Hollywood era una fábrica de sueños perfectamente engrasada que durante años había maravillado al público con grandes historias, moldeado la las ideas del mundo a base de lecciones cómo en el cine negro, y todo con un sistema perfectamente diseñado y controlado por los grandes estudios.
A finales de los años cincuenta eran cinco los que controlaban la industria:
- Metro-Goldwyn-Mayer (MGM): El gran gigante de las superproducciones de lujo. Ben-Hur (1959), Con la muerte en los talones (Intriga internacional, 1959)
- Paramount Pictures: Conocido por su diversidad de títulos y acierto. Los diez mandamientos (1956), Vértigo (1958), Una cara con ángel (1957).
- 20th Century Fox: Innovadora y rey de las comedias. La tentación vive arriba (La comezón del séptimo año, 1955), Tú y yo (Algo para recordar, 1957), Eva al desnudo (La malvada, 1950)
- Warner Bros.: Famoso por sus dramas sociales, western y cine negro. Rebelde sin causa (1955), Ha nacido una estrella (Nace una estrella, 1954), Río bravo (1959).
- RKO Radio Pictures: Aunque desapareció a finales de los cincuenta, creó grandes éxitos en el pasado como, Ciudadano Kane (1941), King Kong (1933), ¡Qué bello es vivir! (1946).

Mientras… Universal, Columbia y United Artists trataban de crearse un hueco a la vez que una pequeña productora de dibujos animados empezaba a destacar con sus largometrajes animados como La dama y el vagabundo (1955) y La bella durmiente (1959), era claro Walt Disney Productions.
El cambio del cine norteamericano: nacimiento del New Hollywood
Pero a finales de los años 60, todo ese sistema de estudios empezó a tambalearse, las estrellas que habían moldeado y dominado la pantalla en los años anteriores empezaban a hacerse mayores. Y salían nuevos ídolos juveniles protagonistas de historias más cercanas a su realidad, el vacío post-universitario, la tensión política de Vietnam, el asesinatito de Kennedy, y los movimientos por los derechos civiles y la contracultura que estaban movilizando a una nueva generación.
La televisión había vaciado las salas de muchas familias que antes disfrutaban juntos del cine y ahora tenían programas para todas las edades. El Código Hays, que controlaba el discurso y la censura de las películas imponiendo cortes y dominando la moral de lo que era correcto y ético empezó a perder fuerza.
Películas como Con faldas y a lo loco (Una Eva y dos Adanes, 1959) o Psicosis lo habían desafiado, pero otras como ¿Quién teme a Virginia Woolf? (1966), descarnada batalla matrimonial entre el alcohol y el insulto entre Elizabeth Taylor y Richard Burton; o La jauría humana (1966) de Arthur Penn con su denuncia corrosiva del sur y su violencia desmedida acabaron por dejarla sin poder.

Pero a ello se sumaron una nueva ola de autores y directores arriesgados que quisieron contar nuevas historias, con menos glamour, y más mala leche. Ese cambio tuvo un nombre: New Hollywood, y durante unas fechas muy concretas, el cine pasó de ser una fábrica de sueños a un golpe de realidad. Los estudios fueron perdiendo fuerza en favor de los productores independientes y los directores con talento.
Películas como Bonnie and Clyde (1967), El graduado (1967), Easy Rider (1969) o Cowboy de medianoche (1969) no solo triunfaron: rompieron el pacto emocional del cine clásico. Los protagonistas ya no eran héroes de moral blanca, sino personajes de carne y hueso frágiles, perdidos y que solo buscan sobrevivir. La violencia se volvió más explícita. El sexo dejó de ser solo una sugerencia que acababa en fundido a negro. Y el montaje se volvió más trepidante, hasta la música y las bandas sonoras eran cada vez menos orquestales y melódicas.
El cine americano se fijó en Europa —en los directores de la Nouvelle Vaguefrancesa que graban con cámara en mano lo cotidiano, o a la crudeza y desesperación de postguerra del neorrealismo italiano— y muchos como Warren Beatty estaban deseosos de importar esos estilos y algunos como o Mike Nichols directamente empezaron con ellos.

Pero todo este cambio no solo afectó a las películas, los directores y los estudios. Muchas grandes estrellas vieron como poco a poco iban aterrizando estas corrientes en un mundo que ellos habían dominado, pero que ahora necesitaba antihéroes, jóvenes liberales y caras nuevas. Los modelos del pasado ya no servían.
Todo ese caldo de cultivo terminó de eclosionar durante los años setenta, una década en la que surgieron una nueva camada de autores que dominaron el cine. Scorsese (Taxi Driver, 1976), Coppola (El padrino, 1972), Spielberg (Tiburón, 1975), William Friedkin (El exorcista, 1973) entre otros. Y estos buscaron, con un gran respeto por el cine que conocieron, esos rostros que iban a protagonizar sus historias.
Estrellas que no llegaron ni a los años 60
De todos los actores y actrices, grandes figuras que dominaron el firmamento de Hollywood hasta el final de los años cincuenta, hubo algunas que ni siquiera tuvieron la oportunidad de ver ese nuevo paisaje. El tiempo decidió por ellos:
- Humphrey Bogart: fue Rick Blaine en Casablanca (1942), y triunfó curiosamente en la comedia con Sabrina (1954), junto a Audrey Hepburn, en 1956 estrenó Más dura será la caída (La caída de un ídolo), ya muy enfermo y falleció en 1957.
- James Dean: el eterno Rebelde sin causa (1955), se hizo Gigante (1956), convirtiéndose en un mito de la pantalla, un accidente de tráfico se lo llevó en 1955.
- Clark Gable: inmortalizó a Rhett Butler en Lo que el viento se llevó (1939), pero durante los cincuenta seguía muy arriba en el escalafón con éxitos como Mogambo (1953). Sin embargo un infarto repentino se lo llevó en 1960, justo antes de estrenar su última película, Vidas rebeldes (Los inadaptados, 1961), junto a otra gran estrella de la que hablaremos inmediatamente.

Grandes actrices que llegaron a los 60… pero no al cambio
Porque hubo otras estrellas, pero sobre todo son notorios los casos de las actrices, que sí cruzaron la frontera de la década, pero murieron antes de que ese terremoto llamado New Hollywood, ni siquiera pudiera bostezar.
- Marilyn Monroe: era compañera de reparto de Gable en Vidas rebeldes (Los inadaptados, 1961), era sin duda la estrella que más brillaba entonces, pero a la vez, las conspiraciones y muchas incógnitas sin resolver del todo hicieron que se quitara la vida con barbitúricos – nunca encontraron el vaso de agua con el que supuestamente lo hizo- en 1962, sin terminar el rodaje de su última película Something’s Got to Give.
- Judy Garland, fue otra víctima de la industria que no pudo cruzar la línea, siempre recordada por su Dorothy en El mago de Oz (1939) ya en los sesenta tuvo pocas apariciones, una de las que tuvieron mayor eco por el éxito crítico fue ¿Vencedores o vencidos? (El juicio de Nuremberg) de 1961, pero también falleció por sobredosis como Marilyn aunque en 1969.
- Vivien Leigh: la otra gran protagonista de Lo que el viento se llevó (1939), después de haber triunfado durante décadas, aunque sin una extensa filmografía, hizo su última película en 1965, El barco de los locos (La nave del mal), y murió en 1967 de tuberculosis a los 53 años.
Todas ellas fueron iconos, y seguramente ni Marilyn hubiera podido resistir el nuevo vendaval. Hollywood, incluso el nuevo, en esa época era poco benévolo con las actrices maduras, muchas de las cuáles durante la siguiente década tuvieron que emigrar a la televisión para continuar con sus carreras.
En el caso de los hombres, con esta misma mala suerte, hemos incorporado solo a:
- Gary Cooper: Su última película fue Sombras de sospecha (1961), estrenada justo el año que murió, pero había sido el Sheriff más Solo ante el peligro (A la hora señalada, 1952) que el cine había dado. Todo un héroe clásico que habría chocado de frente con el clima de los 70… aunque ya hubiera llegado muy mayor, murió con sesenta años.
Actores y actrices que no sobrevivieron al cambio de la industria

Y ahora sí, después de haber peinado parte de la historia, llegamos a la parte más interesante. La razón de ser de este artículo. Eran también los reyes de la pantalla, las estrellas de grandes contratos que dominaban la industria. Se suponía que muchos de ellos seguirían siendo los grandes veteranos de la pantalla, pero no encajaron en ese Nuevo Hollywood por diferentes razones.
Por supuesto hubo algunos que sí lo hicieron, pero paciencia, de ellos hablaremos en otro artículo, pero tengamos claras las reglas de este: Hablamos de actores y actrices que ya habían triunfado masivamente en los años cincuenta, y de aquí hemos sacado a los que sí fueron bandera de ese nuevo cine, se mantuvieron a flote durante los setenta a pesar de él, o consiguieron volver cuando se pasó esa avalancha.
Y por supuesto, no hemos tenido en cuenta a las grandes estrellas que empezaron a surgir a partir de la segunda mitad de los sesenta como Robert Redford, Dustin Hoffman o Jack Nicholson y que por supuesto fueron emblemas del New Hollywood.
Ahora sí repasamos la lista de aquellos actores y actrices que no se adaptaron al cambio, y por los nombres, verás que hablamos de mitos que en algunos casos, simplemente eligieron desaparecer.
Cary Grant
Había sido el galán eterno de la comedia, actor predilecto de Hitchcock, sin duda uno de los grandes nombres de Hollywood sin el que, seguramente, muchas películas no hubieran funcionado igual. En su caso no es que no pudiera, fue decisión suya abandonar.
Grant tenía 62 años cuando decidió apartarse a un lado en 1966, principalmente por su paternidad, pero también porque ciertamente las películas nuevas que se estaban haciendo ya no encajaban con él, acostumbrado a ser protagonista, no había grandes papeles para actores de sesenta y menos de setenta años que fueran el galán o protagonista.
Su última película fue la comedia Apartamento para tres (Camina, no corras, 1966). Tras su retiro, se dedicó al mundo de los negocios, y tuvo una larga vida hasta su fallecimiento en 1986.
Audrey Hepburn

Probablemente fue la actriz que cogió el testigo de mito eterno después de Marilyn, aunque por causas y con final totalmente diferente. Los años sesenta fueron sin duda su gran década. Dejó para la posteridad Desayuno con diamantes (1961) y sus vestidos de Givenchy, la comedia de espionaje Charada (1963) fue todo un éxito, y trabajó en uno de los mejores thrillers de tensión de la década en Sola en la oscuridad (1967).
Pero Audrey, pura elegancia y representación del glamour, al igual que Cary, no se veía encajar en ese cine violento, y aunque los papeles como los que la hicieron triunfar desaparecieron durante los setenta, ella misma tomó otro camino buscando estar más tiempo con su familia.
Siguió trabajando pero en muy contadas ocasiones como en Robin y Marion (1976), y fue más felíz dedicada a los suyos y a su intensa labor humanitaria con Unicef. Falleció el 20 de enero de 1993, su última aparición en pantalla fue en la cinta de Spielberg Always (Para siempre, 1989).
Natalie Wood

Era otra gran estrella infantil como Judy Garland que durante los sesenta siguió triunfando con éxitos como West Side Story (1961), La carrera del siglo (1965) con Jack Lemmon y Tony Curtis, o Propiedad condenada (Una mujer sin horizonte, 1966) junto Robert Redford.
Sí trabajó durante los 70, aunque también estuvo de semi retiro para criar a su primera hija, trató de tener alguna oportunidad en las pantallas pero no consiguió volver a tener un éxito. Estrenó con Sean Connery la película de catástrofes Meteoro en 1979, pero fue un rotundo fracaso.
Donde sí triunfó fue en la televisión, ganó un Globo de Oro por su interpretación en la miniserie De aquí a la eternidad (1979), pero no volvió a tener personajes destacados, y tristemente no tuvo después más oportunidades porque falleció en un accidente todavía sin esclarecer en un barco en 1981 siendo aún muy joven, tenía 43 años.
Bette Davis

Fue una de las grandes divas de la pantalla en los años cuarenta y cincuenta y primera mujer en recibir el premio a la trayectoria del American Film Institute. Con sus llamativos grandes ojos dio vida Margo Channing en Eva al desnudo (La malvada, 1950) aquel triunfo de la 20th Century Fox que ya mencionamos al principio.
En los años sesenta estuvo a punto de ganar el Oscar por ¿Qué fue de Baby Jane? (1962), pero en los años setenta, salvo un magnífico papel secundario en Muerte en el Nilo (1978), pasó prácticamente inadvertida teniendo que refugiarse también en la pequeña pantalla donde ganó dos premios Emmy. Los personajes que había para una anciana de setenta años eran mínimos, sí, y mucho menos que pudieran pagar el caché de una superestrella consagrada.
Bette Davis todavía dio mucha guerra, pues murió el 6 de octubre de 1989, a los 81 años, por un cáncer de mama tras regresar del Festival de Cine de San Sebastián donde había sido homenajeada.
Tony Curtis

Tony Curtis era una de las caras más conocidas del star system, alcanzó la fama absoluta gracias a Con faldas y a lo loco (Una Eva y dos Adanes, 1959) de la mano de Billy Wilder, y participó en películas que sostenía por su atractivo físico como El gran Houdini (1953) o muchas de sus comedias románticas.
A pesar de sus esfuerzos por participar en películas de peso como la epopeya histórica Espartaco (1960) de Stanley Kubrick, no conseguía quitarse ese aura de estrella de cara bonita.
En los años 70, con su madurez, empezó a dejar sitio a otros rostros más jóvenes que no necesitaban de atractivo físico para ganarse a la audiencia como Robert De Niro, Pacino o Gene Hackman.
Su rango actoral no le permitió meterse en esos papeles más comprometidos que escribían los guiones para actores de cincuenta años como en Network, un mundo implacable (1976), o te parece que hubiera tenido sitio en Alguien voló sobre el nido del Cuco (1975), o quitarle el puesto a Robert Duvall en Apocalypse Now (1979).
Donde sí pudo conseguir un éxito fue en televisión con la serie británica Los persuasores (1971–1972), pero el bueno de Tony tuvo después problemas con la cocaína, y eso acabó por arruinar su carrera. Siguió trabajando en películas de serie B de forma contínua hasta casi su fallecimiento, en 2010.
Ava Gardner

Ava Gardner jugaba en otra liga, era un mito absoluto de la pantalla, una reina de la belleza que ya triunfó en el cine noir en los años cuarenta con Forajidos (Asesinos, 1946) y su fama explotó en 1954 con dos títulos, La condesa descalza y Mogambo, su única nominación al Oscar.
Durante los años sesenta, en los que estuvo viviendo en España, seguía siendo punta de lanza de grandes producciones como 55 días en Pekin (1963), pero no era una actriz que se prodigara con nuevos talentos en la dirección. Su prestigio le permitió todavía tener un par de proyectos de gran envergadura en los 70.
El juez y la horca (1972) de John Huston, y un rotundo éxito de taquilla, Terremoto (1974), que tuvo su justificación en el creciente interés por las catástrofes gracias a la pionera Aeropuerto (1970).
Aunque siguió trabajando después, nunca consiguió volver a rehacerse y en los años ochenta su adicción al tabaco y al alcohol la provocaron dos infartos cerebrales, sus últimos años recluida en su casa de Londres hasta que murió por causa de una neumonía en 1990.
Elizabeth Taylor

Ya era una de las grandes por películas como La gata sobre el tejado de Zinc (1958) de Richard Brooks, pero todavía tendría tiempo de ser la gran faraona de Hollywood en Cleopatra (1963), el papel más famoso de su vida y el que la convirtió en la primera actriz en cobrar un millón de dólares.
Pero llegados los setenta aparecía más en las noticias del corazón por su matrimonio con Richard Burton que en los carteles de estreno. Ya pasados los cincuenta, había muy pocos papeles para mujeres maduras, y empujada por su situación personal acabó con problemas de alcoholismo y adicción a los fármacos, otra víctima que no superó pasar a un segundo plano.
Después se rehizo y consiguió un éxito en Broadway en 1981 con la obra de teatro The Little Foxes, pero no tuvo tiempo de reconducir su carrera como actriz. La volvimos a ver como la madre de Vilma en Los picapiedra (1994), pero después se enfocó en sus negocios con los perfumes y como portavoz en la lucha contra el SIDA.
El cambio en el cine llegó en un momento de debilidad personal pero ella encontró el éxito fuera de él, tuvo una larga vida hasta que falleció en 2011 a los 79 años de edad.
James Stewart

Era el eterno chico bueno de honor irreprochable, célebre por papeles como la comedia Historias de Filadelfia (1940) con la que ganó el Oscar o el drama de Frank Capra más clásico de las Navidades, Qué bello es vivir (1946).
Stewart ha trabajado después en películas que llegan a nuestros días como obras maestras reivindicadas, Vértigo (1958) el thriller paranoico sobre la pérdida de Alfred Hitchcock, y el western crepuscular El hombre que mató a Liberty Valance (1962) de John Ford.
En los 70 aceptó que ya no era el protagonista de antaño, y lo demostró con su vuelta al género del Oeste El último pistolero (1976), rodeado de viejos mitos como John Wayne, y también había aparecido en la franquicia de las pioneras del desastre, Aeropuerto 77 (1977). Pero artísticamente era uno de los actores que renegaba del cine que se hacía en la década, con lo que se autoeliminó también.
Murió en 1997 a los 89 años, poco después de su esposa Gloria, como una de las grandes leyendas de Hollywood, pero el clásico.
Frank Sinatra

Frank Sinatra que era una de las figuras más influyentes del escenario por su inconfundible voz, pero también aprovechó su fama para aparecer algunas películas que se han convertido en clásicos y labrarse una exitosa carrera como actor, triunfó en musicales como Un día en Nueva York (1949) y de la mano de Fred Zinnemann ganó el Oscar a mejor secundario en De aquí a la eternidad (1953).
Gracias a El mensajero del miedo (El embajador del miedo, 1962) consolidó su prestigio al aparecer en películas adultas más allá de sus corredurías con el Rat Pack, el grupo de estrellas al que se le unió con ese sobrenombre, en la original película sobre el atraco de un casino Ocean’s Eleven (1960).
Sinatra odiaba la estética sucia y realista del nuevo cine, intentó boicotear El padrino (1972) porque el personaje de Johnny Fontane interpretado por Al Martino estaba basado en sus supuestos vínculos con la mafia, y en general le parecía un circo de violencia gratuita sin gusto.
Así que se dedicó a su música aunque tuvo un último éxito crítico con el cambio de década gracias a El primer pecado mortal (1980). La voz, continuó como icono cultural cantando, con problemas de memoria incluidos. Murió en 1998 a los 82 años.
Deborah Kerr

Deborah Kerr tuvo el fatal honor de conseguir 6 nominaciones al Óscar como Mejor Actriz sin ganar ninguna, con lo que ya nos hacemos una idea de su importancia en la absorbente Meca del cine. Participó de grandes éxitos de la 20th Century Fox como El rey y yo (1956) o Tú y yo (Algo para recordar, 1957).
Tras rodar El compromiso (1969) con el director clásico Elia Kazan, sintió que los papeles de calidad para mujeres de su edad estaban desapareciendo, y manifestó su rechazo a los papeles de la nueva década en los que se exigían desnudos como tuvo que hacer Jane Fonda en Klute (1971) o Angie Dickinson en Una mamá sin freno (1974), o violencia física o rodajes exigentes como el que soportó Ellen Burstyn en El exorcista (1973).
Por eso durante los 70, se dedicó casi exclusivamente a los escenarios en Londres y Broadway, vivió una vida tranquila entre Marbella (España) y Suiza, y solo la volvimos a ver en El jardín de Assam (1985), una cinta totalmente olvidada. En 1994, la Academia de Hollywood le otorgó un Óscar Honorífico, pero siguió al margen de la industria hasta 2007, año en el que falleció después de complicaciones con el Parkinson a los 86 años.
Grace Kelly

Grace Kelly es uno de los casos más conocidos de actrices que se apearon del tren de la fama. Descubierta en Solo ante el peligro (A la hora señalada, 1952) junto a Gary Cooper, y ganadora del Oscar por La angustia de vivir (1954) triunfó con Hitchcock convirtiéndose en una de sus chicas rubias fetiche gracias al thriller La ventana indiscreta (1954) donde era la novia que ayuda a James Stewart a investigar un crimen, y la teatral Crimen perfecto (1954), o más glamourosa Atrapa a un ladrón (1955).
Pero no tuvo tiempo de pelear esa batalla con el Nuevo Hollywood, porque como casi todo el mundo sabe se retiró del cine al casarse con Rainiero y convertirse así en la Princesa de Mónaco. Su última película fue Alta sociedad (High Society, 1956), donde llevaba puesto su anillo de compromiso real.
Curiosamente la actriz denunció no haber echado nada de menos dejar Hollywood, un lugar donde proliferaba el alcoholismo, los problemas mentales y las infidelidades. Aunque se sintió tentada de volver para Marnie la ladrona (1962). Su caso es de los pocos en los que su situación durante los setenta, la impedía volver a las pantallas. Murió trágicamente en un accidente de tráfico en 1982, cuando tenía 52 años y viajaba con su hija Estefanía, quien sobrevivió al golpe.
Gene Kelly

El rey de los musicales como Cantando bajo la lluvia (1952), ya no tuvo mucho sitio en las producciones de los años sesenta, salvo algunas excepciones como Ella y sus maridos (1964), donde todavía tenía opción de bailar junto a Shirley MacLaine.
Por eso cuando llegaron los setenta con el musical clásico muerto comercialmente, aceptó el cambio. Apareció como narrador en el documental Érase una vez en Hollywood (1974), nada que ver con la película de Tarantino, y aprovechó un repunte de su género preferido tras Grease (1978) gracias en parte a Olivia Newton-John para participar con ella en Xanadú (1980).
Pero ni tuvo nada que ver con el cine que se hizo después, ni volvió a brillar como antes, aunque vivió hasta 1996, cuando murió a los 86 años de un Ictus mientras dormía.
Janet Leigh

Y llegamos a la última de las actrices, que hemos considerado para esta lista. Janet Leigh, que era una de las caras más conocidas de la década de los cincuenta, gracias en parte a su matrimonio con Tony Curtis, con el que trabajó en Houdini (1953) y Los Vikingos (1958).
Pero sobre todo fue su papel de Marion Crane en Psicosis (1960) lo que la inmortalizó, porque no hay nadie que no haya oído hablar de aquella ducha que la causó un trauma real a la actriz. Durante los sesenta siguió trabajando, El mensajero del miedo (El embajador del miedo, 1962), Harper, investigador privado (1966). Pero como al resto el nuevo cine la despachó.
Sí que trabajó en televisión y teatro, y su mito de scream queen la permitió rodar con su hija Jamie Lee Curtis en 1980, en la película de John Carpenter La niebla (1980), pero fueron apariciones puntuales.
Janet participó durante algunos años en series de televisión, pero acabó haciendo papeles con poca profundidad sin posibilidad de redimirse. Aun así falleció en 2004 a los 77 años de edad, después de una vida feliz, dedicándose a escribir y orgullosa del legado que había dejado a sus hijas Jamie y Kelly.
Y así se cerró una época dorada
Es curioso como el cambio es algo que nos afecta a todos, a los seres humanos terrenales y a las grandes estrellas, y eso se ve claramente en cómo se tomó cada una ese movimiento de la industria. El New Hollywood fue para muchos la mejor época del cine americano, con los autores/directores controlando las grandes producciones, pero para otros fue un sarcófago que les llamaba con voz de ultratumba.
Como hemos visto, hubo quien lo demonizó, muchas actrices no pasaron el corte de la edad para los nuevo personajes, otros trataron de sumarse pero no consiguieron el mismo éxito. Pero hubo otros que sí lo hicieron, no solo los jóvenes talentos como Jane Fonda, Shirley MacLaine o su hermano Warren Beatty salieron victoriosos de esa revolución y siguieron haciendo cine por mucho tiempo. También otros coetáneos de todos estos nombrados en nuestra lista aguantaron el tipo, y tuvieron largas carreras exitosas más allá incluso de los años ochenta. Aunque de ellos hablaremos, próximamente.


Deja una respuesta