Poster original de Rosemary's Baby.

Reparto, director y compositor de esta película con biografía en FilmNookSet

Analizamos con gran dedicación, a cada una de las estrellas sobre las que escribimos. Entra y descubre su historia, filmografía y curiosidades.

Aún no hemos creado la ficha de los actores, director o compositor, en breve las iremos incluyendo, mientras, puedes leer a continuación todo sobre la película: Ficha técnica, datos de producción, sinopsis, crítica y curiosidades.


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En los años sesenta el cine comercial miraba muy pocas veces al género del terror. Y cuando lo hacía, solía ser con cautela y presupuestos ajustados, aunque entre ellas Hitchcock creó la obra maestra del género Psycho, fue Rosemary’s Baby, La semilla del diablo, la película que rompió tabúes de verdad y empezó a poner la alfombra al terror adulto y masivo que la década de los setenta nos traería: El exorcista (1973), La profecía  (1976), Carrie (1976), Terror en Amityville (1979). 

Sin embargo El bebé de Rosemary, no tiene nada que ver con los terrores sobrenaturales de ninguna de ellas, porque su atmósfera y horror se construyen a través de la soledad de un chica frágil, atrapada en un entorno que conspira contra ella mientras mientras la ignora, y en el que sus miedos están en una frontera difusa entre descubrir la verdad…o si se está volviendo completamente loca. 

Roman Polanski consiguió su primer éxito de taquilla en Estados Unidos después de varios años de carrera europea, y con el film su proyección internacional despegó como uno de los directores más prometedores del momento. La película es hoy un clásico indiscutible del terror y una de las pioneras del género actual. Vamos a adentraremos en el edificio Dakota donde ocurre todo, pegaremos la oreja a sus paredes para escuchar susurros, ritos y cánticos, y para acompañar a Rosemary y sujetarla cuando nadie más lo hace


Ficha técnica de Rosemary’s Baby

Poster en español de La semilla del diablo
DatoInformación
Título originalRosemary’s Baby
Título en españolLa semilla del diablo / El bebé de Rosemary
DirectorRoman Polanski
GuionRoman Polanski (basado en la novela de Ira Levin)
Reparto principalMia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon, Sidney Blackmer
MúsicaKrzysztof Komeda
FotografíaWilliam A. Fraker
Estudios / ProductoraWilliam Castle Productions / Paramount Pictures
Año de estreno1968
Duración136 min
GéneroTerror
Presupuesto$3.200.000 (aprox.)
Recaudación33 millones USD (aprox.)

Datos de producción

William Castle, director y productor de películas de serie B de terror tuvo acceso a la novela antes de publicarse y vio en ella la posibilidad de crear su gran película, así que hipotecó su casa para comprar los derechos a Ira Levin.

El escritor ya se había ganado un reconocido prestigio en el género del suspense con títulos como Un beso antes de morir (1953), e incluso como autor teatral. Quiso introducirse en el terror psicológico de una mujer que está embarazada de algo de otro mundo, en un ambiente gótico y siniestro pero rodeado de cotidianidad. 

Castle estaba decidido a dirigirla pero la productora dispuesta a financiar la película no le quería a él. La novela de Levin tenía todos los ingredientes para convertirse en un éxito y no confiaban en la pericia de un director conocido por generar trucos baratos en los cines como hacer sobrevolar esqueletos de plástico durante sus proyecciones. 

Robert Evans junto a Mía Farrow  en 1968

Para convencerle de que su decisión era la correcta, Robert Evans (a la izquierda en el centro de la imagen), ejecutivo de la Paramount, le animó a tener una reunión con Roman Polanski que era su elegido. El director había conseguido gran reputación por su películas británicas Repulsión (1965) y sobre todo al sorprender con su mezcla de géneros en El baile de los vampiros (1967), donde agitaba humor, el homenaje al terror del cine clásico de la Hammer, y la sátira. 

Castle descubrió en el cineasta polaco un gran interés y una visión técnica de su película que le sorprendió y se mantuvo como productor, una gran decisión a la postre porque Rosemary’s baby fue un éxito de público y se convirtió en su producción más taquillera. 

Reparto de La semilla del diablo

Con Polanski ya en el proyecto la elección del casting tuvo bastante que ver con su visión personal. Para el papel de Rosemary primero pensó en una mujer sana, fuerte y sexy que representara el contraste de la transformación del personaje, y por eso se barajaron nombres como Jane Fonda, Tuesday Weld o Julie Christie. La primera era la preferida de la Paramount, pero después, el director cambió de idea. 

Mía Farrow hace uno de sus primeros papeles en El bebé de Rosemary.

El mismo Robert Evans sugirió a Mía Farrow a la que había visto en la serie La caldera del diablo en antena desde 1964, y Polanski estuvo de acuerdo porque vio que su fragilidad encajaba con el personaje y según la fue conociendo descubrió en ella una actriz “extremadamente disciplinada», muy sensible y que no usaba trucos en su interpretación. 

Para el personaje de su marido inicialmente se entablaron conversaciones con Robert Redford, pero un problema con un conflicto de los estudios le sacaron del proyecto. Así que buscó un actor que pareciera del método del Actor’s Studio y pensó en John Cassavetes, para completar el reparto faltaban los dos inquietantes vecinos, la pareja formada por Sidney Blackmer y Ruth Gordon, la única pero acertadísima propuesta de Castle, porque con su amigable y cercana interpretación se llevó varios premios.

Los ancianos Castevet son los vecinos de Rosemary y Guy.

Donde se rodó 

Escena de Rosemary's Baby con los taxis de Nueva York

La semilla del diablo se rodó prácticamente íntegra en Nueva York, pero no fueron sus calles su gran protagonista, sino que lo fue el edificio Dakota, una antigua mansión pegada a Central Park con varias décadas de historia negra en la que se había basado el propio Ira Levin para su libro

A pesar de ello, los interiores del edificio y las escenas dentro de los apartamentos se rodaron en los estudios de Paramount en Hollywood para que el director pudiera tener control total sobre el diseño de los sets, y así poder reconstruir la escala y estrecharla consiguiendo esa sensación asfixiante que él quería. 

Polanski a diferencia de otros directores que ruedan con la película perfectamente ideada en su cabeza, prefería primero ver cómo sus actores contruían la escena con naturalidad, para después seguirles con la cámara. En contra de esa libertad durante la acción, luego era un director que le obsesionaban los detalles, quería que tuviera sentido cómo estaban colocadas las cosas al construir el plano, por ejemplo la posición de los brazos, y por eso necesitaba que los interiores cumplieran con la visión que tenía. 

Banda sonora de Rosemary’s Baby

Krzysztof Komeda, era un pianista de jazz y compositor colaborador habitual de Polanski, Para ambientar las escenas uso melodías de jazz, pero su gran acierto vino con la Nana que creó para los títulos de crédito y que rompió el canon en el género. 

Usó la voz de la propia Mia Farrow para tararear la nana que le cantaría a su bebé, usando motivos infantiles por primera vez en el género mezclados con un clavecín, piano medieval, y logrando un contraste inquietante que se ha convertido en uno de los sellos indiscutibles de la película. Posteriormente Pesadilla en Elm Street, Terror en Amityville  o la actual Expediente Warren, recuperaron esa idea para crear sus aterradores coros y música en sus narrativas.


Argumento sin spoilers

John Cassavetes y Mía Farrow cenan en su piso vacío recién mudados.

Rosemary Woodhouse y su marido Guy se mudan a un apartamento soñado en el centro de Manhattan, al imponente edificio Dakota, un lugar rodeado de rumores sobre antiguas muertes y extraños rituales. Aun así, la pareja se deja seducir por la amplitud del piso y la promesa de empezar allí una nueva vida juntos. 

Ella quiere construir un hogar donde poder formar una familia, y él es un actor preocupado por su estancada carrera. Sus amables vecinos están dispuestos a ayudarlos en todo lo posible a acomodarse, hasta ser excesivamente invasivos.

Todo parece encajar hasta que una noche ocurre algo que lo altera todo. A partir de entonces, lo que el resto del mundo acepta con naturalidad empieza a llenarle la cabeza de dudas a Rosemary. Y cuanto más intenta aferrarse a la lógica, más sola se siente frente a un entorno que insiste en decirle que no pasa nada.


Crítica de La semilla del diablo

Roman Polanski cogió la historia de Ira Levin y respetando su atmósfera opresiva creó una película que cocina el terror psicológico a fuego lento. En ella resalta la fragilidad de su protagonista como si estuviera tapada por una sábana traslúcida, en la que está visible y desprotegida de las maquiavélicas intenciones de su entorno. 

El edificio Dakota se muestra como un castillo gótico vampírico frío y amplio, tiene ese aura de edificio maldito en el centro de Nueva York como dos décadas más tarde tendría el número 55 Central Park West, el edificio de Dana Barrett de Cazafantasmas. Una película que recogió algunas referencias para poner sus dosis el terror de la película de Polanski, incluso musicales como la pieza Expectancy.

Escena de la lavandería en La semilla del diablo.

Los pasillos, el piso vacío cuando están recién llegados, los planos cortos de Rosemary, la decoración, la sala de lavandería, todos los espacios elegidos reafirmaban la claustrofobia del lugar, y a cámara sabe ser elegante y sigilosa, dejando que la imaginación del espectador haga el resto. Se alabó la dirección de Polanski en su momento y por supuesto tiene mérito su intención.  

(SPOILERS)

La película se destapa cuando ocurre la violación onírica de Rosemary, con ella intentando entender si es real o una pesadilla, y a su alrededor se monta un rito psicodélico que rueda con mezcla de imágenes que tratan de horrorizar a la vez que no muestran nada. Un momento que quizá envejece mal porque ahora somos capaces de aguantar lo explícito, y porque tiene esa fusión europea de la ensoñación con flashbacks e imágenes borrosas. 

Curiosamente a partir de ese momento nos viene de nuevo la calma, y aquí hay tres ideas que se desarrollan

  • El complot. Poco a poco empezamos a ver una telaraña que se ha tejido alrededor de su protagonista en la que hay más de un depredador, sus vecinos Minnie y Roman, su marido que pacta con la secta para conseguir mejorar en su carrera como actor, su impostado doctor. Todos conspiran contra ella para que no sospeche y deje que los acontecimientos pasen. 
  • El aislamiento. Nadie puede interrumpir su plan, ni su amigo Hutch, ni su antiguo doctor, ni sus amigas que no paran de decirla que el dolor continuo no es normal en el embarazo. Todos son apartados de Rosemary. Su única conexión con el mundo acaba siendo precisamente quienes conspiran contra ella, sembrando la duda sobre su propia cordura.
  • El conflicto sobre su propio cuerpo. Vemos como sus vecinos empiezan a aparecer demasiado en sus vidas, cómo alteran los planes del embarazo, el cuidado, le cambian de médico, la obligan a beber un jugo que no sabe que es… y ella, pierde la opción de decidir cómo cuidarse, y qué es mejor para ella y su bebé. 

Todas se nos ponen sobre la mesa incomodarnos como a ella, para construir después un thriller sobre el descubrimiento de la verdad. Sus vecinos forman parte de una secta adoradora del Maligno que ha engendrado en ella al hijo del diablo. Pero no son satánicos aterradores, son un asilo de viejecitos simpáticos con ideas pintorescas y macabras, un club de chismosos ricos que han planeado y manipulado a Rosemary, pero su plan es real y su hijo tiene la mirada de su padre. Pero no la de Guy.

Mía Farrow está fantástica como Rosemary, adelgazó más de diez kilos durante el rodaje para simular su enfermamiento, pálida, delicada, con esa voz cándida que nos amansa y hace que empaticemos más con ella. Algunos dicen que la propuesta de divorcio de Frank Sinatra durante el rodaje la influyó para conseguir dar más de sí. Su trabajo tuvo recompensa solo en forma de nominaciones, al Globo de Oro y al BAFTA británico, pero su legado en el género sí ha tenido gran impacto, películas posteriores han usado el molde de chica frágil y andrógina como Sissy Spacek en Carrie (1976) o Shelley Duvall en El Resplandor (1980).

El director y actor John Cassavetes, convence a pesar de no involucrarse demasiado como marido con intenciones tan despreciables como reprochables. Colabora del complot sin remordimientos, no duda de que su mujer es la puerta a una vida mejor y la usa impunemente, esperando eso sí no sabemos por qué, que le llegará a perdonar algún día. Cassavetes usó el dinero que ganó con la película para dirigir una de sus obras más personales, Rostros (Faces, 1968) con la que compitió por el Oscar a mejor actriz de reparto con La semilla del diablo

Ruth Gordon ganó el Oscar por su papel de Gladis

Que fue finalmente para Ruth Gordon, una actriz leyenda del teatro y guionista de éxito que a los 72 años tuvo esta oportunidad. Bordando a esa anciana simpática que dejarías las llaves de tu piso y que te fiarías de sus zumos sin problemas, su manipulación es totalmente natural, porque no dudarías de ella si no fuera porque es terca como una mula insistiendo. Su trabajo nos recuerda mucho a la bruja Gladis que Amy Madigan construye en la reciente Weapons (2025).

La semilla del diablo tiene ese gran cartel de ser una de las mejores películas de terror de la historia, al menos del siglo XX, y tiene merecida la fama que se ganó en su momento, pero para no llevarse inequívocos tenemos como siempre que ponerla en el contexto de su estreno y entenderla como la obra que fue. 

Contexto histórico: verla con los ojos de su época

1968 era la época de la juventud hippie, el amor libre, movimientos ambos que atraían a Polanski y sobre los que se construye el personaje de Rosemary, pero también era una época convulsa política con las manifestaciones contra la guerra de Vietnam y los asesinatos de líderes como John y Robert Kennedy.

El cine empezaba a dejar atrás la fabrica de sueños de Hollywood para hacer películas más comprometidas y realistas, dramas como El graduado o thrillers como Bonnie and Clyde se convirtieron en estandartes de un nuevo cine, y Polanski rompió esas mismas reglas para el género del suspense y terror. Su forma de grabar asfixiando lo cotidiano supuso una ruptura que conquistó al publico y creó escuela posterior.     

Verla hoy, por primera vez…

Rosemary’s Baby tuvo la desgracia de llamarse en España La semilla del diablo, un título que hacía un spoiler directo al desenlace de la trama, y que con el paso del tiempo, entre su mitológico estatus dentro del género y películas posteriores como La profecía (1976) y su universo, en las que sí hay un terror sobrenatural en el hijo del maligno, se desvirtuaron su historia y sus intenciones. 

Algunos igual piensan encontrar una obra maestra de la tensión y el «jump scare» capaz de ridiculizar a las actuales. Han pasado sesenta años desde su estreno, y por muy revolucionaria en su momento como otras, el cine ha sabido evolucionar muy bien su forma de narrar, ha mejorado efectos, ha convertido en realidad pesadillas de todo tipo hasta provocarnos taquicardias, pero cuando tiene que construir tensión sobre lo cotidiano, le debe a Polanski haber puesto esta piedra en el camino. Esta semilla en el terror de cada día. 

Opiniones de Rosemary’s baby de crítica y público

La semilla del diablo fue uno de esos casos en los que crítica y público se unieron para abrazar una película como gran fenómeno del año. El éxito que ya había cosechado la novela jugó a su favor, y en las salas consiguió multiplicar por diez su presupuesto.

La prensa alabó la dirección de Polanski, y la interpretación de Farrow, los dos grandes ganadores en su estreno cuyas carreras acabaron de despegar junto con ella. En 2014, fue seleccionada para su preservación en el National Film Registry de la Biblioteca del Congreso por su importancia histórica y estética. 


Curiosidades

La maldición de la película

La semilla del diablo, al igual que otras películas de terror posteriores como Poltergeist (1982) fue señalada en su día como una obra maldita por la cantidad de muertes que se produjeron a su alrededor. 

  1. El compositor Krzysztof Komeda murió poco después del estreno de un edema cerebral repentino del que no se tuvo mucha información. 
  2. Un año después del estreno, tuvo lugar uno de los asesinatos múltiples que más conmocionó a la sociedad americana. Tres miembros de la familia Manson, Susan Atkins, Tex Watson y Patricia Krenwinke, asesinaron a sangre fría a Sharon Tate, mujer de Roman Polanski, que estaba en su domicilio con unos amigos embarazada de su primer hijo. La actriz era la protagonista femenina de la mencionada el baile de los vampiros, y su triste final fue cambiado con justicia histórica por Quentin Tarantino en Erase una vez en Hollywood (2019).
  3. Edificio Dakota: Antes del rodaje, ya era conocido por sus historias macabras y por haberse cometido en él hasta 12 suicidios, pero es que también era la residencia del famoso Beatle John Lennon cuando David Chapman lo asesinó a escasos metros de su domicilio.

Adaptación para televisión

En 2014, Zoe Saldaña, Gamora del universo del UCM, protagonizó una adaptación para la NBC de la película. La película se mudó a París y cambió a la pareja de ancianos por dos jóvenes ricos, además de que quiso modernizar el terror incluyendo más escenas explícitas. 


Enlaces de interés

  • Repaso de la revista Time de la película y su mitología en el 30 aniversario de su estreno (Inglés): Leer en Times.com 
  • Vídeo sobre las curiosidades del edificio Dakota. Ver en eitb.eus 

Premios y nominaciones

OrganismoCategoríaResultado
Oscar (1969)Mejor actriz secundaria (Ruth Gordon)Ganadora
Oscar (1969)Mejor guion adaptado (Roman Polanski)Nominada
Globos de Oro (1969)Mejor actriz principal – Drama (Mia Farrow)Nominada
Globos de Oro (1969)Mejor actriz de reparto (Ruth Gordon)Ganadora
Globos de Oro (1969)Mejor guion (Roman Polanski)Nominada
Globos de Oro (1969)Mejor banda sonora original (Krzysztof Komeda)Nominada
David di Donatello (1969)Mejor director extranjero (Roman Polanski)Ganador
David di Donatello (1969)Mejor actriz extranjera (Mia Farrow)Ganadora

Por qué la recordamos

La semilla del diablo es una de las películas fundacionales del terror moderno, creando atmósferas sofocantes para ponernos alerta de los peligros que acechan en la puerta de al lado, son innumerables las películas que con posterioridad han usado las narrativas que construyen esta película. 

La claustrofobia del entorno, los cultos satánicos, y la indefensión y soledad de la protagonista han sido después reutilizados en la década posterior en muchas películas ya mencionadas, pero incluso hoy en día en Hereditary (2018) ahonda en los mismos miedos para modernizar su mito y Déjame salir (2017), donde su director Jordan Peele, la ha citado directamente como inspiración.

Reconocemos que su terror no ha sobrevivido igual, pero todavía sigue siendo apasionante acompañar a Rosemary en su viaje e indignarse con ella por la conspiración. Los clásicos no tienen siempre esa etiqueta por ser una obra intocable en un altar, sino por haber sido revolucionarias y ricas en su aportación, y sin duda en esto lo fue. Quizá su terror ya no muerda igual, pero sigue incomodando de la misma forma. Y eso, en una cuna que se balancea al ritmo de esa inquietante nana, sigue dando muy mal rollo.


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