Sergio Leone revivió el western dando prestigio a un género que después se le ha atribuido como creador, el spaghetti western, del que han salido algunas películas muy buenas, la mayoría suyas, y otras directamente deplorables. Pero dentro de ese género cabía un giro de tuerca más difícil todavía, el western cómico europeo, y de ese palo salió esta astilla: Le llevaban Trinidad (Me llaman Trinity).
Popularmente lo conocimos como el western de mamporros. Su director Enzo Barboni, quiso cambiar las balas y las miradas tensas por tortazos y golpes, y nadie creyó en que eso fuera a tener éxito. Cuando juntó a Bud Spencer y Terence Hill, la magia salió sola.
En Italia y España fue un éxito absoluto, y lo aprovecharon para hacer una secuela, Le seguían llamando Trinidad (1971). Hoy no entramos en un tótem del séptimo arte, sino en el baúl de los recuerdos de varias generaciones que amaron a esta pareja, para hablar de lo que fue y supuso para el género y el cine italiano. Espero que tengáis hambre, porque hoy servimos una gran sartén de judías.
Ficha técnica de Le llamaban Trinidad

| Dato | Información |
|---|---|
| Título original | Lo chiamavano Trinità |
| Otros títulos en español | Me llaman Trinity, Mi nombre es Trinity (Latinoamérica) |
| Género | Western, Comedia |
| Director | Enzo Barboni |
| Actores principales | Terence Hill, Bud Spencer, Farley Granger, Steffen Zacharias, Gisela Hahn, Elena Pedemonte, Dan Sturkie, Alberto Dell’Acqua, Gaetano Imbró, Paolo Magalotti, Remo Capitani |
| Compositor | Franco Micalizzi |
| Guion | Enzo Barboni |
| Año de estreno | 1970 (Italia), 1971 ( EE.UU.) , 1972 (España, México, Argentina,…) |
| Estudios/productora | West Film |
| Duración | 109 minutos |
| Presupuesto | 300 millones de liras (aprox.) |
| Recaudación mundial | 3.100 millones de liras |
Sinopsis sin spoilers

Trinidad es un buscavidas extremadamente hábil con el revólver al que le precede una gran fama. Después de atravesar el desierto en una camilla arrastrada por su caballo, se dirige a un pueblo donde descubre que su hermano, «el Niño» Bambino, un ladrón de caballos con una fuerza animal y mucho más serio que él, se está haciendo pasar por el sheriff local mientras espera a su banda para dar un gran golpe.

El pueblo está sometido por un terrateniente déspota, el Mayor, cuyo poder va a poner en entredicho Trinidad desde su llegada, alterando la tranquilidad del pueblo y poniendo en peligro los planes de su hermano. Su motivación no es heróica, sino que busca impresionar a dos bellas mormonas cuya familia está atemorizada por el Mayor.
Crítica de Le llamaban trinidad 1970
Enzo Barboni dio una vuelta más a un género que parecía que ya estaba agotándose; son pocas las películas fuera de las obras maestras de Sergio Leone y algunas de Sergio Corbucci que se salvan de la mediocridad, por mucho que Quentin Tarantino las eleve todas.
Así que, buscando desmitificar el propio género del que nace, decide plantear una comedia física basada en el slapstick de parejas icónicas como Laurel y Hardy (el Gordo y el Flaco), o el vagabundo de Charles Chaplin.

De esa forma cambia la crudeza de pistoleros letales por la picardía y la fiscalidad de un tipo de cine que, históricamente, es germen de un humor aparentemente sencillo pero tremendamente eficaz, y con un condicionante muy importante: los golpes, trompazos y los villanos capaces de soportarlos han sido siempre parte del lenguaje de los dibujos animados como los Looney Tunes. ¿Y a quién le gustan los dibujos animados? Pues eso explica el tremendo éxito de Le llamaban Trinidad entre los niños y jóvenes de los años setenta y ochenta.
En esta premisa reside la primera gran genialidad de la película: tipos duros que no se han lavado en dos semanas, pero capaces de recibir un sopapo y a los que solo les falta que les vuelen pajaritos sobre la cabeza.
Del spaghetti western conserva muchos conceptos, y a la vez los exagera:
- Si la premisa del género es que son antihéroes sucios, lo primero que vemos de Trinidad es que la mugre cubre todo su cuerpo. En la escena de presentación, después de atravesar el desierto en esa camilla, el polvo forma parte de él; y tampoco es que esté mucho más limpio tras su primer baño.
- Si los decorados interiores suelen denotar un estatus bajo, aquí la oficina del sheriff parece un chamizo abandonado. Si hubiera existido un IKEA de bajo coste para salones del Oeste, allí habrían encargado los muebles sin duda.
- No es precisamente algo que se replique después, pero Enzo Barboni construye la épica de Trinidad y su mundialmente famosa escena de las alubias a través de un silencio casi tan largo como el del comienzo de Hasta que llegó su hora (Erase una vez el Oeste, 1968).

Pero hay muchos otros convencionalismos que desaparecen: los primerísimos planos de las miradas y los duelos cargados de tensión. Aquí es donde se desmarca con encuadres más tradicionales y planos más amplios que muestran la acción física, preparados para la electricidad de las peleas.
Y los protagonistas; al menos Terence Hill tiene una moralidad menos ambigua que la mayoría de los antihéroes del spaghetti. Le mueven motivos más altruistas y hay en él un aura más de caballero, aunque esté lleno de barro.

La fotografía, los paisajes y los escenarios se encuadran bastante bien en ese Oeste europeo frondoso e inusualmente verde, como las praderas donde se asientan los mormones. Y la iluminación interior es funcional, adecuada para dar importancia a la comedia, quizá lo más destacable del trabajo del director de fotografía, Aldo Giordani, fue ese mítico comienzo con Trinidad atravesando el desierto, donde quema la luz para hacernos notar el sofocante calor.
Le llamaban Trinidad tiene la genialidad de saber mezclar dos géneros, western y comedia, eliminando la sangre y la violencia de sus predecesoras para abrazar un humor blanco, ingenuo y universal. Pero sin duda uno de los grandes aciertos es la química de la pareja protagonista.
Aunque muchos piensen que este fue su bautizo, Bud Spencer y Terence Hill ya habían trabajado juntos en otras cuatro películas, y desde Los cuatro truhanes (1968), en la que curiosamente trabajan con Eli Wallach, ya venían creando esa dinámica del pícaro y gruñon, pero es aquí donde perfeccionan el molde.
Hill domina por completo esa mímica burlona, con ese carisma innato que imprime a Trinidad. Siempre enciende la mecha de todos los problemas que tiene Spencer, y dinamita sus planes. Si hay una pelea Trinidad da el primer golpe, y después se aparta a ver cómo Bambino reparte mamporros como un martillo pilón.
Su calma, y coreografías para hacer explotar escenas generan una dinámica que fue puro oro, y de hecho, como todo lo que es genuinamente bueno, el cine se preocupa de copiar. Fueron muchas las parejas que quisieron replicar el éxito de estos dos gigantes dentro de las buddy movies, pero muy pocos lograron replicar algo parecido.
Porque la herencia de caracteres contrapuestos que se juntan para un bien común tiene una herencia más antigua, y en los sesenta los mejores ejemplos son Robert Redford y Paul Newman en Dos hombres y un destino (Butch Cassidy, 1969) o Jack Lemmon y Walter Matthau en La extraña pareja (1968), pero sus dinámicas e influencias posteriores no tienen la comedia física de Le llamaban Trinidad.
Quizá el ejemplo más claro que retoma el patrón de pareja opuesta con un tipo duro que gana solo todas las peleas y su equilibrio cómico de compañero, fue Jackie Chan con algunas de sus parejas como Chris Rock en Hora punta (1998) u Owen Wilson en Shanghai Kid (2000), pero ninguna consiguió un tándem que se haya quedado tan marcado en la cultura popular y el cine familiar como estos dos monstruos.
Le llamaban Trinidad sigue siendo una película divertida, sorprendente y pintoresca, capaz de atrapar a nuevas generaciones si se lo propone, porque desde el western, cualquier historia puede parecer atemporal, y aguantar los 50 años que ya tiene encima no es tarea fácil para muchas películas.

La mirada de Filmnookset
Para valorar Le llamaban Trinidad hoy, hay que entender que en 1970 el género del spaghetti estaba «muerto de éxito». El «milagro económico» (1958-1963) del país, ya se había agotado. Nacían tensiones sociales que cristalizaron el 12 de diciembre de 1969 con la matanza de la Piazza Fontana en Milán, y el público estaba saturado de antihéroes que escupían sangre y de venganzas familiares en el cine italiano.
En ese contexto nace una demanda de cine de puro entretenimiento y evasión. El giro cómico que germinó esta película no solo permitió estirar el idilio con el spaguetti western, sino que sirvió de respiro para la creciente tensión social y política. Además, construyó una fórmula que posteriormente el cine infantil y las series que dominaron la televisión acuñaron.
¿Te recuerdan a algo historias de acción, con disparos imposibles, acción, peleas y tipos que vuelan por los aires sin que nadie muera ni se vea sangre?
Aunque la televisión americana no se fijó en Le llamaban trinidad, para crear series como El Equipo A (Los Magníficos) , su lenguaje sí viene del mismo sitio, y fue la película italiana la que lo fusionó primero. Tanto el universo de Bud Spencer y Terence Hill como los M.A. Barracus (Mr. T) y Fénix y Murdock bebieron exactamente de los mismos referentes del cine clásico:
- El Slapstick de Laurel y Hardy (El Gordo y el Flaco): Es la raíz de todo. La dinámica del tipo grande y gruñón que pierde la paciencia frente al compañero flaco.
- Los dibujos animados y el cómic Lucky Luke: De donde sacaban la fisicidad imposible de algunas escenas de acción que encantaban a los niños ¿Dónde si no se podía ver si no a un pistolero acertar de espaldas a dos forajidos que le apuntan desde una ventana?

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Las películas de Trinidad y la gran mayoría de episodios de El Equipo A comparten el mismo motor narrativo: un grupo de personas indefensas (colonos mormones, granjeros locales, pequeños comerciantes) están siendo extorsionados por un terrateniente o un cacique local con un pequeño ejército de matones.
No es que la película de Barboni influenciara la televisión de los ochenta, pero descubrió una fórmula una década antes, que la pareja Spencer / Hill fue perfeccionando durante los setenta, y gracias a su éxito consiguió hacerlo presente permeando un estilo.
Que Le llaman trinidad es una de las cunas del imaginario del entretenimiento de la generación de los años 80 es algo de lo que no tenemos dudas. Y eso habla muy en favor de una película que tuvo más impacto del que algunos le atesoran.
Recepción crítica y taquilla en su época
En su estreno, la crítica más académica la miró por encima del hombro, tildándola de «producto menor» o «parodia simplona». Sin embargo, medios como el diario La Stampa en Italia empezaron a notar que el fenómeno era imparable. En España, la crítica de la época destacó cómo la película conseguía conectar con un público transversal, desde niños hasta abuelos, algo casi imposible para el spaghetti western violento de años anteriores.
El impacto en taquilla fue, sencillamente, colosal. En Italia se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia del país, superando incluso a grandes producciones de Hollywood. En España fue un auténtico sleeper hit que permaneció meses en cartelera. El público abrazó la propuesta con un entusiasmo que dio pie a una secuela inmediata (Le seguían llamando Trinidad) y a casi veinte películas más de la pareja, consolidando a Spencer y Hill como iconos de la cultura pop global.
Datos de producción
La génesis de Le llamaban Trinidad es la historia de una apuesta que nadie quería comprar. Enzo Barboni, que había sido un reputado director de fotografía en títulos como Django (1966), escribió un guion que rompía con la violencia seca del género para abrazar la farsa. Los productores, acostumbrados al olor a muerte de las cintas de Corbucci, rechazaron el texto una y otra vez porque «no había suficientes muertos».
Finalmente, el productor Italo Zingarelli vio el potencial y se arriesgó. La película nace como la historia solo de Trinidad, y Franco Nero era la opción soñada por el productor, que sabía que su nombre elevaría la producción, pero este no confío en hacer un western cómico así que cambiaron los planes.
Se propuso el personaje del hermano para generar ese choque de personalidades que conocemos, y el primer casting oficial fue la pareja formada por George Eastman como Bambino y Peter Martell en el papel de Trinidad. Dos habituales del género que hoy han sido casi olvidados.


Sin embargo fue un golpe del destino, y la rotura del pie de Martell, la que aceleró buscar sustituto, y cuando lo encontraron en Mario Girotti (Terence Hill), pensaron que el personaje del hermano encajaría mejor en Carlo Pedersoli (Bud Spencer). La química entre ambos ya existía, pero consolidaron aquí al pícaro de ojos azules, rápido como un rayo, frente al gigante gruñón de fuerza hercúlea.
Entre los secundarios, cabe destacar a Steffen Zacharias y su papel de ayudante del alguacil, y cuya relación con Bambino y Trinidad recuerda mucho a la dinámica que tenía Walter Brennan con John Wayne y Dean Martin en Río Bravo (1959). También el villano mexicano Remo Capitani, el padre de la comunidad mormona Dan Sturkie, y las dos muchachas que embelesan a Terence Hill, Elena Pedemonte y Gisela Hahn.

Dónde se rodó
El rodaje fue íntegro en Italia, en paisajes de los Abruzos, buscando un verde que recordara más a las praderas americanas. Concretamente en la región de Campo Imperatore.
La cantina donde se rodó la escena de las alubias estaba en Cava Magliana, una zona de extracción de arena a las afueras de Roma. Esta fue una de los momentos que más han calado en la cultura popular, y el propio Hill ha reconocido que para hacer creíble ese hambre de varios días sin comer, estuvo en ayunas 24 horas para llegar al rodaje con el mismo hambre que su personaje.
Curiosidades
Éxito de Le seguían llamando Trinidad (1971)
Si la primera película fue un bombazo, la segunda destrozó los registros. Tanto habían gustado las aventuras de Trinidad y su hermano que el público en Europa y América Latina la esperaban como el gran estreno del cine de barrio.
Le seguían llamando Trinidad (1971), recaudó 6.087 millones de liras en su estreno original y llevando a más de 14 millones de italianos a las salas, casi el doble que la primera parte. Lo suyo fue el triunfo popular, como una especie de Torrente transalpino, salvando las distancias, con el cine español.
Tal fue su éxito, que sigue siendo la cuarta película con más entradas vendidas de la historia en Italia, y en España, superó por mucho a El bueno, el feo y el malo (1966), considerada hoy una obra maestra.
Banda sonora de Django y Le llamaban Trinidad
Para un gran spaghetti western que se precie, no puede faltar una música icónica, y en este caso la hubo, porque la melodía Trinity: Titoli, compuesta por Franco Micalizzi, es una de las piezas del género más recordadas.
Ese silbido, que nos recuerda a Morricone, pero más cansado y con ritmos funkys más populares, encajó como un guante para la película y para describir la personalidad de Trinity. Hoy en día, muchos le deben a Quentin Tarantino conocerla gracias a su inclusión en el final de Django Desencadenado (2012).
Enlaces de interés
- Vídeo reseña en nuestro canal de YouTube: Ver en YouTube.
Clones de Bud Spencer y Terence Hill

Como ya hemos dicho, cuando en el cine algo funciona, las fórmulas se suelen replicar, pero pocas veces se ha hecho de una forma tan descarada como con lo que salió de esta cinta. Sabíamos que el spaghetti se volvió a revitalizar con Le llamaban trinidad, pero lo que hemos descubierto es que les salió directamente un clon.
Michael Coby y Paul L. Smith fueron los dobles clónicos más descarados que surgieron a raíz del éxito de la película. Antonio Cantafora (como Michael Coby) imitaba las miradas y la agilidad de Terence Hill, mientras que el estadounidense Paul L. Smith copiaba la barba, la fuerza bruta y el mal humor de Bud Spencer. Protagonizaron películas calcadas de la saga original como Carambola (1974) o Les llamaban los hermanos de Trinidad (1974).
Sus películas, eran puro “spaghetti exploitation”, películas de serie B que estiraban la química de la pareja original para copiar mamporros y tortazos con mucho menos gusto.
Por qué recordamos Le llamaban Trinidad
De todas las reseñas que ya hemos publicado en Filmnookset, la de esta cinta sería sin duda la que hasta ahora, nadie pondría entre las mejores películas de su década y más de la historia del cine. Pero aquí no solo hablamos de grandes hitos, sino que nuestro motor es hablar de ese cine que nos ha sabido llegar, metiéndose en la memoria colectiva, y siendo capaz de aguantar hasta hoy.
Dentro de ese listón, no solo es una obra que lo ha conseguido, sino que además tiene varios elementos que la destacan del mucho ruido que tuvo el spaghetti western en los setenta. Una canción icónica, una estética reconocible, y una pareja imposible de olvidar.
Por tantas y tantas toneladas de diversión, sonrisas y sorpresas, Le llaman trinidad sigue pudiéndose reivindicar como un clásico, y un ejemplo de éxito con gusto, además de la confirmación como iconos de Bud Spencer y Terence Hill. No necesitamos que nadie lo corrobore, pero tampoco que lo contradiga “… Y si no, nos enfadamos“ (1974).


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