Dos en la carretera (1967) Póster en inglés

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Cuando todavía se creaban comedias románticas clásicas, Stanley Donen quiso hacer una radiografía de la pareja sin corsé, creando una especie de road movie llena de baches, risas y melancolía. 

Dos en la carretera (Un camino para dos, 1967) es una de esas joyas que diseccionan el amor sin anestesia. Con Audrey Hepburn y Albert Finney como protagonistas, la cinta convierte un viaje por la Riviera francesa en un análisis entrometido del matrimonio, con sus subidas, bajadas y rutinas.

Donen hace uno de sus trabajos más terrenales, más alejado de su glamour habitual de claqué y espías para crear una obra más madura. Con guion de Frederic Raphael y música de su inseparable Henry Mancini, Dos en la carretera es un ejemplo del cine de desencanto y atrevido de finales de los 60 que miraban la vida con más realismo: nos conmueve y emociona a la vez que nos deja el corazón al borde del arcén.

Ficha técnica de Dos en la carretera

DatosInformación
Título originalTwo for the Road
Título en España y América latinaDos en la carretera / Un camino para dos
DirectorStanley Donen
GuionFrederic Raphael
Reparto principalAudrey Hepburn, Albert Finney, Eleanor Bron, William Daniels, Claude Dauphin, Jacqueline Bisset
MúsicaHenry Mancini
FotografíaChristopher Challis
MontajeMadeleine Gug
Diseño de vestuarioPaco Rabanne, Mary Quant (colaboración no acreditada)
Estudio / Distribuidora20th Century Fox
Año de estreno1967
Duración111 minutos
GéneroDrama, romántica, road movie
Presupuesto estimado5 millones USD
Recaudación mundial12 millones USD (aprox.)

Datos de producción

Stanley Donen llevaba más de una década asociado a los musicales más brillantes —Cantando bajo la lluvia, Siete novias para siete hermanos—, pero durante los sesenta su brújula creativa cambió de dirección. Ya en 1963 sorprendió con Charada, una película elegante sobre espionaje, y después se interesó por el amor, pero no desde la comedia romántica, sino sobre el camino que recorren las parejas a lo largo de los años. Así nació Dos en la carretera, su película más moderna, más europea y quizá la más personal de toda su filmografía.

El proyecto surgió de un guion original de Frederic Raphael (Darling – 1965 y Eyes Wide Shut – 1999), que había escrito una historia no lineal sobre el matrimonio, con saltos temporales que alternaban la pasión del principio con el desgaste de los años. Donen leyó el libreto y lo consideró una oportunidad de abordar de forma honesta y madura a las parejas. Fox aceptó producirla, aunque no sin dudas: la estructura fragmentada y el tono adulto se alejaban del cine romántico convencional aunque confiaron en la maestría contrastada del director.

Two for the road reparto

Audrey Hepburn es Joanna Wallace

Para el casting, el director pensó de inmediato en Audrey Hepburn, a quien ya había dirigido en Una cara con ángel (La cenicienta de París, 1957) y la mencionada Charada. En 1966, Hepburn estaba en una etapa de madurez, buscando personajes más complejos, y Joanna Wallace era una mujer con su encanto natural habitual, pero capaz de romperse por dentro y desnudar sus cicatrices.  Luego explicaría que aceptó el papel porque reflejaba con realismo los altibajos del matrimonio, algo que ella entendía muy bien en ese momento en el que su relación con Mel Ferrer atravesaba una crisis seria.

El papel masculino recayó en Albert Finney (Erin Brockovich – 2000, Big Fish – 2003), que por aquel entonces era una estrella emergente británica gracias a Tom Jones (1963). Su energía impulsiva  y arrogancia conectaban con la juventud de los 60, y Donen quería alguien opuesto al perfil masculino de los galanes que solían acompañar a Hepburn. Necesitaba un actor que no adorara a Audrey, que discutiera con ella, que la empujara, que le sacara lo mejor, y Finney tenía ese perfil.

Albert Finney es Mark Wallace

Donde se rodó Dos en la carretera (Un camino para dos)

La fotografía de Christopher Challis, con luz natural y color saturado, tenía que aprovechar la calidez del sur de Francia, donde se rodó casi íntegramente. Las localizaciones incluyeron carreteras de Provenza, Niza y la Costa Azul, además de varios interiores filmados en los estudios Pinewood, en Inglaterra. 

Entre los sitios que visitaban en sus viajes, estaban por ejemplo El Aeropuerto de Lydd, el Château de Chantilly (Francia), o el puerto de Niza, además de las carreteras y parajes que iban atravesando en las distintas épocas. 

La escena del coche averiado se rodó en el Château de Villette, en Condécourt (Francia), un icono del clasicismo francés que representa el ficticio ‘Domaine St. Just’.

Vestuario de Paco Rabanne

Desde Sabrina (1954), Hepburn y Givenchy eran un binomio inseparable, pero Donen quería romper con la imagen de Audrey como icono clásico del glamour y mostrar a una mujer real, moderna, de carne y hueso, viviendo los 60. 

El guion saltaba entre distintas etapas temporales de un matrimonio, y una de las formas más explícitas de centrar al espectador en cada situación temporal, presente y diferentes pasados, era a través del look y el vestuario de la actriz. 

Paco Rabanne, acababa de revolucionar la moda en París con su desfile de 1966 “12 vestidos imposibles de llevar”, hechos de metal, vinilo y plástico. Y Donen que le conocía a través de una relación le pidió que participara en la película. 

El vestuario es fundamental en la concepción temporal de la pareja

Los looks más convencionales del pasado los diseñó el británico Ken Scott, y Rabanne creó los atuendos de la “etapa contemporánea” del personaje, donde Joanna aparece como una mujer independiente, sarcástica y segura. Sus minivestidos geométricos, gafas XL y bolsos eran puro mod y contrastaban con la moda casual y ese jersey rojo de las escenas del pasado situando al espectador.

Música y banda sonora

La música corrió a cargo de Henry Mancini, colaborador habitual de Donen, e inseparable también de Hepburn desde Desayuno con diamantes. Su tema principal, Two for the Road, que mantenía su estilo sofisticado, anticipó el tono melancólico y urbano de dramas de los 70 como Love Story o Tal como éramos. Mancini introdujo timbres propios de la música popular francesa e instrumentos como el acordeón, la celesta y el clavicordio eléctrico para situarnos en la Provenza. 

Sinopsis sin spoilers

Joanna y Mark Wallace viajan por el sur de Francia para asistir a una boda. Es un trayecto que han hecho muchas veces en el pasado, pero ahora el viaje está lleno de recuerdos. Por eso les vemos en distintos momentos de su relación: cuando se conocieron como jóvenes mochileros sin dinero, cuando se casaron, cuando discutieron…

A través de saltos de tiempo la película traza un retrato sincero del amor, la infidelidad, y el desgaste. Y eso les lleva a plantearse su situación actual y su futuro. 


Crítica de Dos en la carretera

Dos en la carretera es una película compleja y arriesgada para su tiempo, Stanley Donen, director de estudio con sobrada capacidad para sacar adelante grandes proyectos, decide aquí hacer un trabajo intimista, muy lejano a las formas de sus anteriores películas, influido por el cine británico y la nouvelle vague francesa.

Dos en la carretera muestra una faceta cómica muy humana de Audrey

El resultado sorprende por su eficacia y su sinceridad, sabiendo mantener el drama en su sitio casi sin caer en lo melodramático, y la comedia con gran altura gracias en parte a una Audrey que encaja como un guante en la ingenua jóven y sarcástica madura Joanna Wallace.

La película le debe mucho al guion de Frederic Raphael, que estuvo nominado al Oscar y que es una joya adelantada en su concepción al cine de su época. Fragmentando la relación en episodios que no siguen un orden cronológico y la utiliza para reflejar cómo la memoria distorsiona el amor. Los buenos momentos se mezclan con las peleas, los viajes felices con los silencios incómodos… Se notaba que Frederic tenía talento, no en vano acababa de ganar el Oscar gracias a Darling con Julie Christie.

Visualmente, la película se alinea con el cine europeo de su tiempo, la forma en la que se aborda como una road movie, los colores del Mediterráneo, los coches descapotables, los hoteles, las vistas y el vestuario le dan a la película un aire muy innovador para su año. 

En el reparto, Hepburn, está más humana que nunca, creando una mujer juvenil y espontánea, y de una madurez rota, dolida e hiriente. Joanna es una romántica empedernida, pero una mujer capaz de perderse, y de hecho lo hace, en la monotonía del matrimonio.

Albert Finney, por su parte, es todo explosión, menos emocional y más pragmático, su química con Hepburn no termina de cuajar en los momentos iniciales del romance—quizá porque su personaje al principio es receloso—, y eso resta fuerza a su historia romántica. Donen retrata con brillantez el desencanto y la confrontación, pero le falta quizá hacernos creer que ese amor merecía la pena. 

Uno de los grandes aciertos está, nada más empezar, el arranque de la película, con créditos diseñados por Maurice Binder y el tema principal de Two for the Road de Mancini, son en sí mismos una pequeña joya, por las imágenes fragmentadas de su viaje y esa melodía que transita entre el jazz del autor, la nostalgia y el modernismo.

La mirada de Filmnookset

Albert Finney es Mark Wallace

Dos en la carretera (Un camino para dos) es un ejercicio entre romanticismo y desencanto, entre belleza visual y la verdad. Donen quería adelantarse a su tiempo, filmando una película adulta sobre la necesidad de recordar por qué uno se enamora, y consigue su propósito. 

En 1966, Mike Nichols mostró el despiadado retrato de un matrimonio hecho pedazos en ¿Quién teme a Virginia Woolf?, y un año después, Stanley Donen nos contó cómo se llega hasta ahí… y si hay camino de regreso. El director de Charada es más benévolo: aún deja espacio para la ternura y la esperanza. Pero, en el fondo, ambas películas son el mismo espejo de un Hollywood que cambia y donde los cuentos ya no acaban siempre bien.

Opiniones de Two for the road de la crítica en su época

Cuando se estrenó en 1967, dividió a la crítica, algo que no es nuevo, de hecho rara vez es unánime: Para algunos, era un ejercicio de modernidad y honestidad; para otros, un experimento estilístico y frío. The New York Times destacó su estructura “atrevida e ingeniosa”, mientras que Variety sí alabó la química de la pareja protagonista, por el realismo que transmitía. 

Audrey Hepburn y Albert Finney en Dos en la Carretera

Sin embargo, en Estados Unidos el tono adulto, a pesar del final conciliador, desconcertó a parte de la audiencia más tradicional. Algunos críticos esperaban una comedia romántica al uso de Hepburn y se encontraron con una disección del matrimonio transgresora en aquella época.

Aun así, la película obtuvo una nominación al Oscar a Mejor Guion Original, y Henry Mancini recibió una candidatura por su banda sonora en los Globos de Oro. En Europa, donde el público estaba más acostumbrado a los saltos temporales de la nouvelle vague, fue recibida con entusiasmo, y de hecho consiguió la Concha de Oro de San Sebastián a Mejor Película.

Con el paso de los años, Two for the Road se ha revalorizado como una de las obras maestras tardías del director. La crítica la redescubrió como un antecedente directo de películas sobre el desencanto romántico como Kramer vs. Kramer, Antes del amanecer (1995) o Historia de un matrimonio (2019). Revistas cinematográficas como Sight & Sound, Film Comment y Positif la han reivindicado como una obra adelantada a su tiempo.

Recepción del público y taquilla

Aunque no fue un fenómeno en taquilla como Bonnie and Clyde aquel año, Dos en la carretera tuvo un éxito notable para su tono adulto. Recaudó cerca de 12 millones de dólares, más del doble de su presupuesto, y se mantuvo varias semanas en el Top 10 de la taquilla estadounidense. En Reino Unido fue especialmente celebrada, impulsada por la figura de Albert Finney y la presencia de Hepburn, cuya imagen seguía siendo sinónimo de éxito.

Con los años, Un camino para dos se ha convertido en una película de culto para quienes buscan historias de amor clásicas sin filtros. Hoy, lejos de envejecer, su narrativa con saltos temporales la mantiene fresca, y salvo pequeñas partes —como una escena cómica rodada a cámara rápida con la familia de los Bonnet o algún momento melodramático subrayado— , todavía funciona como ejemplo de cine de transición entre el clasicismo y el Nuevo Hollywood.

Premios y nominaciones

Organismo y añoCategoríaResultado
Festival de San Sebastián (1967)Concha de Oro – Mejor PelículaGanador
Premios Oscar (1968)Mejor guion original (Frederic Raphael)Nominada
Globos de Oro (1968)Mejor actriz – Comedia o musical (Audrey Hepburn)Nominada
Globos de Oro (1968)Mejor banda sonora original (Henry Mancini)Nominada
BAFTA (1968)Mejor guion británico (Frederic Raphael)Nominada
Sindicato de Directores de Estados Unidos (1968)Mejor dirección en largometraje (Stanley Donen)Nominada
Sindicato de guionistas británico – WGGB (1968)Merit Scroll – Mejor guion original (Frederic Raphael)Ganador
Círculo de Escritores Cinematográficos – CEC (1968)Mejor película extranjeraGanador

Curiosidades

Audrey Hepburn su papel más personal

Audrey Hepburn durante el rodaje de Dos en la carretera

En entrevistas publicadas en The New York Times (abril de 1967) y Photoplay, Hepburn explicó que la película se acercaba más que ninguna otra a su propia experiencia emocional. Se veía reflejada en la historia de un matrimonio con altibajos.

En el libro Audrey Hepburn: An Elegant Spirit, su hijo Sean Ferrer dijo: 

“Mi madre sentía que Joanna Wallace era la mujer más real que había interpretado. Por primera vez no era un personaje ideal, sino alguien con dudas y frustraciones, como cualquiera.”

En 1966, cuando rodó la película, llevaba diez años casada con Mel Ferrer y el matrimonio ya estaba muy deteriorado. Los problemas entre ambos eran públicos en el entorno del rodaje; varios miembros del equipo, incluido Stanley Donen, comentaron después que Audrey estaba emocionalmente vulnerable mientras grababan muchas escenas. Y esa humanidad fue reflejada por la crítica en su época.

Vestuario adelantado a su tiempo

Vestuario de Paco Rabanne para Dos en la carretera

Varios de los conjuntos de Two for the Road se conservan en colecciones privadas y en el Victoria & Albert Museum de Londres, dentro de la exposición “The Sixties Fashion Revolution”.

El museo los presentó como ejemplos de la transición entre la alta costura parisina y el ready-to-wear británico, justo dos mundos que Hepburn unió en una misma película.

Su vestuario no fue solo una atrezzo para la película, sino que se ha quedado como un documento histórico de la moda que marcó el final de la década. 

Los coches de la carretera

Además de la ropa y el peinado de Audrey, otro de los elementos protagonistas en la película son los coches. Durante los diferentes viajes se pueden ver varios modelos, pero los más representativos son estos tres. 

Mercedes-Benz 230 SL [W113] (1965)

Mercedes-Benz 230 SL [W113] (1965)
  • Color: Blanco marfil.
  • Uso en la película: Es el coche más icónico y se asocia a la etapa acomodada del matrimonio.

Triumph Herald 1200 Convertible (1961)

  • Color: Rojo.
  • Aparece en: Las escenas cuando son jóvenes, aún sin dinero pero con ilusión por recorrer el sur de Francia.
Triumph Herald 1200 Convertible (1961)

 MG TD de 1953

MG TD (1953)
  • Color: Verde oscuro con rejilla frontal
  • Uso en la película: Es el que más utilizan durante la pelícua, en él van en su primer viaje a la costa al desembarcar en Niza, y es el que se quema frente a Domaine St. Just.

Enlaces de interés

  • Tema principal Two for the Road – Henry Mancini con los créditos iniciales: Ver en YouTube
  • Crítica original del New York Times (1967 – Inglés) – Leer en New York Times
  • La dificultad emocional de Audrey en la película e influencias posteriores. Leer en rtve

Legado y por qué la recordamos

Dos en la carretera es una mirada lúcida al amor y sus fracturas. Sin dramatismos ni moralejas, Stanley Donen repasa la convivencia con una visión que sigue resultando moderna. Su estructura fragmentada inspiró a Woody Allen y a Richard Linklater, que encontraron en ella un modelo para Annie Hall o Antes del amanecer.

La película devolvió a Audrey Hepburn algo que ella había dado incondicionalmente al cine durante años: reconocimiento y reconciliación con su propia vida. Su introspección en Joanna le permitió mirar hacia adentro y reconstruirse. Casi sesenta años después, sigue siendo un ejercicio adelantado a su tiempo, una mirada al matrimonio sin el azúcar clásico que podía haberse rodado diez años más tarde, y treinta. 

Por eso la recordamos, porque fue valiente, sonó a futuro, dejó atrás las luces y se adentró en las sombras de las relaciones. Nos recuerda que el amor no solo son esas canciones que suenan al inicio, sino también los silencios que vienen después, y que pueden llenarse de conversaciones.


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