Cartel de M*A*S*H en español
Junio 21, 2026 | Escrito por: Filmnookset

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Con los años 70 recién estrenados, el cine bélico mostró tres vertientes. La aventura sin costuras de Los violentos de Kelly, el biopic épico de Patton que analizamos recientemente, y por último la irreverente sátira M.A.S.H. de Robert Altman en la que nos adentramos hoy. 

Con un humor que a muchos les sonará familiar porque sentó las bases de la comedia gamberra universitaria de finales de década y los años 80, nos cuenta las vivencias de unos cirujanos poco ortodoxos en la guerra de Corea (1951-53) con el conflicto de Vietnam como telón de fondo. 

En su época funcionó como una sátira y una válvula de escape perfecta para el público, fue un taquillazo y una sorpresa disruptiva tanto para el género bélico como para la comedia, y dió pie a una de las series más exitosas de la televisión de su época. 

Los tres cirujanos protagonistas, Donald Sutherland, Tom Skerritt y Elliott Gould que llamaban La ciénaga a su tienda de campaña, hoy nos tienen que hacer sitio para contarte tomando uno de sus martinis secos, como hemos vivido esta batalla.

Ficha técnica de M*A*S*H

Poster de M*A*S*H en inglés
DatosInformación
Título originalM*A*S*H
DirectorRobert Altman
GuionRing Lardner Jr. (basado en la novela de Richard Hooker)
Actores principalesDonald Sutherland, Elliott Gould, Tom Skerritt, Sally Kellerman, Robert Duvall, Gary Burghoff
MúsicaJohnny Mandel (Tema principal: «Suicide Is Painless»)
FotografíaHarold E. Stine
MontajeDanford B. Greene
Estudio / DistribuidoraAspen Productions / 20th Century Fox
Año de estreno1970
Duración116 minutos
Presupuesto3 millones USD
Recaudación mundial81,6 millones USD

Sinopsis sin spoilers

Durante la Guerra de Corea, a principios de los años 50, en una de las Unidades del Hospital Quirúrgico del Ejército Móvil (MASH) reciben a los soldados heridos en el frente y a dos capitanes médicos, Pierce y Forrest, con más ganas de conocer a sus enfermeras que de operar en quirófano.

A ellos se une Trapper, un cirujano de tórax con el que encajan perfectamente. Los tres aborrecen la disciplina militar y la autoridad y su forma de pasar la guerra sin morir en el su propio  frente es organizar fiestas, apuestas en partidos de fútbol y bromas entre ellos. 

Crítica de M*A*S*H

El salvaje arranque de M*A*S*H revienta el drama tradicional solapando el horror explícito de los helicópteros que traen soldados ensangrentados con una melodía pop entrañable y naif. Robert Altman fija así un descarado distanciamiento irónico de la épica militar para pasarla por la turmix con una pizca de cinismo y otra de desprecio al orden militar.

Recogida de heridos desde el helicóptero en el campamento

Vaya forma de empezar una película. Mientras la cámara nos muestra a vista de pájaro la crudeza real de los helicópteros descargando camillas repletas de heridos sangrantes, suena Suicide Is Painless, y ya sabemos que aquí no hay marchas militares ni drama.  

Pero la cosa no hace más que acelerar, porque en cuanto los personajes abren la boca, te das cuenta de que ese cánon de dar el pie y no pisar al compañero en los diálogos se acaba aquí. MASH es una película pionera en bastantes sentidos a pesar de hoy no estar lo suficientemente reivindicada, y uno de ellas es que los diálogos de una película dejaran de parecer declamaciones dramáticas. Los actores se pisan las líneas constantemente, hablando unos encima de otros en un caos de voces que suena muy real. 

El primer personaje que conocemos es al interpretado por Donald Sutherland, el capitán Pierce, que aparece caminando hacia cámara mientras suena la mismísima fanfarria de la 20th Century Fox, lo primero que hace es robar un jeep a un oficial negro, al que tiene la caradura de llamarle racista por increparle al llegar. En su escapada se lleva a Tom Skerritt rumbo al hospital de campaña.

Si no nos queda claro que aquí no hay nada serio, dos nuevos toques de atención de Altman nos lo recuerdan: 

  • Los soldados que van tras ellos en busca del jeep robado, en vez de iniciar una fuga con olor a caucho, se les frena su vehículo y acaban en una absurda pelea slapstick. 
  • Y al llegar al campamento, en vez de reportarse al coronel, lo primero en lo que se fijan es en las chicas, sentándose a intentar ligar descaradamente con una teniente casada. El protocolo militar y las jerarquías de la base les importan, sencillamente, un pimiento.

¿Por qué la impunidad de La Ciénaga sentó las bases de la comedia gamberra americana?

M*A*S*H opera como el molde secreto de las comedias universitarias de las próximas décadas. Bajo sus operaciones llenas de sangre, los capitanes actúan como una fraternidad ingobernable en guerra contra directores estrictos y puritanos. El espionaje sexual por megafonía y las gamberradas de campamento abrieron paso directo al Desmadre a la Americana (1978) que John Landis dirigiría años más tarde.

Aunque ese tono irreverente viene de la novela original de Richard Hooker, Altman lo recoge con gusto para golpear con su humor al estatus militar y la autoridad, convirtiendo a los cargos conservadores y el puritanismo religioso en los enemigos del buenrollismo de los protagonistas. 

Si quitas los uniformes y los bisturís, lo que te queda no son adultos maduros lidiando con el peso de la guerra, sino una panda de universitarios gamberros haciéndole la vida imposible al director del instituto. 

Gastando bromas entre dedicarse a corromper al joven Ho-Jon de 17 años enseñándole a preparar martinis y regalándole revistas para adultos, hasta transmitir por megafonía para todo el campamento el encuentro íntimo de la nueva enfermera jefe, Margaret Houlihan, con el Mayor Burns (un Robert Duvall algo desaprovechado que bien podía haber sustituido por carácter a Skerritt). 

Una escena que nos recuerda irónicamente a una de las mejores herederas de este humor, Porky ‘s (1981). En la mítica escena del gimnasio, donde todos los alumnos escuchan muertos de la risa los aullidos de Kim Cattrall (a la que apodan Lassie) con otro de los profesores mientras tienen un calentón en un vestuario que hace eco sobre la cancha de baloncesto. El paralelismo tiene mucho sentido, aunque las intenciones eran distintas. Mientras Altman lo monta como un ataque a los guardianes de la moralidad en la comedia de Bob Clark es un vehículo más para el humor. 

¿Qué esconde el caótico viaje a Tokio y el oasis del partido de fútbol final?

(SPOILERS)

El tercer acto de M*A*S*H dinamita la continuidad lineal mediante un montaje hiperfragmentado y un clímax narrativamente irrelevante. Desde el atropellado viaje a Tokio hasta el embarrado partido de fútbol americano, Robert Altman antepone la deconstrucción formal y la catarsis lúdica a la trama, cerrando la función con una entrañable e inesperada melancolía de campamento.

Tras acabar conociendo todos, los cirujanos, sus enfermeras, los moralistas, al incompetente y despreocupado coronel, y al encargado del megáfono, otro de los grandes apuntes de del director y guionistas en la película. 

Pilotamos sin freno el helicóptero de MASH* hacia el final de la película y con altas dosis de estrellarnos. Elliott Gould —que a muchos les sonará por ser el mítico padre de los Geller en Friends— termina de consolidar la dupla anárquica junto a Sutherland, un papel de caradura que también se pasa de frenada en varias ocasiones. Al regresar de su caótico viaje a Tokio, donde aparecen vestidos con unos trajes de golf horteras, el uso del zoom de Altman y el montaje fragmentado se vuelven una locura evidente. 

Toda la secuencia de Tokio es un embrollo lioso: se saltan a la recepcionista por pura arrogancia adolescente y desprecio al protocolo militar, cenan con un antiguo amigo para acabar operando en secreto a un bebé civil y extorsionando al coronel local con fotos comprometidas en la cama.

Donald Sutherland en el partido de futbol de MASH

Al volver, el coronel Blake que también se las gasta fino, le cuelga directamente al general el teléfono cuando le llama por las quejas de Margaret en su carta. Y cuando va a comprobar todo presencialmente organiza un partido de fútbol americano entre bases. Aunque el propio encuentro está rodado con gran realismo, barro, zooms y teleobjetivos, a nivel de trama, quién ganaba el partido nos importaba más bien poco. Es un clímax que se queda debajo del mensaje contracultural de Altman y sobrevuela la comedia más directa. 

El cierre suponemos que en su momento dejó al público igual que a la cuadrilla de la Ciénaga, huérfanos de compadreo y tristes por que se acabara la guerra y tuvieran que volver a casa y dejar atrás tantos divertidos momentos. 

M*A*S*H tiene sus fallos, algunos vistos ahora algo groseros que comentaremos enseguida, pero tiene muchos aciertos. Hay que reconocerle que nos ofrece una mirada a una comedia que no se había hecho antes, un humor entre adultos con actitud juvenil, unos diálogos descarados y un nervio documental que convierten el film de Altman en una película transgresora que tiene ganado su impacto en todos los setenta

La mirada de Filmnookset

El bullying y los anacronismos de M*A*S*H

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Revisar la cinta de Altman con una mirada contemporánea sin el trauma de Vietnam tan presente, destapa algunas grietas morales de sus héroes que hoy sentimos desmedidas. Lo que en su estreno se aplaudió como una rebelión contra las instituciones y mandos del ejército por crítica y público, hoy se juzgaría por muchos sectores como acoso machista e incluso unánimemente como un bullying desmedido. 

Vamos a ser claros: mirar esta película hoy en día exige un ejercicio de equilibrismo mental y recordar el año de su estreno. En 1970, un año predilecto para hablar de la guerra con estrenos que ya hemos mencionado, la crítica no reparó en absoluto en la crueldad de algunas bromas; veían a los capitanes Pierce, Trapper y Forrest como abanderados de la contracultura luchando y ganando al sistema. 

El campamento entero espera para ver la broma de las duchas.
El campamento entero espera para ver la broma de las duchas.

Si bien es cierto que la mayoría de ellas asociadas al diálogo rápido y la rebeldía son refrescantes, algunos de los pasajes con “Labios Ardientes” y el Mayor Burns se pasan de la raya. No vemos o al menos no sentimos que la rectitud y el decoro por el que estos dos se han convertido en víctimas de nuestros protagonistas y otras personas del campamento, entre ellas muchas mujeres, sea un castigo totalmente merecido. 

¿Son unos estirados? Si. ¿Han escrito una carta para informar de que hay desorden e insurrección en el campamento? Si. Pero nada de lo que han hecho hasta ahora ha tenido consecuencias sobre nadie. Ni han arrestado a Pierce, ni han quitado el alcohol del campamento, ni tampoco han expulsado a nadie. Pero estos, sin embargo, sí los juzgan y provocan hasta obligarlos a perder el control

Donald Sutherland y Robert Duvall en una escena de MASH

Un ejemplo de ello es que tras retransmitir con un micrófono bajo la cama el encuentro sexual de ambos, el personaje de Donald Sutherland, uno de los que más patina, se acerca a burlarse de Burns y su encuentro nocturno, hasta que consigue hacerle estallar y le acaban expulsando con una camisa de fuerza de la guerra. ¿Lo merece?, que cada uno juzgue. 

Pero quizá la broma que se salta el protocolo es apostarse el color del vello púbico de «Labios Ardientes» y, con la complicidad de casi todo el campamento, la dejan desnuda delante de todos corriendo la tela de la tienda de las duchas para confirmarlo. Por supuesto ella se siente violentada y vulnerable, pero el resto aplaude como si hubieran hecho justicia poética. Este pasaje, es de los que te sacan de la película. 

Este tipo de bromas, que se han repetido en el futuro hasta la saciedad en las comedias de los ochenta como Loca academia de policía (1984), se han pulido a partir de aquí, dejando menos grises y marcando bien los blancos y los negros, para que no tengas dudas de quién merece castigo, y quién merece venganza. 

Y otro de los puntos grises es la historia del polaco Waldowski, que se da cuenta de que puede ser gay, llamándose «invertido» por tener un gatillazo con una chica. Y decide suicidarse en un ritual religioso que acaba en curación milagrosa por una de las enfermeras. 

Aquí la escena de la despedida de Waldowski es un hito estético innegable: Altman calca la composición de La Última Cena de Leonardo da Vinci, sentando al polaco en el centro como Jesucristo y agrupando a los capitanes como apóstoles en un plano totalmente estático y frontal. Una inteligente forma de arremeter de nuevo contra los valores cristianos y convertir al polaco en un sacrificado que va a morir y resucitar de entre los muertos. Hay que reconocer que la puesta en escena es arriesgada pero acertada. 

Fotograma de la escena de la última escena en M*A*S*H
Fotograma de la escena de la última escena en M*A*S*H

A pesar de algunos tropiezos que solo son visibles con el paso del tiempo, el valor de  M*A*S*H para la comedia es innegable, ese lenguaje irreverente, ese pasotismo y el triunfo de los caraduras por encima del sistema son el germen de gran parte del humor de los próximos 20 años, empezando por el estilo de comedia del Saturday Night Live cuando arrancó en 1975.

Recepción del público y taquilla

El ejército estadounidense prohibió la exhibición de la película en sus bases militares. Fue la decisión más torpe posible y la mejor campaña publicitaria gratuita que la Fox pudo soñar.

El público civil, harto de la guerra y del reclutamiento forzoso, llenó las salas. La película recaudó 81,6 millones de dólares, convirtiéndose en el tercer estreno más taquillero del año en Estados Unidos, compitiendo de tú a tú con melodramas blancos como Love Story o el cine catástrofe de Airport.

Datos de producción

En 1970, los despachos de la 20th Century Fox estaban ocupados vigilando dos superproducciones bélicas faraónicas del mismo corte: Patton y Tora! Tora! Tora!. Ambas exigían atención constante, y eran productos de prestigio con clara apuesta para llegar a los Oscar, por lo que el control del estudio era férreo.

El director Robert Altman en el rodaje de M*A*S*H
El director Robert Altman en el rodaje de M*A*S*H

Mientras tanto, en un rincón apartado, le dieron a Robert Altman apenas tres millones de dólares para adaptar la novela de Richard Hooker. Con un guion de Ring Lardner Jr. que había sido rechazado innumerables veces el objetivo era crear un producto rentable. La Fox no esperaba mucho de la película, y esa desatención permitió a su director rodar la película que él quería.

Reparto: el escuadrón del desastre

Para el reparto buscó a actores menos conocidos, ninguno era una estrella y además era lo que precisamente no quería Altman.

Trapper, Margaret Houlihan y el capitán Pierce
Trapper (Elliott Gould), Margaret Houlihan (Sally Kellerman) y el capitán Pierce (Donald Sutherland)
  • Donald Sutherland y Elliott Gould como los capitanes «Hawkeye» Pierce y «Trapper» John McIntyre. El primero fue una elección del productor Ingo Preminger (el productor) tras verle en Doce del patíbulo (1967). Gould ya fue una elección del director, pero inicialmente le quiso para el papel de Forrest, pero se sentía más cómodo con un personaje más de ciudad, así que aceptaron cambiarle. La química de estos dos superó a la del tercero en discordia, que acabó perdiendo protagonismo. .
  • Tom Skerritt era el que completaba el trío de insurrectos, su personaje de capitán «Duke» Forrest en la novela estaba equilibrado, pero lo cierto es que Altman comprendió que no estaba dando el mismo nivel que los otros y le fue quitando escenas.
  • Robert Duvall encarna al mayor Frank Burns, un cirujano teóricamente menos hábil pero más moralista y santurrón, se convirtió en el villano y la diana perfecta para las bromas del campamento.
  • Sally Kellerman es la mayor Margaret «Labios Ardientes» Houlihan, que se alía con Burns para ser la férrea defensora del reglamento. Fue de las pocas actrices que disfrutó trabajando con Altman, y repitió con él varias veces incluso con un papel de editora en Prêt-à-Porter (1994).
  • Gary Burghoff interpreta al cabo Radar O’Reilly. Fue el único actor del elenco principal que dio el salto a la mítica serie de televisión posterior.

Por qué la recordamos

M*A*S*H es hoy una película menos reivindicada que otras de su época, seguramente muchas de las razones están en los temas que ya hemos abordado, en los que el guion no terminó de marcar más claramente a los villanos y justificar algunas de las bromas pesadas que reciben. 

Sin embargo la frescura de muchos de sus diálogos sigue vigente, reconocemos que uno es capaz de reírse con las absurdeces que se retransmiten por la megafonía, la desidia del coronel, y la despreocupada forma en la que los cirujanos afrontan la guerra. 

Robert Altman es un gran director de situaciones y personajes, capaz de encadenar momentos como sketches que funcionan uno detrás de otro, y así darle a todo un barniz de descaro y cotidianidad. La guerra de Vietnam ya no incomoda, pero qué necesario es atacar la actualidad y tensión política con un poco de cinismo, hoy nos falta un poco de esa incorrección que demostró el en 1970.

Y por su revolucionario humor, su capacidad para la sátira y su importante legado posterior, hoy levantamos una mano y decimos, ¡Eh! ¿Te acuerdas de M*A*S*H?

Premios y nominaciones

Premios Oscar (1971)

CategoríaResultado
Mejor películaNominada
Mejor dirección (Robert Altman)Nominada
Mejor actriz de reparto (Sally Kellerman)Nominada
Mejor guion adaptado (Ring Lardner Jr.)Ganadora
Mejor montaje (Danford B. Greene)Nominada

Otros premios y nominaciones

Organismo y añoCategoríaResultado
Globos de Oro (1971)Mejor película – Comedia o musicalGanadora
Globos de Oro (1971)Mejor dirección (Robert Altman)Nominada
Globos de Oro (1971)Mejor actor principal – Comedia o musical (Elliott Gould)Nominado
Globos de Oro (1971)Mejor actor principal – Comedia o musical (Donald Sutherland)Nominado
Globos de Oro (1971)Mejor actriz de reparto (Sally Kellerman)Nominada
Globos de Oro (1971)Mejor guion (Ring Lardner Jr.)Nominado
BAFTA (1971)Mejor películaNominada
BAFTA (1971)Mejor dirección (Robert Altman)Nominada
BAFTA (1971)Mejor actor (Elliott Gould)Nominado
BAFTA (1971)Mejor montaje (Danford B. Greene)Nominado
BAFTA (1971)Mejor banda sonora (Don Hall, David Dockendorf, Bernard Freericks)Nominada
Festival de Cannes (1970)Palma de Oro: Mejor películaGanadora
Sindicato de Guionistas / WGA (1971)Mejor guion adaptado comedia (Ring Lardner Jr.)Ganadora

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