El golpe es una de esas películas que uno nunca temería recomendar porque sabe que un espectador nuevo siempre disfrutará gracias al magnífico guion de David Ward. Una historia sobre timadores astutos durante la América de la Gran Depresión donde todo lo que ocurre encaja y empuja hacia adelante la trama sin riesgo de tropezar.
Paul Newman y Robert Redford vuelven a juntarse como pareja en la que, para nuestra desgracia, sería la última vez en la que les veríamos unidos en la pantalla. Volvió a conseguirlo el mismo director, George Roy Hill, que se puso al servicio de la película sin querer sobresalir para entregar una de las cintas más redondas que haya hecho el cine comercial.
Porque pocos largometrajes del Hollywood clásico consiguieron el nivel de excelencia de El golpe en tantas facetas de la producción, un hito que fue reconocido en plena época de cambio en el cine llevándose 7 Oscars de 10 nominaciones. Ven con nosotros al Chicago de los años treinta, con la maravillosa banda sonora de Marvin Hamlisch, suena el piano pícaro de “The Entertainer”.
Ficha técnica de El golpe

| Datos | Información |
|---|---|
| Título en Español | El golpe |
| Título original | The Sting |
| Género | Comedia / Crimen / Drama |
| Director | George Roy Hill |
| Actores principales | Paul Newman, Robert Redford, Robert Shaw, Charles Durning, Ray Walston, Eileen Brennan, Harold Gould, John Heffernan, Dana Elcar, Charles Dierkop, Dimitra Arliss |
| Guion | David S. Ward |
| Año de estreno | 1973 |
| Estudios/Productora | Universal Pictures / Zanuck/Brown Productions |
| Duración | 129 minutos |
| Presupuesto | 5.500.000 dólares (aprox.) |
| Recaudación | 159.000.000 dólares (aprox.) |
Sinopsis sin spoilers
En el Illinois de 1936, en plena Gran Depresión, Johnny Hooker (Robert Redford) es un joven y ambicioso estafador de poca monta que, junto a su socio, timan por error a un correo del jefe del crimen organizado de Nueva York, Doyle Lonnegan (Robert Shaw).



Cuando Lonnegan comienza la búsqueda para vengarse, Hooker huye a Chicago buscando la ayuda de Henry Gondorff (Paul Newman), otro estafador conocedor del oficio recomendado por su mentor. Juntos deciden orquestar «el golpe», la estafa más ambiciosa diseñada, para arruinar a Lonnegan.
Crítica de El golpe
El golpe fue un estreno atípico en 1973, porque era una época en la que el cine que llenaba las carteleras estaba marcado por el realismo y la violencia con títulos como Malas Calles, El Exorcista o la segunda entrega de Harry el sucio.
Lo más normal es que se hiciera una película sobre la Gran Depresión como la que entregó Peter Bogdanovich, una road movie polvorienta sobre dos timadores de poca monta —un vendedor de biblias que estafa a viudas y una niña de nueve años fumadora y descarada— y donde se hace un estudio de personajes profundo. Así era Luna de papel (1973).
Pero entre tanto naturalismo descarnado surgió una película con un objetivo tan elemental como ambicioso: el puro placer del entretenimiento. Y lo logró recuperando la grandeza de un cine de masas que los propios estudios parecían haber olvidado.
Por qué el golpe es una película tan elogiada

El Golpe funcionó por muchas cosas, pero todas ellas convergen en que el origen del proyecto fue un guion perfectamente diseñado, donde hay un poco de historia, buenos personajes y diálogos, una trama que mantiene el interés constante, y un final con un giro que nadie se esperaba.
La historia ensalza el ingenio y la picaresca de los timadores que surgieron aquella época de gran necesidad, no como ladrones o delincuentes, sino como buscavidas capaces de empatizar con el público. Para ello los enfrenta a un crimen organizado viciado y dominado por hombres influyentes y banqueros.
Esa confrontación no fue casualidad, sino qué es el reflejo de lo que la sociedad americana vivía en los años setenta, donde los políticos y el sistema eran los verdaderos villanos con casos constantes de abuso de poder y corrupción.
Por esa razón Lonegan, un estupendo Robert Shaw, fue un villano tan despreciado por el público, que por el contrario encumbró la astucia de Robert Redford y Paul Newman para volver a elecarlos como una pareja icónica sobrecargada de carisma y química.
Porque las interpretaciones, y no solo de ellos tres, es uno de los grandes pilares de la película. Dana Elcar como el agente del F.B.I., Ray Walston leyendo las carreras como un locutor radiofónico, Harold Gould como uno de los cerebros de la operación, Charles Durning como el podrido policía que persigue a Hooker, y así, todo el reparto, como Dimitra Arliss, Eileen Brennan y Robert Earl Jones.
Fotografía, vestuario y música


Para recrear el ambiente de los años treinta la fotografía de la película apuesta por reducir los contrastes y suavizar las sombras dando a toda la filmación un tono apagado, terroso y sepia que se unificaba con el vestuario donde sobresalían también los trajes ocres y marrones.
Así, las calles, oficinas y locales generaban un sensación de evasión y nostalgia que además permitían a la película lograr ese aura de comedia optimista que mantiene durante gran parte del metraje.

Para redondear la ambientación, George Roy Hill eligió la música de Scott Joplin, un pianista de principios de siglo famoso por ser el rey del ragtime, y cuyo estilo pensaba que casaría con el tono del film. A pesar de que el creador David Ward tuvo sus dudas por el anacronismo con la década de los treinta, después reconoció que gracias a la adaptación de Marvin Hamlisch esa elección fue un verdadero acierto.
Durante mucho tiempo, la música de El golpe, cuya canción ganó el Oscar, ha estado considerada como una de las mejores bandas sonoras y más reconocibles de la historia del cine.
No nos olvidamos de uno de los sellos indiscutibles que fue también una aportación de Roy Hill, dividir la historia en episodios e ilustrarlos a través de carteles estilo Art Déco dando la sensación de cómic y estilo de revista Saturday Evening Post de la época y que también se usó para el póster de la película.
La trama de El golpe y el giro final
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(SPOILERS)
Johnny Hooker y Henry Gondorff que se acababan de conocer, planean un golpe para vengar la muerte de su mentor y amigo común Luther Coleman y arruinar al culpable Doyle Lonnegan, al que planean estafar medio millón de dólares a través de una apuesta falsa en una casa de juego levantada explícitamente para la ocasión.
A Hooker le persigue tanto un policía al que le debe dos mil dólares, el teniente William Snyder, como los secuaces de Lonnegan por el robo que le realizan al correo al comienzo de la película.
La genialidad de la película es que nosotros como espectadores siempre somos cómplices del grupo de estafadores, y siempre pensamos estar tan al tanto del plan como si fuéramos del equipo de timadores. Pero es ahí donde muy hábilmente Roy Hill y Ward comienzan a entremezclar tramas que nos van a despistar.

Por un lado, la camarera que atiende a Hooker en la cafetería resulta ser Loretta Salino, la letal asesina a sueldo de Lonnegan, cuyos planes fracasan por la escolta invisible que Gondorff ha puesto sobre su protegido. Por otro, la constante amenaza del FBI sobre el personaje de Newman reaparece y ahora recluta al teniente Snyder, extorsionando al joven Hooker para que traicione al cerebro del golpe.
Y aquí es donde nosotros nos perdemos, porque mientras que los protagonistas tratan de embaucar a Snyder, también nos engañan a nosotros, haciéndonos creer que esa traición se va a cumplir para salvar a la viuda de Coleman. A eso se suma el único momento de la película donde se para a respirar, cuando el director nos muestra a Gondorff apesadumbrado sin poder dormir y a Hooker preocupado.
Pensamos que es por la traición, pero el guion nunca lo remarca; se trata de un efecto Kuleshov en el que caemos de lleno. Este fenómeno del montaje, donde dos planos secuenciales sugieren algo que nadie dice, nos hace asociar erróneamente que Gondorff espera una puñalada por la espalda y que Hooker sufre por entregar a su socio.

Todo está preparado para la gran sorpresa final, donde la primera vez que la ves nos quedamos helados al ver como al descubrirse la traición frente al FBI, Gondorff dispara a Hooker y él mismo es abatido por el agente Polk. Los dos protagonistas están muertos. Pero… nosotros también hemos caído en uno de los giros más recordados y que nos desvela que todo, incluso el FBI, formaba parte del complot, y el golpe ha salido redondo.
La mirada de Filmnookset

El Golpe es la primera película clásica anacrónica que probablemente me gustara desde que la vi con apenas unos 12 o 13 años, y es porque todo en ella está al servicio del entretenimiento con un ritmo y una sencillez aplastante.
Su mecánica y estilo funcionó tan bien, que con el paso de los años ha sido ampliamente imitada. Empezando por los años ochenta, cuando diez años más tarde Eddie Murphy y Dan Aykroyd acaban arruinando en la bolsa de Nueva York a dos magnates en Entre pillos anda el juego (De mendigo a millonario).
En esa misma década, Los intocables de Eliot Ness (1987) recuperó la cuidada ambientación del Chicago de la Depresión y calcó esa formidable relación de mentor y aprendiz con Sean Connery y Kevin Costner.
Ya con el cambio de siglo, la argentina Nueve reinas (2000) nos lleva al cine de estafadores donde presenta al timador veterano y cínico (Ricardo Darín) adiestrando al joven aprendiz (Gastón Pauls) para un golpe de medio millón de dólares. Y un año después, Ocean’s Eleven se convirtió en su heredera más directa, con su tono igualmente ligero y a ritmo de jazz en vez de ragtime, vuelve a llevarnos a un clímax tramposo de la mano del carisma de George Clooney y Brad Pitt frente a un villano de altura como Andy Garcia.
El golpe fue seguramente la vez que mejor se conjugó el cine comercial con el estilo clásico de hacer cine durante la década de los setenta y por eso la Academia fue tan rotunda en su resultado convirtiéndola en la película más galardonada de su 46 edición con siete Oscars, incluyendo el de Mejor Película.
Datos de producción
El origen de la película nace de la investigación del guionista David S. Ward, quien tropezó con el mundo de los grandes estafadores de principios del siglo XX y quedó fascinado por sus métodos.
Así escribió un guion basándose en figuras reales como los hermanos Fred y Charley Gondorff. El libreto llegó a manos de Robert Redford con la intención de que lo protagonizara, mientras el propio Ward pretendía asumir la dirección. A pesar de que a Redford el texto le pareció brillante, le advirtió de que para sacarlo adelante necesitarían a alguien con más experiencia al frente. Así fue como se lo pasó a su amigo George Roy Hill, quien tras leerlo vio de inmediato el potencial y decidió involucrarse.


El último en entrar fue Paul Newman. Al enterarse de que ambos preparaban el proyecto, quiso sumarse para reeditar el éxito de Dos hombres y un destino (1969). Y es que, desde entonces, las tornas habían cambiado notablemente: en el 69 Newman reinaba en la cima de la industria mientras Redford era prácticamente un novato; cuatro años después, el californiano se había consolidado como la gran estrella del momento, mientras Newman venía de encadenar tropiezos comerciales como WUSA (1970) o El juez de la horca (1972). Necesitaba recuperar terreno con una apuesta sobre seguro, y sabía que aquella antigua alianza funcionaría.
Como el papel de Gondorff se concibió como un secundario menor, le pidió al director que lo reescribiera para tener más peso en la trama. Con el trío estelar cerrado, el reparto principal se completó con Robert Shaw. El actor británico estuvo a punto de rechazar el papel por una inoportuna lesión de rodilla previa al rodaje, pero finalmente la incorporó a los andares su villano, dotándolo de una cojera que le sentó de maravilla al personaje.
Por qué la recordamos
Hay razones personales, ya que es una de las primeras películas que vi con mi padre; pero, con el paso del tiempo, los motivos artísticos han ganado terreno. Porque sí, El golpe es eminentemente una producción al más puro estilo del Hollywood comercial, pero está repleta de aciertos cinematográficos que la convierten en una obra redonda.
Es, además, el último legado conjunto que nos dejaron Robert Redford y Paul Newman, dos de las estrellas más grandes de la historia, cuya química evoca como pocas un tipo de cine que hoy ya forma parte del pasado.
Pocas veces una cinta con más de 50 años aguanta el paso del tiempo con tan buen tipo, ganándose a pulso el estatus de película refugio; una burbuja atemporal a la que siempre apetece volver. Funciona como el bautismo perfecto para cualquier espectador moderno que quiera iniciarse en el cine clásico: basta con que suenen esas notas de piano… y dejarse estafar hasta el final.
Premios y nominaciones
Oscars 1974
| Categoría | Resultado |
|---|---|
| Mejor Película | Ganador |
| Mejor Director (George Roy Hill) | Ganador |
| Mejor Guion Original (David S. Ward) | Ganador |
| Mejor Montaje | Ganador |
| Mejor Diseño de Producción | Ganador |
| Mejor Banda Sonora (Adaptada) (Marvin Hamlisch) | Ganador |
| Mejor Vestuario (Edith Head) | Ganador |
| Mejor Actor Principal (Robert Redford) | Nominado |
| Mejor Fotografía | Nominado |
Otros premios y nominaciones
| Organización y año | Categoría | Resultado |
|---|---|---|
| Globos de Oro (1974) | Mejor Guion | Nominado |
| Asociación de Críticos Norteamericanos (1973) | Mejor Película | Ganador |
| Premios David De Donatello (1974) | Mejor Actor Extranjero (Robert Redford) | Ganador |
| Directors Guild of America (1973) | Mejor Dirección (George Roy Hill) | Ganador |







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