Un clásico atemporal que equilibra el drama y la comedia con maestría
Pocas películas pueden presumir de haber dejado una huella tan profunda en la historia del cine como El apartamento (The Apartment, 1960). Dirigida por el legendario Billy Wilder, esta obra maestra combina con elegancia la comedia y el drama, retratando con ironía y ternura la soledad en un mundo corporativo despiadado. A través de un guion que no deja oportunidad para despellejar a quien se ponga por medio y unas interpretaciones que marcan carreras, la película se ha convertido en un referente del cine clásico y sigue hoy conquistando espectadores décadas después.
Protagonizada por Jack Lemmon y Shirley MacLaine, El apartamento ofrece un retrato agridulce del ascenso social y las relaciones humanas en un contexto laboral tóxico. Pero más allá de su crítica social, es una historia profundamente humana, con personajes complejos y diálogos que destilan ingenio y melancolía a partes iguales.

Con cinco premios Óscar, incluyendo Mejor Película, y una dirección impecable, esta obra de Billy Wilder sigue siendo un referente del séptimo arte.
Datos de producción de El apartamento
| Datos de El apartamento | Detalles |
|---|---|
| Título en Hispanoamérica | Piso de soltero |
| Género | Comedia, Drama |
| Director | Billy Wilder |
| Reparto principal | Jack Lemmon, Shirley MacLaine, Fred MacMurray |
| Compositor | Adolph Deutsch |
| Guion | Billy Wilder, I.A.L. Diamond |
| Año de estreno (EEUU y España) | 1960 (EEUU), 1961 (España) |
| Duración | 125 minutos |
| Recaudación mundial | $24,6 millones |
Sinopsis de El apartamento (sin spoilers)

En una inmensa oficina neoyorquina, C.C. «Bud» Baxter (Jack Lemmon) es un modesto empleado con grandes aspiraciones. Para escalar posiciones en la empresa, cede su apartamento a sus jefes para que estos mantengan encuentros extramatrimoniales. Mientras Bud soporta el abuso de su hospitalidad, se siente cada vez más atraído por Fran Kubelik (Shirley MacLaine), una encantadora ascensorista con su propio drama sentimental.
Sin embargo, cuando las circunstancias sacan a la luz la verdadera naturaleza de quienes los rodean, Bud y Fran deberán replantearse su papel en el juego de poder que domina sus vidas.
Crítica cinematográfica de El apartamento
Billy Wilder y el equilibrio entre la comedia y el drama
Si algo hace grande a El apartamento es cómo Billy Wilder utiliza los espacios, los planos y los objetos para contar la historia sin necesidad de verbalizarla. Visualmente, el director subraya constantemente la pequeñez de Baxter frente a la inmensidad de la deshumanizada oficina, así como su desamparo físico y emocional.
Lo vemos en el frío que tiene que soportar esperando en la calle a que sus jefes terminen sus encuentros, y en la profunda soledad que transmite el plano de Baxter plantado a las puertas del teatro Majestic para ver The Music Man, esperando a una cita que nunca llegará. Wilder también brilla en el uso narrativo de los objetos, como ese golpe visual donde descubrimos lo borracho que está Baxter en el bar simplemente contando el número de aceitunas de martini que ha ido acumulando sobre la barra.
Pero si hay un momento donde la maestría en su dirección y narrativa alcanza su cima, es en la famosa escena del espejo. Es un punto de inflexión brutal construido a base de contrastes. Por un lado, Baxter está exultante en la fiesta de Navidad porque por fin ha conseguido el puesto de sus sueños; por otro, Fran está totalmente destrozada al descubrir que solo es una conquista más en la lista de su amante, el mismísimo señor Sheldrake.
Cuando Baxter le pide opinión a Fran sobre su nuevo sombrero de directivo y ella le presta su polvera para que se mire, las piezas encajan. Baxter reconoce el espejito roto de su interior: es el mismo que el de la amante de Sheldrake se había dejado en su apartamento semanas atrás y que él mismo le había devuelto a su jefe. En ese instante demoledor, Wilder enfoca el rostro de Baxter reflejado a través de las grietas del cristal. Su reflejo está roto, al igual que acaba de romperse algo muy profundo dentro de él: el mundo entero se le desmorona al darse cuenta de que la mujer de la que está enamorado es la amante secreta de su jefe.
Jack Lemmon y Shirley MacLaine: química perfecta

Jack Lemmon ofrece una de sus mejores interpretaciones como el entrañable C.C. Baxter («Buddy», como le llaman en la oficina). Su actuación es una combinación impecable de comedia física y gestual (la mirada, las muecas, la desgana) y su deconstrucción emocional (decepción, culpa, indignación), logrando que el espectador empatice con su personaje desde el primer minuto a pesar de sus indeseables tratos con sus jefes.
Por su parte, Shirley MacLaine brilla como Fran Kubelik, una chica de la que cualquiera se enamoraría o al menos por la que tendría simpatías si se cruzara con ella en el ascensor. Es ocurrente, no se muerde la lengua, segura de sí misma. Pero que en la intimidad de su relación con Sheldrake se hace pequeña, engañada e incapaz de escapar; algo que parece evidente que ha pensado, pero siempre se deja embaucar. Hasta sorprende que una chica tan inteligente no vea la manipulación. Un personaje complejo que le valió ganar el Globo de Oro y una merecidísima nominación al Oscar.
El antagonista de la historia, Jeff Sheldrake, interpretado por Fred MacMurray, encarna con maestría la hipocresía de la cabeza visible del capitalismo corporativo. Ante los demás, proyecta la imagen de un hombre recto y un líder intachable. Cuando descubre la red de favores de Baxter, parece que va a poner fin a esta indecencia, cortando el grifo a los jefes de sección. Sin embargo, la realidad es mucho más sucia: Sheldrake no quiere limpiar la moral de la empresa, simplemente quiere eliminar a la competencia para ser el único que se aproveche del piso de Baxter.

Guión marca de la casa Wilder/Diamond

Los diálogos a lo largo de toda la película son tremendamente mordaces. Wilder y su coguionista, I.A.L. Diamond, introducen el humor en situaciones que, sobre el papel, resultan indignantes, envolviéndolas en esa ironía y acidez a la altura de su leyenda.
Lo vemos en la contestación de Baxter a sus jefes, que se quejan de que ya no pueden usar el piso ahora que él ha conseguido su ascenso, y cómo, cuando irrumpe Sheldrake, echa a todos y les dice: «Mi puerta está siempre abierta… la de la oficina».
Igual de brillante es la forma en la que Fran arremete contra su amante en el piso, cuando este le ofrece suciamente 100 dólares como regalo de Navidad, y ella se va a quitar la ropa en señal de que ha pagado bien por su infidelidad: «Creo que es un buen precio».
O cómo se indigna una de las chicas que va al apartamento con un jefe de sección y que, al ver que ya no pueden disponer del piso de Baxter, se siente ninguneada por tener que verse en un coche: «Ya le he dicho que se busque un coche más grande, o una amante más pequeña».
Ese dominio absoluto del tono le permite a Wilder saltar al vacío e intercalar sin despeinarse los momentos más dramáticos con los más cómicos. La película es capaz de mostrar el trágico intento de suicidio de Fran en el apartamento y, en paralelo, llevarnos al bar donde un patético y borracho Baxter baila con una mujer cuyo marido «está en la Cuba de Castro el barbudo». Aquí, por cierto, Wilder no pierde la oportunidad de colar la política internacional de 1960 en medio de una comedia con drama incorporado, haciendo eco del reciente conflicto cubano en los diálogos de sus personajes.
Banda sonora y fotografía: un complemento ideal
La música de Adolph Deutsch aporta la atmósfera melancólica perfecta para la película: el tema musical principal que escuchamos en la película es, en realidad, la melodía que toca el pianista en el restaurante chino donde Sheldrake y Fran suelen tener sus encuentros furtivos, vinculando la música directamente a la melancolía de su romance tóxico.
Mientras que la fotografía en blanco y negro de Joseph LaShelle refuerza la sensación de realismo y tristeza en una comedia que se habría visto extraña en color.
La mirada de Filmnookset
1. El ecosistema tóxico de la oficina: méritos, favores y falsa moralidad
En El apartamento, el verdadero villano no es una persona, sino el ecosistema corporativo en el que se mueve su protagonista. Baxter no es un estratega maquiavélico que haya diseñado un plan maestro para ascender, sino un oficinista solitario que se ha dejado arrastrar por una bola de nieve.
La cesión de su llave para que los jefes de sección usen su apartamento como picadero para sus conquistas extramatrimoniales es una situación que se ha ido dando con el tiempo, empeorando hasta atraparle. A través de este chantaje encubierto, la película deja en evidencia una corrupción laboral desoladora: en esta empresa, ascender por méritos profesionales es una utopía; el éxito solo se consigue mediante el intercambio de favores.
Toda esta fachada de respetabilidad de los años 60 salta por los aires de forma magistral durante la fiesta de Navidad de la empresa. La decadencia absoluta se apodera del piso 29 en unas escenas grotescas que, recuerdan inevitablemente a los excesos que ya más de cincuenta años después Martin Scorsese desplegaría en la oficina de El lobo de Wall Street. Ver a esa multitud de directivos supuestamente respetables, completamente borrachos, enrollándose con secretarias por las esquinas y a mujeres haciendo striptease encima de las mesas, subraya la brutal doble moral de una sociedad trajeada que, en el fondo, está podrida por dentro.
2. La indignación, el médico y la redención
El arco final de la película se apoya en una figura fundamental: el vecino de Baxter, el Dr. Dreyfuss. Él es quien interviene para salvar la vida de Fran cuando esta se toma los somníferos. Sin embargo, esta situación genera una enorme indignación en el espectador.
El médico asume de inmediato que Baxter es un mujeriego empedernido y el culpable de haber llevado a la chica al límite. Y lo que más nos frustra como público no es solo que sepamos que Baxter es inocente, sino que él, por inercia, sumisión y costumbre, acepta toda la culpa y sigue empeñado en cubrir a su jefe.
Pero esta crisis es el catalizador que Baxter necesitaba. A través de este episodio, se le cae por fin la venda de los ojos. Se da cuenta de que Sheldrake es un miserable que no siente nada real por Fran y que, en el fondo, tiene la intención de seguir usándola para luego dejarla tirada.
Es en ese momento de lucidez moral cuando Baxter comprende que el ascenso y los beneficios que ha obtenido están manchados. Descubre que no quiere el éxito de esa manera y decide, por primera vez, dejar de ser un número en la oficina para convertirse en un ser humano (un «mensch», como le diría su vecino), un hombre de verdad.
En definitiva, El apartamento es una obra maestra atemporal que sabe mejor con un segundo sorbo, cuando uno sabe que acaba de ver una crítica a todo un sistema corrupto y a la sociedad conservadora en vez de una comedia romántica de los años sesenta para pasar el rato. Una película llena de capas que deshojar y que, por eso mismo, se ha convertido en una de las cimas de su director y en una de las obras indiscutibles del siglo XX.
Curiosidades del rodaje de El apartamento
Wilder y los soviéticos
En plena Guerra Fría, «El apartamento» fue muy aplaudida por el bloque comunista. La prensa soviética la interpretó como una dura crítica a la decadencia moral, la explotación laboral y el salvaje sistema capitalista estadounidense. Durante una cena homenaje a Billy Wilder en Berlín Oriental (controlada entonces por los soviéticos), el director hizo un discurso en el que demostró que le daba igual dónde o delante de quién decía lo que pensaba
Dijo que la historia de la película era universal y podía haber ocurrido en cualquier lugar del mundo, en Nueva York, París, Tokio o Londres… pero añadió que era imposible que hubiera ocurrido en Moscú. El público soviético rompió a aplaudir entusiasmado, creyendo que Wilder los estaba elogiando por encima del sistema capitalista al que criticaba.
Pero cuando cesaron los aplausos, remató la frase sin ningún pelo en la lengua: «No podría ocurrir en Moscú porque allí nadie tiene su propio apartamento».
El entusiasmo inicial se convirtió en un silencio sepulcral en la sala. Una vez más el director encontró la forma de hacer una crítica con sarcasmo a un tema social: la falta de vivienda privada en la Unión Soviética.
Otras curiosidades
- La película se inspiró en un pequeño detalle de Días sin huella (1945), donde un personaje menciona haber usado un apartamento ajeno para sus aventuras.
- Jack Lemmon improvisó la famosa escena de los espaguetis con raqueta de tenis.
- Shirley MacLaine no conocía el final de la película hasta el día de rodaje.
- Billy Wilder se negó a que la película fuera en color, ya que el tono sombrío de la historia funcionaba mejor en blanco y negro.
Premios y nominaciones de El apartamento
| Organismo y año | Categoría | Resultado |
|---|---|---|
| Oscar (1961) – 33ª edición | Mejor película | Ganadora |
| Oscar (1961) – 33ª edición | Mejor dirección (Billy Wilder) | Ganadora |
| Oscar (1961) – 33ª edición | Mejor actriz principal (Shirley MacLaine) | Nominada |
| Oscar (1961) – 33ª edición | Mejor actor principal (Jack Lemmon) | Nominado |
| Oscar (1961) – 33ª edición | Mejor actor de reparto (Jack Kruschen) | Nominado |
| Oscar (1961) – 33ª edición | Mejor guion original (Billy Wilder, I.A.L. Diamond) | Ganadora |
| Oscar (1961) – 33ª edición | Mejor montaje (Daniel Mandell) | Ganadora |
| Oscar (1961) – 33ª edición | Mejor fotografía (B/N) (Joseph LaShelle) | Nominada |
| Oscar (1961) – 33ª edición | Mejor dirección artística (B/N) (Alexandre Trauner, Edward G. Boyle) | Ganadora |
| Oscar (1961) – 33ª edición | Mejor sonido (Gordon Sawyer) | Nominado |
| Globos de Oro (1961) – 18ª edición | Mejor película – Comedia | Ganadora |
| Globos de Oro (1961) – 18ª edición | Mejor dirección (Billy Wilder) | Nominado |
| Globos de Oro (1961) – 18ª edición | Mejor actor principal – Comedia o musical (Jack Lemmon) | Ganador |
| Globos de Oro (1961) – 18ª edición | Mejor actriz principal – Comedia o musical (Shirley MacLaine) | Ganadora |
| BAFTA (1961) | Mejor película | Ganadora |
| BAFTA (1961) | Mejor actor extranjero (Jack Lemmon) | Ganador |
| BAFTA (1961) | Mejor actriz extranjera (Shirley MacLaine) | Ganadora |
Legado en el cine de El apartamento
Considerada una de las mejores películas de la historia, El apartamento ha influenciado a numerosos cineastas, desde Woody Allen hasta Alexander Payne. Su mezcla de humor y drama ha servido de referencia para películas como Jerry Maguire o Lost in Translation.
Además, la historia de un «hombre corriente» atrapado en un sistema impersonal sigue siendo relevante en la actualidad, haciendo que la película se mantenga vigente más de seis décadas después de su estreno.








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