todo un hito cultural, sociológico y económico sin precedentes.
Ir a ver El exorcista se convirtió en una prueba de valor. Las imágenes de las largas colas en los cines durante el gélido invierno de 1973 abrían las noticias, el público en masa quería ver qué era aquella experiencia tan sumamente real y aterradora.
Los cines tuvieron que contratar personal médico de emergencia y poner ambulancias en las puertas. Se registraron desmayos masivos, crisis de ansiedad, vómitos y personas que abandonaban la sala en estado de shock.
En los años setenta la sociedad ya era avanzada y con formación universitaria, se estaba secularizando rápidamente apartándose de la iglesia, pero El exorcista reactivó el miedo atávico a lo sagrado y lo demoníaco. La Iglesia Católica experimentó un aumento sin precedentes en las solicitudes de exorcismos reales y consultas espirituales.

Una película había conseguido hacer lo mismo que casi cuarenta años antes el programa de radio de Orson Welles cuando narró La guerra de los mundos, creer en lo que es increíble. Esta fue la última vez que lo consiguió, nunca más el cine ha vuelto a tener un impacto sísmico de estas características.
Esto habla de lo adelantada que estuvo El Exorcista a su tiempo que se estrenó cuando quizá la sociedad no estaba preparada para ese golpe de realidad, o en el momento justo para ser capaz de crear un tsunami cultural. Algo que hoy en día es difícil de imaginar.
El cine ha perdido esa capacidad de sorprender, ha perdido la hegemonía como medio masivo de interés general. La sociedad se ha vuelto tremendamente madura en toda la iconografía e impactos visuales a los que ha sido sometida después, solo mínimamente se acercan los dinosaurios de Spielberg o el miedo a las playas que consiguió con Tiburón (1975).
Aun así, con su escualo Spielberg jugaba con un miedo primitivo pero evitable: si no te metes en el agua, estás a salvo y el monstruo no puede tocarte. William Friedkin aniquila el santuario del hogar y te hace temer en la intimidad de tu cama, creyendo que lo sobrenatural puede atraparte en cualquier parte.
Por eso después de El Exorcista no ha vuelto a haber nada que nos haya llegado a impactar igual, es una cápsula del tiempo que forma parte de un pasado donde el cine era el evento cultural más importante de todos, y donde nuestro imaginario era todavía un lugar fértil en el que sembrar el miedo.
Curiosidades
El argentino Lalo Schifrin iba a ser el compositor original de la película, de hecho ya había trabajado en ella y realizó un score que puede escucharse online, pero en el primer pase de un tráiler saltaron las alarmas porque no gustó nada a los ejecutivos, vieron que generaba en el público un gran rechazo por la tensión que sumaba a las imágenes. Ese choque unido a las constantes rencillas con el director desembocaron en el despido del músico, que siempre reconoció que fue una de las experiencias más negativas de su carrera.
La edad de Max von Sydow

La metamorfosis dentro del personaje del genial actor se hace más patente cuando sabes que ese cura en los últimos días de sus misiones, machacado por el tiempo y sus batallas, aparece como un hombre de unos setenta años. Pero es que en realidad el actor tenía en el rodaje solo 43 años.
Esa transformación, tan real y creíble es una mezcla del trabajo del actor, y de un maquillaje que aquí sí ha resistido al paso del tiempo de forma sorprendente. Max von Sydow pasaba entre tres y cuatro horas diarias en la silla de maquillaje que incluían manchas de edad en las manos y otras zonas.
Pero la verdadera magia está en la magnífica interpretación de uno de los actores más camaleónicos que ha habido, su forma de andar pesada, manos temblorosas y voz bajada al tono de un susurro hacen creíble que se viera a un hombre de avanzada edad.
¿Por qué no contrataron a un actor más mayor? Fue una petición de Friedkin, un director obsesivo que sabía de las duras condiciones de rodaje a las que iba a someter a los actores en ese frigorífico humano que era la habitación de Regan, por lo que buscó un actor joven que pudiera soportarlo.
Dirección y estilo: la gramática visual del miedo
El impacto sociológico de la cinta a menudo ha ensombrecido el pulso cinematográfico de William Friedkin tras la cámara, pero la verdadera maestría de la película se sostiene sobre sus decisiones de realización.
Friedkin emplea el zoom como una herramienta de penetración psicológica. Deliberadamente opta por acercamientos lentos e implacables que atrapan al espectador. Lo establece desde el principio, pasando de una vista general de Georgetown para ir cerrándose poco a poco sobre la casa, y lo aplica al estado mental de sus personajes. Ese zoom lento nos adentra en el rostro de Regan en los instantes previos a que la bestia tome el control, y escruta la impotencia absoluta de Chris cuando la medicina es incapaz de darle respuestas.
El origen de esa posesión queda hilado a través de un elocuente fundido que conecta el desierto iraquí con la ciudad. Friedkin traza la trayectoria del mal sin mediar palabra: pasamos de las excavaciones arqueológicas a la ventana de Regan. Cuando su madre escucha los primeros ruidos en el desván y acude a investigar, encuentra la ventana del dormitorio abierta de par en par. Visualmente, nos está diciendo que el monstruo ha viajado desde las dunas hasta allí, colándose en la casa.
A partir de ese instante, la manifestación del demonio avanza por superposición sonora. Antes de mostrar el deterioro físico, anticipa la posesión revelando a una niña que externamente todavía parece una normal, pero superponiendo su imagen con esos sonidos perturbadores y chillidos de cerdos que parecen emanar del desván.
El rigor con la cámara y el montaje delimita perfectamente los mundos de la película. Durante el calvario clínico de las pruebas médicas, la cámara jamás se mueve. Friedkin planta el trípode y graba con planos fijos, asumiendo un tono documental y frío que potencia el terror de la violencia médica. En contraste, el montaje rápido y la aceleración de planos solo se utilizan en momentos muy concretos del mundo cotidiano, como el rodaje universitario en el que trabaja Chris o el trayecto inicial del Padre Karras en metro para visitar a su madre. El ritmo acelerado pertenece al exterior; dentro de la casa, el terror se toma su tiempo para ahogar.
La decisión más interesante del director es su coreografía para revelar lo macabro. Decide mostrar primero el horror en el rostro de sus actores. Nos obliga a leer el espanto puro en las reacciones de Chris o Karras, anticipando la atrocidad en nuestra imaginación, para inmediatamente después girar la cámara y mostrar explícitamente lo que está ocurriendo sin apartar la mirada. Promete algo terrorífico y no se acobarda: cumple su promesa mostrándolo, lo cuál es uno de los grandes órdagos de la película.
Por qué la recordamos
El Exorcista no solo dignificó el género de terror consiguiendo por primera vez una nominación al Oscar a Mejor Película, sino que lo convirtió en un éxito absoluto como ya hemos visto.
William Friedkin consiguió con ella el cénit de su carrera, después de ella volvió a intentar repetir con Carga maldita (1977) o A la caza (Encrucijadas, 1980), pero su ego como autor intocable le llevó a causar pérdidas millonarias a los estudios y los ejecutivos no volvieron a confiar en él igual. Su nivel máximo de genialidad se estancó en los setenta mientras otros coetáneos como Spielberg o Scorsese han sabido surfear los cambios de era y las necesidades del negocio del cine, cada uno a su manera.
Pero es innegable el hito que supuso la película y las barreras que rompió. Y lo hizo además entregando una obra impresionante mucho más allá de su apuesta visual y explícita, El Exorcista es por sí misma una gran película con un realismo, fotografía, guion y puesta en escena espectaculares y merecedoras del lugar en el que la han dejado.
Empieza con una excavación en Irak, dando origen al mal desde el principio de los tiempos, nos lleva hasta el presente en las calles de un barrio burgués en Georgetown, y termina en una batalla que podría ser en cualquiera de nuestras casas. Un viaje que ha sentado las bases de muchas de las películas posteriores que han abordado el género de posesiones que ella inventó.
No te tapes los ojos, ya salimos de esa guardia del mal, pero no sin antes reconocer que hay un film extremadamente entretenido y sorprendente metido en ella, y seguirá estando ahí durante muchos años más, hasta que un arqueólogo del cine decida volver a destaparla.

Premios y nominaciones
Premios Oscar 1974
| Categoría | Resultado |
|---|---|
| Mejor Guion Adaptado (William Peter Blatty) | Ganadora |
| Mejor Sonido (R. Knudson, C. Newman) | Ganadora |
| Mejor Película | Nominada |
| Mejor Director (William Friedkin) | Nominada |
| Mejor Actriz (Ellen Burstyn) | Nominada |
| Mejor Actor de Reparto (Jason Miller) | Nominada |
| Mejor Actriz de Reparto (Linda Blair) | Nominada |
| Mejor Fotografía (Owen Roizman) | Nominada |
| Mejor Diseño de Producción (B. Malley, J. Wunderlich) | Nominada |
| Mejor Montaje (J. Leondopoulos, B. Smith, E. A. Lottman, N. Gay) | Nominada |
Desplegar más premios y nominaciones
Otros premios y organizaciones
| Organización y año | Resultado | Resultado |
|---|---|---|
| Globos de Oro (1974) | Mejor Película – Drama | Ganadora |
| Globos de Oro (1974) | Mejor Director (William Friedkin) | Ganadora |
| Globos de Oro (1974) | Mejor Guion (William Peter Blatty) | Ganadora |
| Globos de Oro (1974) | Mejor Actriz de Reparto (Linda Blair) | Ganadora |
| Globos de Oro (1974) | Mejor Actriz – Drama (Ellen Burstyn) | Nominada |
| Globos de Oro (1974) | Mejor Actor de Reparto (Max von Sydow) | Nominada |
| Globos de Oro (1974) | Nueva Estrella del Año (Linda Blair) | Nominada |
| Premios BAFTA (1975) | Mejor Banda Sonora | Nominada |
| Premios Saturn (1973) | Mejor película de terror | Ganadora |
| Premios Saturn (1973) | Mejor Guion (William Peter Blatty) | Ganadora |
| Premios Saturn (1973) | Mejores efectos especiales | Ganadora |
| Premios Saturn (1973) | Mejor maquillaje | Ganadora |



Deja una respuesta