El guateque (La fiesta inolvidable en Hispanoamérica) fue, ante todo, un reencuentro por necesidad. Blake Edwards y Peter Sellers volvían a cruzar sus caminos tras el éxito de La pantera rosa (1963), en un momento en el que el director empezaba a encadenar tropiezos desde que acertara con la tecla de La carrera del siglo (1965) pese a su descomunal presupuesto.
Tenía una receta que se sabía de memoria, coger ambientes sofisticados envolverlos en el jazz elegante y sinuoso de Henry Mancini, y hacerlos estallar estirando las situaciones que siempre rompía un personaje fuera de sitio, normalmente el menos adecuado. Cuando Edwards contaba con Sellers ese caos le sentaba bien, pero su mala relación a pesar del retorno posterior de la saga del inspector Clouseau, no permitió que esa fórmula se repitiera muchas veces.
Quizá mejor tener este oasis entre su saga de trompazos de La pantera rosa en los años 70, porque hizo que crearan una de las películas culminantes de la comedia de su década y, muy probablemente, el más inspirado de la colaboración Edwards–Sellers. Así que recogemos nuestra invitación —aunque claramente no iba dirigida a nosotros— y nos colamos en esta fiesta del descontrol para contarte por qué El guateque es la party más recordada de su tiempo.
Ficha técnica de El guateque

| Datos | Información |
|---|---|
| Título Original | The Party |
| Títulos en español | El guateque, La fiesta inolvidable |
| Género | Comedia |
| Director | Blake Edwards |
| Actores principales | Peter Sellers, Claudine Longet, Natalia Borisova, Jean Carson, Marge Champion, Al Checco, Corinne Cole, Dick Crockett, Frances Taylor, Danielle De Metz, Herbert Ellis, Paul Ferrara, Steve Franken |
| Compositor | Henry Mancini |
| Guión | Blake Edwards, Tom Waldman, Frank Waldman |
| Año de estreno (EE.UU.) | 4 abril 1968 |
| Año de estreno (España) | 27 enero 1969 |
| Estudios / productora | The Mirisch Corporation; distribución: United Artists |
| Duración | 99 min |
| Presupuesto | 2,9 MM $ |
| Recaudación mundial | 18 MM $ |
Datos de producción
Después de varios fracasos de Blake Edwards, y la fama de descontrolado con los presupuestos que se había ganado con su película La carrera del siglo, los estudios no tenían tan claro que el director fuera una inversión fiable, estaba empezando a ponerse en duda su gancho de antaño.
Peter Sellers pasaba por una situación similar, desde Dr. Strangelove (1964) no había vuelto a tener un éxito unánime y venía de ver como se la pegaba su 007 experimental Casino Royale, así que los dos, director y actor, llegaron a un acuerdo para rodar esta película que con muy poco guion, alrededor de 63 páginas, basaba toda su suerte a la comedia física del cómico y su improvisación.
Su experiencia anterior, El nuevo caso del inspector Clouseau (Un disparo en la oscuridad) funcionó como rebufo del buen sabor de boca que había dejado La Pantera rosa, pero indudablemente su calidad y eficacia cómica ya bajaba enteros además de que las tensiones entre ambos se habían disparado. Edwards escribió el personaje de Hrundi Bakshi directamente para Sellers, e hicieron un pacto de no agresión por el bien de la película que acabó con ese tratado por las nubes, porque no volvieron a trabajar juntos hasta 1975 cuando recuperaron a Clouseau de nuevo por necesidad comercial.
Rodaje de The Party
El proyecto empezó con título provisional R.S.V.P. y arrancó en mayo de 1967 con un rodaje corto de entre dos y tres meses. Los exteriores de la llegada de los invitados se realizaron en una casa real ubicada en 9271 Robin Drive, California. Mientras, el interior de la mansión fue un decorado creado expresamente para la película en los estudios Samuel Goldwyn, la idea era construir un «patio de recreo» para Peter Sellers que permitiera a la cámara seguirle de forma fluida a través de diferentes gags sin necesidad de cortes.

Aquí había algo importante, y es que introdujeron una novedad importante al rodaje, para que el experimento de improvisación no disparara los costes, se utilizó una tecnología pionera de reproducción de vídeo instantánea. Esto permitía ver lo que acababan de rodar sin esperar al revelado del negativo, ahorrando miles de dólares en repetir escenas innecesarias.
La música corrió a cargo por supuesto de Henry Mancini, compositor inseparable del director desde que rodaron juntos El temible Mister Cory (1957) con Tony Curtis. El compositor de Moon River volvió a elegir su jazz melódico para crear una ambientación elegante en una fiesta dentro de una mansión Hollywoodiense de los sesenta. Sus canciones como Pary Poop con coros femeninos chic e instrumentales como Elegant, ponen la nota naif a la fiesta contrastando con el desastre que se avecinará.
Sinopsis sin spoilers

Hrundi Bakshi es un actor indio que trabaja como extra en una película, pero es despedido por sus continuas torpezas e intromisiones en el rodaje. Debido al sobrecoste en la producción, el estudio decide vetarlo, pero por un error su nombre es colocado en la lista de invitados de una fiesta exclusiva de uno de los ejecutivos de la productora.
Bakshi llega en un peculiar Morgan Super Sports de 1933 de tres ruedas que ya anticipa el desastre, desde que entra en la fiesta se encuentra fuera de lugar, propiciando que toda la organización se ponga patas arriba en cada escena y llevando todo a situaciones realmente cómicas.
Crítica de El guateque (La fiesta inolvidable)
Blake Edwards siempre ha sido un director con gusto para la orquestar situaciones cotidianas llevadas a la exageración para provocar el gag desde el golpe inesperado, así lo ha demostrado en la construcción de escenas como la fiesta de Desayuno con diamantes en el piso de Holly, o como en todo lo que le ocurre a su personaje más célebre, el inspector Clouseau que interpretaba el propio Peter Sellers.
En The party, improvisa la trama alrededor de los momentos cómicos que va construyendo para Hrundi Bakshi, que es tan desesperadamente torpe como capaz de hacernos reír. Sellers interpretó a un hindú que hoy habría removido a los defensores de la incursión por su caracterización y su ataque cultural, ¿un inglés haciendo de un indio maquillado?, pero no podía ser de otra manera si tenemos en cuenta que el proyecto debía contar con él sí o sí de protagonista.

Los gags se van encajando uno tras otro, desde el fuerte que vuela accidentalmente durante el rodaje, los desfiles imposibles en la casa para cruzar la estrecha pasarela sobre una piscina en la entrada,la manipulación imprudente del cuadro de mandos de la domótica de la casa, o la avergonzante escena en la que atasca un inodoro con un rollo entero de papel higiénico.
La fisicidad de Sellers agarra la osadía de su personaje, que pasa de un molesto trozo de carne entre las muelas a incitador para que bañen a un elefante en la piscina de la casa, así se inventa a un torpe de bandera precursor del estilo de Mr. Bean, que Rowan Atkinson ha citado en numerosas ocasiones como influencia del personaje que le dio fama.

El guateque funcionó en su estreno y todavía lo hace a ratos por porque el duo Edwards-Sellers trabajaba el Slapstick tratando de enganchar al espectador en cada situación, pero tiene tres aspectos que a pesar de su genio la hacen flaquear a veces:
- Lo primero es el tiempo, querer alargar una consecución de trompazos y despistes durante un largometraje es complicado si no hay una trama más allá de un guion, que como ya hemos dicho, tenía apenas sesenta páginas, y eso la hace perder el norte según avanza.
- La fiesta se parece a cualquiera de las que rodaría Edwards en la década, ambiente de cinco estrellas, música de Henry Mancini con la que suenan las copas de martini, no tan acertada esta vez, y personajes sacados de una jet set ridiculizada. Hubiera estado bien innovar en la ambientación por una vez, porque sin ir más lejos, esas fiestas las volvemos a ver casi veinte años más tarde en su Cita a ciegas (Bella… pero peligrosa, 1987).

- Y lo último la historia romántica, claramente forzada, en la que rebajan a una aspirante actriz al nivel de Bakshi para crear la conexión entre ambos y darnos un final feliz con nueva relación incluida, que sinceramente no era necesaria dentro del caos que produce el actor indio en la fiesta que es lo realmente interesante.
Aun así no podemos pasar por alto los grandes momentos cómicos que los tiene, y la mitificación de convertirse en una de las comedias más recordadas de los sesenta, seguramente porque apuntaló un estilo de humor físico que era muy poco habitual, y esto sí es mérito del director, que se había adelantado varios años a su tiempo.
La mirada de Filmnookset
(SPOILERS)
The party se estrenó como una intrusa en una época de cambio de Hollywood, mientras muchos directores estaban mirando a Europa para traer una mirada moderna desde la Nouvelle Vague francesa, Edwards buscó entre sus aciertos para replicar una fórmula exitosa, y de ella nace su película, y muere su riesgo.
Si hubiera querido hacer algo más que encadenar escenas cómicas, seguramente nos hubiéramos encontrado un clásico imperdible, pero La fiesta inolvidable se quedó delgada, como su guion, y eso la pesa durante sus 99 minutos.

A pesar de eso hoy todavía podemos disfrutar de un primer visionado, pero nos cuesta pensar que sigue teniendo la fuerza de 1968, aunque no olvidamos que algunas de sus escenas son todavía desternillantes. Steve Franken es la nota de autenticidad que perdura con más fuerza, sus escenas aprovechando los chupitos que deja sin beber Sellers, y la famosa escena de la cena con su tremenda borrachera, son sin duda de lo mejor de la película.
Opiniones de la crítica en 1968
En su estreno, El guateque no consiguió el aplauso unánime de la crítica, se alabó la inspiración que alterna momentos de humor con nota con otros donde el gag se alarga más de la cuenta. Variety fue una de las que dijo que la película funcionaba perfecta como un corto cómico, pero que estirarla demasiado la hacía caer en el tedio.
Muchos la relacionaron con estilo de Jacques Tati (especialmente su visualmente hipnótica película Playtime, estrenada un año antes 1967) donde el humor a través del gag predomina sobre la historia y en la que hay un climax similar, en la película de Tati se les va de las manos la inauguración del restaurante Royal Garden mientras que aquí la mansión del productor de Hollywoood acaba llena de espuma después de bañar a un elefante. Y también por supuesto es comparada con la comedia física de Buster Keaton y Charles Chaplin, ambos maestros del golpe, la exageración y la comicidad hecha para verse.

Con el tiempo, se ha ganado su reputación como película de culto y representante la comedia física de su época, además de que se la atribuye ser pionera el uso de la videoasistencia (video assist), que permitía al director ver el resultado de las escenas en Set sin esperar al revelado, lo que hacía más fácil dar rienda suelta a la improvisación general sin miedo a sobrecostes por tener que repetir tomas.
Curiosidades
Premios

El guateque, como se llamó en España como recuerdo de las fiestas juveniles de los años sesenta, puede parecer que por su fama de película de culto, pudiera ser una film colmado de nominaciones, pero no fue así, de hecho la película sólo tiene una nominación de la Asociación Turca de Críticos de Cine de 1970 a mejor película extranjera.
Enlaces de interés
- AFI Catálogo – Ver en AFI.
- Reseña de Roger Ebert (En inglés). Leer en RogerEbert.com
- Mejor escena de El guateque, nuestra preferida sin duda: Ver en YouTube
Por qué recordamos The party
Lo primero es que hay que reconocerle que recupera el espíritu de comedia física que tan bien agitó Edwards con su cine anterior en La pantera Rosa, un tipo de humor que se había perdido y que apenas se visitaba desde los mencionados clásicos del cine mudo de los años 20. Poder sentarse a disfrutar de un rato divertido acompañado de Sellers siempre es una proposición a priori apetecible.
1968 fue un año en el que llegaron propuestas rupturistas y camaleónicas, porque se estrenaba la filosófica 2001 de Kubrick, La anti-suicida La extraña pareja de Gene Saks, el miedo psicológico de La semilla del diablo de Polanski, la distópica El planeta de los simios de Franklin J. Schaffner, todas películas con mensajes, donde The Party era una apuesta por sacar partido a lo que había funcionado bien, por hacer cine comercial que vendiera. Era en definitiva una película que no buscaba riesgos, pero en su sencillez, y en su experimental técnica de rodaje video assist, encontró su hueco para el recuerdo como una de las grandes comedias del siglo XX.
Por eso su impacto se ha dejado notar en películas posteriores como El príncipe de Zamunda (Un príncipe en Nueva York) donde Murphy, admirador de Sellers, se adapta a la gran ciudad fuera de su ecosistema, o Zoolander (2001) donde Ben Stiller está también fuera de sitio. Pero su aportación más directa es la creación de Apu, el dueño del badulaque de Los Simpson, que es un homenaje directo al brownface que Edwards hizo al maquillar a un actor inglés para darle apariencia hindú.
En FilmNookSet la tenemos guardada en el cajón de las recomendaciones por su capacidad para hacernos reír con lágrima incluida, porque consigue Hrundi Bakshi nos de lástima sin vergüenza ajena y porque los desmadres que se van de las manos siempre son una fiesta de la espuma refrescante.





Deja una respuesta