En sus primeros años, Sydney Pollack nos dejó algunas películas muy interesantes, de las cuales Danzad, Danzad Malditos (Baile de ilusiones, 1969) es sin duda la crítica más ácida a la cultura y sueño americano.
Recuperando los maratones de baile que se hacían durante la Gran Depresión en Estados Unidos y la novela de Horace McCoy, vivimos con unos atormentados participantes la deshumanización en tiempos de necesidad, la debilidad cuando nos pisotean y la falta de escrúpulos del sistema por explotarnos para su beneficio.
Consiguió nueve nominaciones al Oscar, así que sí, es una de las películas de finales de los sesenta a conocer, un puente con el nuevo cine americano que se estaba destapando del que es una clara representante; montaje rápido, cámara en movimiento, zooms y una mirada malsana a nosotros mismos.
En ella destaca Jane Fonda, con uno de sus primeros personajes atormentados, enigmática, real y sobrepasada interpreta de forma impecable a Gloria Beatty, una mujer que espera que el premio del concurso le devuelva la dignidad. ¿No sabes por qué esta película merece tu atención?. Entra con nosotros en la pista de baile porque vamos a dar vueltas con mucho sentido…y a analizar su título original, They Shoot Horses, Don’t They? …”Ellos disparan a los caballos, ¿no? ”
Ficha técnica de Danzad, danzad, malditos

| Datos | Información |
|---|---|
| Título en español | Danzad, danzad, malditos (Latinoamérica: Baile de ilusiones) |
| Título Original | They Shoot Horses, Don’t They? |
| Género | Drama |
| Director | Sydney Pollack |
| Actores principales | Jane Fonda, Michael Sarrazin, Susannah York, Gig Young, Red Buttons, Bonnie Bedelia, Bruce Dern, Al Lewis |
| Compositor | John Green |
| Guion | James Poe, Robert E. Thompson |
| Año de estreno | 1969 |
| Estudios/Productora | ABC Pictures / Palomar Pictures |
| Duración | 120 minutos |
Sinopsis sin spoilers
Estados Unidos, 1932. En plena Gran Depresión, con el país en ruina y la clase baja muriéndose de hambre y sin trabajo, cientos de almas desesperadas acuden a un salón de baile en Santa Mónica para participar en una maratón. El premio de 1.500 dólares, una fortuna para la época con la que salir de la pobreza, pero el coste es innegociable: bailar día y noche, con descansos de apenas diez minutos cada dos horas.

Gloria (Jane Fonda), una mujer cínica, solitaria y sin esperanza se apunta al concurso, pero su pareja se queda fuera por enfermedad y tiene que aceptar a Robert (Michael Sarrazin), un joven soñador que deambulaba por la playa. El maestro de ceremonias del concurso, Rocky (Gig Young), que narra para los espectadores todo lo que ocurre, da comienzo a un infierno que convierte la miseria humana en un espectáculo barato.
Crítica de Danzad, danzad, malditos

En una breve introducción, Sydney Pollack nos lleva a los recuerdos de la infancia de Robert, un muchacho que adora la libertad y que vive en amplias llanuras disfrutando de su amor por la belleza y su caballo. Pero su recuerdo se convierte en tragedia cuando la fatalidad de un accidente trunca el futuro del animal, su abuelo, para evitar su sufrimiento decide acabar con él.
Mientras un Robert adulto se pasea por la playa para acabar encerrado en un circo donde se va a celebrar una maratón de baile con un gran premio.
En cinco minutos tenemos presentado el dilema y el mensaje de la película, el mundo adulto y la sociedad creen que es mejor privar de la vida a alguien que ha encontrado dificultades y es arrastrado por su desgracia. Y lo hace intercalando imágenes y sonidos de la libertad, el disparo, las olas y la inocencia de un niño que no entiende pero que acepta ese trauma como lección de vida.
Pollack, que todavía era un joven realizador que ya había hecho algún trabajo interesante como Propiedad Condenada (Una mujer sin horizonte, 1966) y confeso optimista y humanista, no se veía abordando una obra tan oscura y nihilista como la novela de McCoy, pero en plena revolución intelectual del cine, creyó que podría rescatar la crítica antisistema que dominaba el discurso de finales de los sesenta.


El concurso y su presentador, representan el poder y el control sobre el ciudadano medio, que necesitado por la galopante pobreza de principios de los años 30 busca de cualquier forma salir de la necesidad. Y usan a los concursantes del maratón de baile para poner en marcha su maquinaria económica, donde no importa la humanidad, ni el premio, ni el ganador, solo crear espectáculo que venda entradas.
Rocky y la organización les quitan ropa que han traído de las maletas, se aprovechan de su situación de poder para conseguir favores sexuales y les mienten sobre el premio, que es un caramelo al que después le quitarán sustancia cobrando gastos médicos e impuestos. Mientras, la pista de baile funcionará como un terrario en el que la sociedad mirará desde detrás del cristal como sufren y pierden la dignidad los participantes.
Pollack adopta muchos de los recursos narrativos del New Hollywood para entregar una película negra, turbia y cargada de crítica. Narración fragmentada, cámara al hombro en los derbis que se corren a muerte alrededor de la pista, caos, villanos que no son castigados… y lo hace con una gran solidez.

No quiere que haya interferencias, por eso no hay una gran banda sonora ni un recuerdo musical tras la cinta, todas las canciones que se oyen son éxitos de la época en que transcurre la historia: «Sweet Georgia Brown», «The Best Things in Life Are Free», funcionan como bucle de un disco rayado donde bailar es lo menos importa del espectáculo.
Donde sí hay un baile interesante es en el análisis de personajes: el dictador presentador y su acompañante Turkey, que aprueba todas sus negras tácticas, el marine que en vez de ser homenajeado es ninguneado, la actriz fracasada, la mujer embarazada que trae un niño a un mundo en completa decadencia y el soñador de sueños rotos. El director los trabaja muy bien, y les da a cada uno su parte de metraje no solo para presentarlos, sino para contar la historia de todos.
La mejor interpretación
Entre todos ellos destaca Gloria Beatty, una mujer extenuada y sin rumbo, que en la novela tenía un pasado muy doloroso que deliberadamente es borrado para que nos centremos en la maquinaria destructiva del sistema.

Jane Fonda rompe con sus personajes más luminosos (Descalzos por el parque) y pop (Barbarella) anteriores para adentrarse en un alma rota que acaba dominando a la perfección. Con una belleza arrebatadora pero un pesimismo que nos destroza, se muestra irascible, distante y desconfiada, pero con una mirada llena de dolor.
Consiguió su primera nominación al Oscar por su interpretación, y aunque lo ganaría 3 años más tarde por Klute (1972) todavía preferimos su trabajo en Danzad, Danzad, Malditos, donde desprende una melancolía rota que conquista.
En el extremo opuesto reina Gig Young. Un despreciable presentador y dominador de esta farsa de concurso que apesta oportunismo. Representa perfectamente ese sistema que Pollack quiere castigar con su crítica, un sueño americano cimentado en mentiras y sin alma que es pura fachada. Su trabajo, muy creíble, si mereció el Oscar a mejor actor de reparto.
Sin mucho que ver en su trasfondo, pero sí en su personalidad manipuladora, este Rocky recuerda al personaje de Vince Fontaine que una década después idearon para Grease (1978), ese presentador del concurso de Ridel que engañaba a los concursantes, les usaba fingiendo ser su confidente, pero que solo estaba interesado por su imagen y el éxito de su programa.
Más desencantado y anodino está Michael Sarrazin, cuya interpretación cae en la apatía y ensoñación de su personaje, y hace más destacable las apariciones de Susannah York, Bonnie Bedelia o Bruce Dern.
La mirada de Filmnookset
(SPOILERS)
Danzad, danzad, malditos funciona como una antesala de la crítica distópica que fue en los años 80 Perseguido (El sobreviviente, 1987), sin embargo, lo que en la película de Schwarzenegger era una parábola futurista, aquí nos cuenta una realidad que no ha sido inventada.
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La cinta de Pollack muerde porque tiene agallas de mirar a una época de la historia americana donde esa maldad e hipocresía social existió de verdad, y seguramente, no está erradicada. La realidad de los maratones de la Gran Depresión fue, en muchos aspectos, incluso más retorcida y cruel de lo que vemos en pantalla.
Los concursantes se apuntaban por supervivencia, con la promesa de no tener que preocuparse de un techo y la comida durante semanas o incluso meses, muchos morían en el intento ocultados como vemos en la película, metían bailarines profesionales encubiertos para desmoralizar a los concursantes y si estos aguantaban, se inventaban rondas de 48 horas seguidas sin descansos para fundirlos.
Estos maratones no solo existieron en Estados Unidos, sino que también se extendieron intentado replicar el éxito, pero la crueldad de su origen fue cortada de raíz en México, Argentina y España, donde no triunfaron y los intentos fueron mucho más controlados a nivel médico.
Lo que la película muestra junto a las orillas de las playas del “sueño californiano” en Santa Mónica, no tiene en su versión sin embargo azúcares añadidos, y esa falta de interés por la salud de sus semejantes en favor del negocio, es lo que interesó a Pollack, y lo que nos muestra.

Cómo puede aprovecharse un negocio avalado por el sistema, de las miserias que viven sus ciudadanos, apretarlos, engañarlos y usarlos, hasta que son capaces de perder la fe en la vida. Dispuestos incluso a quitársela, y a quitarla, para evitar más sufrimiento. Cuando ni el sueño del premio es real, y el futuro no existe ¿Por qué seguir viviendo?.
Esa es la metáfora que planteó Pollack en sus primeros cinco minutos y da título a la película, si ves sufrir al caballo, como ve Robert sufrir a Gloria, ellos lo matan, ¿no?. ¿Por qué no podía quitar él, ese sufrimiento a Gloria?
Y así, los flashbacks declarando ante un juez sobre un asesinato que vemos durante la película pensando que son parte de un pasado delictivo de Robert, resulta que son sucesos del presente, dando un giro sorprendente que dejan el interrogante de por qué se ha dejado arrastrar a hacer algo así.
En nuestra opinión, Danzad, danzad, malditos es una advertencia cruel de lo que hemos sido capaces de hacer, y de lo que el ser humano ha seguido haciendo, pisar al prójimo para subir peldaños. Una de las mejores películas de su director narrada con un elogiable manejo de la cámara en aquel imberbe 1969.
Datos de producción
Horace McCoy, fue uno de los matones que mantenían el orden en los maratones de baile de los años 30. Lo que allí vio le revolvía tanto el estómago que sintió la necesidad de contar y denunciar lo que ocurrió en ellos, esa fue la razón principal para escribir la novela They Shoot Horses, Don’t They?.
La novela publicada en 1935, tuvo un intento de llevarse al cine en los años cincuenta, sorprendentemente por un maduro Charles Chaplin, pero el proyecto cayó en el olvido por problemas del genio cómico. En 1966 el guionista Joe Poe compró los derechos de nuevo, y fue el primer impulsor del proyecto.
Él hizo el primer borrador y contrató no sin dificultades, porque inicialmente ella no quería, a Jane Fonda. Pero antes de empezar el rodaje fue despedido y se contrató a Sydney Pollack para dirigirla. Aunque hay algo que mucha gente no sabe, y es que Julie Christie, los ojos azules de Doctor Zhivago, fue la primera opción para interpretar a Gloria Beatty, pero rechazó el papel por preferir proyectos de menos exigencia en esta época.

Ya durante el rodaje, para que los actores perdieran la noción del tiempo real del día o la noche Pollack ordenó aislar por completo el plató del exterior. Así que en los estudios de Warner Bros se construyó un decorado ficticio recreando a la perfección un salón de baile de los años 30 en decadencia.
Curiosidades
Conexión con Gremlins 2

Al Lewis, que interpreta al ayudante de Rocky en la organización del concurso siempre con su puro, años más tarde, se convirtió en un icono absoluto de la cultura pop al interpretar al entrañable e inolvidable Abuelo de la mítica serie Los Munsters, un viejo Drácula que te sonará si veías la serie.
El director de Gremlins 2, Joe Dante, que adora homenajear el cine clásico de terror, metió un personaje llamado «Grandpa Fred» (interpretado por Robert Prosky) que vestía exactamente igual para parodiar y rendir tributo directísimo al personaje de Al Lewis en la serie.
El pasado de Gloria
Antes decíamos que Sydney Pollack había evitado contar en su película el pasado y origen de la protagonista, y es que en la novela, su historia es incluso más trágica. En el libro se revela que huyó de Texas porque fue violada y abusada sexualmente por su propio tío y cuando intentó buscar apoyo en otros hombres de su entorno, solo encontró más explotación.
Antes de entrar al maratón de baile, Gloria ya había intentado quitarse la vida ingiriendo veneno, pero estas premisas no quería que las supiera el espectador, porque ponían una motivación para morir fuera de la historia que el director quería que estuviera cercada por el contexto opresivo y desgastador del concurso, y de un sistema asfixiante.
Por qué la recordamos
Danzad, danzad, malditos fue un bombazo crítico que consolidó a su director, que en los siguientes años nos dejaría algunas maravillas más como Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972) o Los tres días del Cóndor (1975) y además consiguió 3 Oscar.
A pesar de que ella no lo ganó, confirmó que Jane Fonda había dejado de ser «la hija de Henry Fonda» para convertirse en una actriz por encima de la estrella que ya empezaba a ser. Fue el inicio de unos dorados años 70 en los que fue una de las grandes actrices de la década.
La recordamos porque no llegó al estatus de clásico indiscutible, y hoy en día no suele verse en plataformas ni reivindicada como lo que fue, una película arriesgada que se sumó a la corriente que habían iniciado films como El graduado (1967) y compartió ese mismo año con otras como Easy Rider – Buscando mi destino (1969). El inicio de un cambio en cómo narrar y qué historias contar. Sin duda una de las cintas más destacables del New Hollywood temprano.
No hay excusa ahora mismo, porque no está en plataformas pero se puede encontrar en YouTube para ver en versión doblada al castellano, latino y también en original. Con una simple búsqueda.
Premios y nominaciones
Premios Oscar (1970)
| Categoría | Resultado |
|---|---|
| Mejor Actor de Reparto (Gig Young) | Ganador |
| Mejor Director (Sydney Pollack) | Nominado |
| Mejor Actriz (Jane Fonda) | Nominada |
| Mejor Actriz de Reparto (Susannah York) | Nominada |
| Mejor Guion Adaptado | Nominado |
| Mejor Dirección Artística | Nominado |
| Mejor Vestuario | Nominado |
| Mejor Montaje | Nominado |
| Mejor Banda Sonora | Nominado |
Otros premios y nominaciones
| Organización y año | Categoría | Resultado |
|---|---|---|
| Globos de Oro (1969) | Mejor película Drama | Nominada |
| Globos de Oro (1969) | Mejor dirección (Sydney Pollack) | Nominada |
| Globos de Oro (1969) | Mejor Actor de Reparto (Gig Young) | Ganador |
| Globos de Oro (1969) | Mejor Actriz (Jane Fonda) | Nominada |
| Globos de Oro (1969) | Mejor Actor de Reparto (Red Buttons) | Nominado |
| Globos de Oro (1969) | Mejor Actriz de Reparto (Susannah York) | Nominado |
| BAFTA (1971) | Mejor Actriz de Reparto (Susannah York) | Ganadora |
| Círculo de Críticos de Nueva York (1969) | Mejor Actriz (Jane Fonda) | Ganadora |
| Sindicato de guionistas (1970) | Mejor guion adaptado | Nominado |



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